Por Nelly Yáñez
Las fisuras del estilo Kast
Dos hechos pusieron en la mira política la forma en que el presidente maneja las tensiones al interior del gobierno y su gabinete: la descoordinación entre los ministros Alvarado y Quiroz, y los cambios a la Constitución en la agenda de seguridad. Su estilo menos controlador, que les da "juego" a los ministros, inquieta a un oficialismo que tiene en la retina el sello impuesto por Sebastián Piñera.

“Eso es culpa mía”.
El martes 11 de agosto quedó expuesta una compleja descoordinación al interior de la administración Kast. Ese día, el jefe del gabinete, Claudio Alvarado, admitió públicamente que no tenía conocimiento del requerimiento que el Presidente José Antonio Kast y Hacienda habían presentado ante el Tribunal Constitucional en contra de la norma que obliga a reconectar gratuitamente los servicios básicos en las zonas de catástrofe. “Esa -sentenció ante los medios de comunicación- es una información que yo no tenía”.
Pero no se trataba solo de una descoordinación.
Alvarado tenía diferencias de fondo frente a este tema. Los argumentos los había expuesto días atrás en un comité político con Kast presente: hacer una presentación ante el TC sobre esa norma -que había sido incluida en la megarreforma por parte de diputados opositores- era altamente impopular y el gobierno no tenía por qué estar defendiendo a las empresas. Un punto que reforzó diciendo que la medida estaba acotada a situaciones de emergencia, en las que se debe ayudar humanitariamente a los afectados, sin preguntar si tienen deudas o no.
El tema quedó pendiente. Hasta el sábado 8 de agosto, en que el requerimiento fue presentado sin que él fuera informado.
El impasse entre Alvarado y el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, quedó expuesto. Y, para muchos en el oficialismo, evidenció el choque de los dos ministros fuertes -dueños de dos estilos completamente diferentes- del gobierno.

La escalada llevó al propio Presidente Kast a asumir el costo político. “Eso es culpa mía, es responsabilidad mía”, dijo el lunes 17 en radio Duna, mientras ambos secretarios de Estado se reunían brevemente, a las 9.17 de ese mismo lunes. El objetivo era enviar un mensaje público en orden a que -otra vez- los dos ministros más poderosos del gabinete habían limado las asperezas.
El episodio puso en la mira política el estilo de gobernanza de Kast. Uno que entrega un amplio movimiento a sus ministros, pero que, por lo mismo, atiza las posibilidades de descoordinaciones. Y donde él mismo parece intervenir poco.
Desde la oposición y en parte del oficialismo se empezó a levantar la inquietud sobre quién gobierna en La Moneda, en referencia al poder del ministro Quiroz y del Segundo Piso. A ello se sumó la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), cuya reforma constitucional plantea ocho cambios a esa norma, la que es resistida por parlamentarios de esas filas y que crispó a figuras relevantes del gabinete.
El sello
En el entorno del presidente usan un concepto para describir cómo piensa su gobierno: el sentido de misión. Algo que viene de su carácter de católico practicante y del ideario republicano que lo llevó al triunfo en la última presidencial. Por eso -comentan en Palacio-, muchas veces hace caso omiso al ruido que puedan ocasionar algunas discusiones si este no afecta el rumbo de su administración.

El propio mandatario fijó posturas a principios de este mes en este sentido, explicitando la vara con la que mide la disciplina oficialista, en la que da margen para agendas propias mientras haya alineación de votos en el Congreso para las iniciativas de gobierno.
“Nosotros tenemos una meta muy clara, que es sacar a Chile adelante, una reconstrucción material, económica y social. En el camino pueden darse diferencias de opinión, pero el que organiza un gabinete, un Segundo Piso, es el presidente”, dijo en T13. Y añadió que no le tiene miedo al debate ni a las diferencias de opinión, y que “la mejor señal de orden es el resultado legislativo”.
En una parte del oficialismo persiste la impresión de que -independiente del poder alcanzado por Alvarado, con quien Kast se reúne y conversa por celular y WhatsApp por lo menos 10 veces al día- los principales orejeros siguen siendo el jefe de los asesores del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, y el director de Comunicaciones y Contenidos, Cristián Valenzuela. Y que, por estos días, hay dos polos de poder: el de Alvarado con el ministro de la Segpres, José García Ruminot, y el encabezado por Quiroz e Irarrázaval.
“Estamos observando un patrón: varios centros de decisión que funcionan con lógicas propias y que no siempre convergen antes de actuar. Es una suerte de ‘gobierno en silos’. De fondo, lo que hay es un problema de arquitectura decisional”, sostiene el analista político Marco Moreno.
“Así como Giorgio Jackson -en el gobierno de Gabriel Boric- tuvo la mala idea de hablar de los círculos concéntricos, aquí está operando algo de eso, que dificulta el accionar del gobierno”, añade.
Otros observan un modelo similar al instaurado por la expresidenta Michelle Bachelet, quien se apoyaba en un grupo de máxima confianza instalado en el Segundo Piso, al que despectivamente sus detractores llamaban el “gabinete en las sombras”, y por el que pasaron en sus dos gobiernos Rodrigo Peñailillo, Pedro Güell, Ana Lya Uriarte, María Angélica Álvarez y el exdirector de la Secom Juan Carvajal.
“El Kast presidente que estamos viendo hoy responde mucho a la lógica del Kast candidato, con un equipo que venía trabajando en forma muy afiatada desde la campaña y con el regreso de los planes, como El Cancerbero, que se aplicó en Talca”, dice un parlamentario de Chile Vamos.
En lo que sí hay coincidencia es que el gobierno de Kast está en las antípodas de los estilos de liderazgos ejercidos por Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, quienes tenían un Segundo Piso poderoso -con Ernesto Ottone y Eugenio Lahera, el primero, y María Luisa Brahm y Cristián Larroulet, el segundo-. Pero que depositaban el control político total en el ministro del Interior, entre ellos, José Miguel Insulza y Andrés Chadwick.
“Quien crea que aquí no manda el presidente se equivoca; simplemente no lo conocen. Él tiene absolutamente claro lo que tiene que hacer para que el país salga adelante y en eso no se pierde”, sostiene el diputado republicano Agustín Romero.

En estos pocos más de cinco meses de gobierno, Kast ha marcado un estilo propio que en la derecha muchos se tientan a comparar con el de Piñera. Aunque son radicalmente distintos.
El análisis en los pasillos del Congreso es que es muy evidente que Kast deja jugar y que confía más en sus ministros y en la autogestión para lograr sus objetivos, cosa que -hasta ahora- le ha dado resultados exitosos, como la aprobación de la megarreforma. Pero -como contrapartida- advierten que el esquema tiene porosidades; que interviene muy al final, cuando el problema está desatado.
Un impacto a nivel de imagen pública que -afirman en su entorno- no le preocupa en demasía, pero que sí inquieta al gabinete cuando el ruido comunicacional opaca la agenda y, lo que es peor, da la sensación de crisis.
Dialoga mucho y no les toma exámenes a los ministros como lo hacía Piñera. Un exfuncionario del segundo gobierno del exmandatario cuenta que los secretarios de Estado llegaban a las reuniones con “colon irritable” porque siempre sabía más que ellos y que le tenían pavor al block en el que llevaba el registro de metas.
Kast no usa block, pero sí tiene un cuaderno -van varios ya desde que partió el gobierno- en el que anota todas las solicitudes que le hacen los ministros, parlamentarios, alcaldes y gobernadores.
“El presidente tiene la mejor disposición. Lo que pasa es que nosotros sabemos que las decisiones no las toma 100% él. Por eso sería bueno que en esas reuniones de trabajo, él esté junto a todas aquellas personas que terminan también influyendo y tomando decisiones”, sostiene la diputada Ximena Ossandón (RN), en relación a las reuniones de trabajo que ha habido con la bancada de su partido.

Mantiene bilaterales públicas y privadas permanentes, no solo en La Moneda. También en los trayectos a distintas actividades en los que llama a los ministros para que lo acompañen y aprovecha ese espacio para revisar temas de su cartera, y con diputados y senadores -de gobierno y de oposición-, con quienes conversa en las giras a regiones.
Hasta ahora ha tenido dos reuniones públicas de coordinación con los presidentes de partidos -el 3 y el 23 de julio-, luego de problemas que ha habido de coordinación entre ellos y con el gobierno. Más dos con los parlamentarios republicanos, dos con Renovación Nacional, cuatro con la UDI, una con Evópoli y otra con el Partido Nacional Libertario.
En ellas, el presidente suele mostrarse cordial y empático. Pero la queja de algunos participantes es que aunque ayudan a una mejora de las relaciones, no se resuelven los temas más complejos. “Son más bien de manual, protocolares”, resume uno de los asistentes.
“Puede ser que el resultado no les guste, pero el presidente escucha, incorpora los planteamientos y busca soluciones”, dice una fuente de Palacio, que no coincide con las críticas.
Kast no llena de minutas por WhatsApp a los parlamentarios, como lo hacía su antecesor en la derecha. Eso se lo deja a García Ruminot, pero sí los mantiene al tanto de en qué está el gobierno.
“El Presidente Kast es un líder que confía en sus equipos y los deja trabajar, a la espera de los resultados. Y en lo que va del gobierno, es un hecho que las cosas van avanzando”, sostiene el diputado Diego Schalper (RN).
Tampoco se altera -sostienen en su círculo-, aunque algo no le guste. Es pragmático -si tiene que remover piezas en su gobierno, lo hace-; solo comenta lo que realmente piensa a su grupo de confianza y cuida en extremo cada palabra. Tanto, que en los cambios de gabinete ha felicitado a tal punto a las ministras salientes -Mara Sedini, Trinidad Steinert y Natalia Duco-, que en el mismo sector algunos han comentado sarcásticamente: “Si eran tan buenas, para qué las sacó”. Y otros que -independientemente de las formas-, lo concreto es que no le tembló la mano para apartarlas de sus cargos.
Sus colaboradores lo describen como exigente en cuanto a las metas. Entre las 7 y 7.30 está en su despacho -cuando no está de gira-; llama a los ministros o a los equipos de estos si los necesita y despeja dudas por celular o WhatsApp.
Se retira a su residencia -en el ala nororiente de Palacio- entre las 20.30 y 21 horas. Y se va los viernes en la noche o los sábados en la mañana a su casa en Buin.
“Chuta, me va a llegar”
A diferencia del diseño político clásico donde son los ministros quienes protegen la autoridad presidencial, Kast ha tenido que salir a blindar públicamente a sus secretarios de Estado ante las críticas de la oposición y de su propio sector.
Reacio es para intervenir en los conflictos.
A quien más ha llamado al orden ha sido al ministro de Vivienda, Iván Poduje, uno de los mejor evaluados al interior del gabinete, pero también uno de los más polémicos.
La última vez fue este lunes 17. A las 19 horas, el secretario de Estado llegó en reserva a La Moneda y subió al despacho presidencial. Durante la tarde había estado en reuniones en sus oficinas de Alameda con Serrano cuando recibió el llamado desde la sede de gobierno. Su primera intuición -tal como se lo comentó a su equipo- fue que su exigencia en orden a aumentar el presupuesto de su cartera en un 23,9%, como lo señaló a El Mercurio- no había caído bien en Palacio.
No se equivocó.
“No es bueno abrir una discusión presupuestaria por un medio, menos con guarismos”, fue la advertencia que le hizo el presidente.

Era la segunda vez que Poduje estaba en esa situación. La otra fue la tarde del 5 de mayo, tras un enfrentamiento con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, por el recorte ministerial del 3%. “Yo tengo un solo jefe, se llama José Antonio Kast (...). El ministro Quiroz es uno más entre muchos de los que hay”, sostuvo en esa oportunidad respecto de su par de Hacienda, con el que nunca ha tenido sintonía.
Incluso, en el oficialismo se comenta que ni siquiera la mediación del mandatario logró recomponer esa relación; que se evitan y que solo se saludan protocolarmente cuando no les queda alternativa.
Antes, en mayo, el presidente le había llamado la atención a la exministra Trinidad Steinert por un posteo en la red X -desde el Ministerio de Seguridad- que señalaba: “Mientras el gobierno pasado salía a balazos de Temucuicui, la ministra Steinert salió con cinco detenidos”. El mensaje -que apuntaba al éxito de un operativo policial que finalizó con cinco detenidos en La Araucanía- terminó siendo eliminado.
Pero a Kast no le gusta intervenir cuando los ministros se salen del guion. Incluso se comenta que cuando la ministra May Chomali cuestionó un borrador de la reforma constitucional que buscaba inhabilitar a condenados por crimen organizado, narcotráfico y terrorismo para recibir prestaciones estatales (incluyendo salud) hasta 15 años después de su pena, nadie la llamó. Y que ella se comunicó con el ministro Martín Arrau y con el Presidente, para hacer ajustes que garantizaran el derecho general a la salud de las personas privadas de libertad, las que podrían perder solo “algunos beneficios”.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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