Por Pablo Retamal N.
Enrique Ramírez y su mayor muestra en Chile: “En nuestra historia, el paisaje nunca ha estado separado de la memoria”
El destacado artista chileno inaugura Te creo paisaje en el Museo Nacional de Bellas Artes, una contundente revisión de dos décadas de trabajo marcada por el océano, la política y la inestabilidad. En paralelo, exhibe un archivo inédito en Il Posto.

El ancho mar es un elemento importante para el artista multimedial chileno Enrique Ramírez (Santiago, 1979), por lo que siempre ha estado presente en su trayectoria. “El mar es el espacio donde coinciden muchas cosas que me interesan. Crecí en un taller de construcción de velas, así que el mar entró primero por la materia: la tela de vela, el viento, el oficio, la gráfica. Después lo entendí también como frontera, como una ruta de desplazamiento y como un lugar donde las personas desaparecen sin dejar huella visible”, señala a Culto.
Por ello, es que se encuentra muy presente en los videos, fotografías e instalaciones que componen la exposición Te creo paisaje, inaugurada recientemente en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Curada por el teórico Jacopo Crivelli Visconti (Italia, 1973), se trata de la mayor exposición realizada hasta ahora en Chile por parte del artista.

Ramírez tiene una destacada trayectoria. Estudió cine en Chile y posteriormente realizó estudios de arte en Le Fresnoy – Studio national des arts contemporains, en Francia. Ha participado en la 57ª Bienal de Venecia, en 2017, en la Bienal de La Habana el 2019 y fue nominado al Premio Marcel Duchamp en 2020. En junio de 2026 recibió la Medalla del Senado francés, en reconocimiento a su trayectoria.
“Expresivamente, el mar me permite hablar de ausencia sin mostrarla: lo que no se ve pesa más que lo que se ve. Es también espacio de retorno, porque lo que se llevó el mar a veces vuelve. Y, por último, tiene algo que me interesa mucho: la inestabilidad, que se representa de diferentes formas en mi trabajo. Las líneas chuecas, los horizontes ladeados, la vida misma: ninguna línea es recta, eso es una ilusión”, señala Ramírez.

El curador Jacopo Crivelli nos indica que hubo tres hilos conductores en la concepción de la muestra: “El poético, el político y el ambiental, pero en casi ninguna obra uno de esos hilos está solo, porque las cosas están siempre entrelazadas, tanto en su obra como en el mundo”.
“Conozco a Enrique y su trabajo hace por lo menos quince años, y diría que la exposición se fue construyendo a lo largo de ese tiempo, acompañando su carrera y viendo sus obras. Probablemente lo primero que me atrajo fue la manera como mira, y nos hace mirar, hacia el mar. En la práctica de Enrique siempre hay algo que pasa desapercibido, porque sus obras son, en general, mucho más complejas de lo que parecen. Él mismo dice que lo que le interesa son obras que preguntan, no obras que dan respuestas”.

En la exposición podemos ver que el mar, y también otros paisajes como la cordillera, están relacionados con la memoria, violencia y conflictos. No es un paisaje neutro. “Para mí es una relación normal -explica Ramírez-. En Chile el paisaje nunca ha estado separado de la historia: la cordillera, el mar, el desierto, el sur han sido siempre escenarios de apropiación, de explotación y de conflicto. No llegué a esa idea desde una teoría; la heredé de crecer allí”.
¿Cómo dialoga esta idea con la tradición del paisaje en la pintura chilena? “El diálogo es de distancia. Los viajeros-pintores del siglo XIX, tendían a mostrar el territorio como algo contemplable o por conquistar; yo parto de que ese territorio ya está habitado, usado, herido. Mi paisaje no es un telón de fondo, es un testigo que esta amarrado a la historia”, explica el artista.

-El título de la exposición admite varias lecturas: una declaración de confianza, una forma de reconocimiento o una interpelación. ¿Cómo surgió Te creo paisaje y qué significa para ti?
-Surge de un juego de palabras: te creo porque veo lo que te sucede, veo cómo sufres, y te creo porque creo un mundo alrededor. Pienso que la vida es la ambigüedad entre lo que vemos y lo que creamos. Paisaje es una exposición sobre cómo se mide, se explota y se mira el territorio chileno, desde la costa hasta el agua. Quise poner el paisaje en tensión con los trabajos que he hecho.
-Vives y trabajas entre París y Santiago desde hace años. ¿Qué cosas de Chile has podido ver con mayor claridad desde la distancia y cuáles se han vuelto más difíciles de comprender?
-Es una buena pregunta. Atravesar la cordillera es cada vez más doloroso. Vuelvo siempre a Chile, pero es verdad que cuando te vuelves invisible, comienzan a verte realmente. Eso no lo sabía: no me fui por esa razón, me fui por curiosidad. Desde la distancia, Chile es un país en el que se representan muchas problemáticas del mundo: ecología, economía, inmigración, neoliberalismo, pobreza, riqueza. Todo eso está mezclado con el paisaje, es asi por lo menos como yo veo Chile.

La exposición también incluye la pieza de video llamada Brisas (2008) en la que un hombre recorre La Moneda de sur a norte (al revés de lo que por entonces se permitía) en un plano secuencia que invita al espectador a atravesar un espacio cargado de memoria política para la historia reciente.
“Recorrer La Moneda de sur a norte en un solo plano era una forma de atravesar el edificio con el cuerpo, no de mirarlo desde afuera. Quería que el espectador no tuviera la posibilidad de cortar ni de escaparse: que avanzara a la velocidad del plano, con la memoria del lugar pesándole. El personaje parte mojado, no sabemos por qué; lo entendemos al final, y la película vuelve a comenzar, y la historia se repite. Para mí es un simple gesto para decir que la memoria va atada al presente, camino al futuro”.

-Esta es tu primera exposición individual en el MNBA y reúne obras de casi dos décadas de trayectoria. ¿Qué significa volver a presentar tu trabajo en Chile a esta escala y cómo ha cambiado tu manera de abordar los temas que te acompañan desde el comienzo?
-Primero que nada, es una gran responsabilidad. Uno no hace obras para sí mismo, sino para mostrarlas, para plantear preguntas, para invitar al espectador a descubrir algo: yo creo ventanas e invito al espectador a mirar a través. Segundo, es un privilegio mostrar mi trabajo en el museo nacional. Pero mi manera de ver las cosas no ha cambiado mucho. No tengo una metodología muy precisa de trabajo; la invento cuando comienzo un nuevo proyecto. Me cuesta mucho repetir lo mismo una y otra vez; si así fuera, quizás no sería artista.
-En un escenario global marcado por crisis migratorias y el avance de las derechas radicales en buena parte del planeta, ¿qué vigencia y qué resonancia adquieren los mensajes y las tensiones políticas presentes en tu obra frente al mundo actual?
-Lo primero que tendría que decirte es que, en el mundo en que estamos viviendo, muchas veces me pregunto para qué sirve lo que hago, y la respuesta llega sola: el arte es lo único que nos queda en esta sociedad que puede ser libre, que puede plantear ideas sin censura. Eso, los artistas, debemos cuidarlo. El museo es un lugar para encontrarse, para pasar el tiempo, para mirar cómo era el mundo o cómo podría ser, como lo imaginan algunos. Son ventanas, como te decía antes, y esas ventanas, además de traer preguntas, traen contexto, traen críticas, traen aire, traen libertad. No sé si mi trabajo es más vigente que el de otros artistas, pero intenta responder al contexto en el que vivimos, político, económico, social, climático; siempre ha sido así. Estamos en un mundo que va hacia un túnel oscuro, y yo quisiera que el arte nos pudiera dar algo de luz.
-Desde la cordillera, el mar y los hielos del sur hasta La Moneda, la naturaleza y los territorios chilenos recorren tu trabajo como vehículos de memoria, migración y derechos humanos. ¿Cómo se articula ese vínculo profundo con el paisaje y la geografía de Chile a lo largo de tu trayectoria?
-Chile es conocido fuera del país por su paisaje y por la dictadura; son sus dos grandes temas. Pienso que, como chilenos, tenemos una relación muy profunda con la geografía, a nivel poético y político: por la historia de exterminio de nuestros pueblos autóctonos, por la dictadura militar y la Operación Cóndor, y hoy por la explotación al máximo de nuestros recursos naturales para generar dinero. Pienso, por ejemplo, en la crianza de salmón en la Patagonia.

Un amigo chileno
Pero en estos días no solo encontramos a Enrique Ramírez en el MNBA. En la Sala de Archivos del centro de documentación de arte Il Posto se presenta la exposición Mi amigo chileno que reúne parte del archivo audiovisual del artista. Curada por Antonio Echeverría y montada por Sergio Parraguez, podremos ver voces de quienes acogieron a los exiliados chilenos en Francia y de jueces que investigaron los crímenes de lesa humanidad ocultados en el mar.
Esta muestra se realiza en colaboración con el MNBA justamente con motivo de la exposición Te creo paisaje, como una especie de complemento. Al decir del mismo artista, se trata de obras inacabadas. “El proyecto de Il Posto es muy lindo, porque son obras que no fueron terminadas: estaban destinadas a ser un proyecto junto al Instituto Francés para conmemoración de los 50 años del golpe militar en Chile, y la exposición no se realizó”, cuenta Ramírez.

“Llevo mucho tiempo haciendo entrevistas, que normalmente no muestro y que uso solo para mi investigación. En este caso me pareció importante mostrarlas junto a las obras, que son más bien ejercicios de memoria”.
-El océano cruza ambas historias: la del exilio y la de los cuerpos desaparecidos en el mar. ¿Cómo se relacionan, para ti, la experiencia del destierro y la violencia que se oculta bajo el agua?
-Se relacionan porque todo está oculto, y yo intento meter la cabeza en el agua y mirar al fondo.
La exposición Te creo paisaje del MNBA se podrá visitar hasta el 28 de febrero de 2027. En tanto, Mi amigo chileno, en Il Posto se podrá visitar hasta marzo del 2027 en su sala de archivos (José Miguel de la Barra 480, of.201 – Santiago, Chile).
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