Por Bárbara Pezoa
Chile, país poco preparado para envejecer: las percepciones que revela una encuesta sobre personas mayores
El 84% considera insuficiente la preparación de Chile frente al envejecimiento y la mitad anticipa menos apoyo familiar para las próximas generaciones. Sus autores explican las tensiones entre autonomía, participación y cuidados, y analizan cómo los prejuicios y la incertidumbre económica influyen en la forma de imaginar esta etapa.

Este jueves, en el salón Domeyko de la Universidad de Chile, se presentaron los principales resultados de la octava Encuesta Nacional sobre Inclusión y Exclusión Social de las Personas Mayores en Chile, a cargo de los investigadores Daniela Thumala y Marcelo Arnold-Cathalifaud. En la misma ceremonia, el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) y la casa de estudios, en presencia de la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf, firmaron un memorándum de entendimiento para trabajar juntos en el diagnóstico que servirá de base a la Política Nacional de Envejecimiento.
El acto siguió a la publicación de la Ley 21.822, Integral de las Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable. Esta ley regirá desde el 1 de junio de 2027 y da un máximo de seis meses desde esa fecha para dictar la política. Y esta encuesta aportará evidencia para ese proceso.
En la bienvenida, la rectora de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala, destacó que el 84% de los encuestados considera que el país está poco o nada preparado para envejecer y que casi un 70% cree que se desaprovechan los aportes de las personas mayores. Advirtió sobre los riesgos de asociar vejez y dependencia: “Cuando asociamos automáticamente la vejez con la dependencia, podemos terminar por restringir la autonomía que es lo que principalmente buscamos proteger”.
La ministra María Jesús Wulf puso el foco en el miedo, emoción predominante al pensar en la propia vejez para el 35,3% de los consultados, y llamó a transformar esta percepción cultural en nuevas respuestas: “Cumplir años no puede significar perder un lugar en la sociedad, no puede significar miedo”. Aseguró que el gobierno, su cartera y Senama asumen el compromiso de convertir el conocimiento que entrega la encuesta en mejores respuestas para las personas mayores. Agregó que la meta principal es que puedan envejecer con apoyo y autonomía.
La directora nacional de Senama, Muriel Abad, destacó que la nueva normativa implica un cambio de mirada, al reconocer a las personas mayores como titulares de derechos. “Hay que pasar de mirar a las personas mayores como objeto de protección a comprenderlas como sujetos de derecho”, afirmó. Recordó que la población de 60 años y más, pasó de cerca del 10% en 1992 a casi el 20% según el Censo 2024 y señaló que en 2050 sería cercana al 37%.
Tras las intervenciones, Thumala presentó un análisis de los resultados del estudio, que recoge cómo perciben los chilenos la inclusión y la exclusión de las personas mayores. La ceremonia concluyó con la firma del acuerdo.
Autonomía y exclusión
Entre los datos más relevantes que la encuesta revela está el contraste generacional: los jóvenes perciben más dependencia y las personas mayores, más marginación. El 71,7% de los encuestados de 18 a 25 años cree que las personas mayores, en su mayoría, no pueden valerse por sí mismas. Entre los participantes de 60 años o más, el 56,9% considera que sí pueden hacerlo. Pero el 53% de este grupo las percibe como muy marginadas, frente al 21% de los más jóvenes.
“La imagen de una vejez dependiente la construyen, en buena medida, quienes todavía no son viejos”, plantea Arnold, sociólogo y profesor titular de la Universidad de Chile.
Arnold precisa el alcance de los datos que entrega este informe, que también contó con la colaboración del Senama y el Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo (GERO). “La encuesta no se propone observar directamente la situación de las personas mayores en Chile, sino que registrar cómo la población chilena percibe su inclusión social”. Las cifras no miden dependencia funcional, explica el experto.
Otra de las cifras que llama la atención es la percepción de insuficiente preparación que tienen los chilenos respecto al tema, que pasó del 59,5% en 2008 al 84% en 2025, el mayor registro de la serie. Arnold vincula ese juicio con la mirada sobre el envejecimiento y las expectativas ciudadanas. La directora nacional del Senama por su parte, interpreta el resultado como una brecha entre el ritmo del cambio demográfico y la capacidad de adaptación del país. Aunque reconoce avances en protección social, salud y cuidados, señala que persisten dificultades en el acceso oportuno a servicios, las redes de apoyo y la coordinación institucional.
La futura “Política Nacional de Envejecimiento”, plantea Abad, deberá articular salud, trabajo, vivienda, educación e inclusión digital. “El cambio fundamental es entender que el envejecimiento comienza mucho antes de los 60 años y que las condiciones de la vejez se construyen durante todo el curso de vida”, sostiene.

En esa evaluación, el 82% percibe poco o ningún apoyo frente a pérdidas de funcionalidad o enfermedades crónicas importantes; el 84,4% considera a las personas mayores muy o algo marginadas y el 68,5% cree que sus aportes se aprovechan poco o nada.
Arnold sitúa esas barreras en situaciones cotidianas, como por ejemplo, decidir por una persona sin consultarle o hablar a su acompañante durante una atención médica. También identifica dificultades para reconocer aportes fuera del empleo remunerado, como cuidar nietos o participar en organizaciones comunitarias. A su juicio, la sobreprotección puede restringir la autonomía al situar a las personas mayores en papeles pasivos.
Thumala, psicóloga de la Universidad de Chile, vincula la participación con el bienestar y el propósito personal. “No se trata solo de ofrecer actividades para ocupar el tiempo, sino de generar oportunidades reales de participación y contribución”, afirma.
El miedo antes de llegar a la vejez
El miedo alcanza al 42,5% entre los encuestados de 26 a 39 años, mientras entre quienes ya tienen 60 años o más baja al 21,7%. En este último grupo predomina la tranquilidad, con un 42,7%.
Thumala plantea que las imágenes negativas pueden cuestionarse al envejecer y descubrir una experiencia más diversa que la anticipada. A medida que pasa el tiempo, las personas pueden reconocer recursos para enfrentar las dificultades, desarrollando estrategias de afrontamiento.
Desde su experiencia clínica, identifica entre los temores frecuentes la dependencia, convertirse en una carga para la familia, las enfermedades y la soledad. Advierte, sin embargo, que asociar la vejez solo con esas situaciones deja fuera posibilidades como alcanzar una mayor tranquilidad en la vejez y aprender a dar más espacio a los vínculos afectivos y a las actividades que cada persona considera significativas.

El 72,3% cree que las personas, en su mayoría, disminuyen su satisfacción con la vida a medida que envejecen. Thumala contrasta esa percepción con investigaciones que, según señala, describen la mantención de buenos niveles de bienestar incluso frente a pérdidas y dificultades, un fenómeno conocido como la “paradoja del envejecimiento”.
Adaptarse, explica, puede involucrar modificar una situación difícil o ajustar metas cuando las circunstancias no pueden cambiarse. “No se trata de negar las dificultades, sino de que estas no determinen por completo nuestra satisfacción con la vida”, sostiene.
Las condiciones económicas también se relacionan con esa mirada. Entre quienes dicen que sus ingresos familiares alcanzan bien o justo, el 38,3% menciona tranquilidad frente a la propia vejez; entre quienes enfrentan dificultades, la proporción baja al 23,3%. El estudio no establece causalidad. Para Thumala, la incertidumbre sobre la capacidad de cubrir necesidades y gastos imprevistos constituye una fuente de estrés.
La familia y los apoyos futuros
El estudio demuestra que el 56,7% de los encuestados atribuye a las familias la responsabilidad principal por el bienestar de las personas mayores. Sin embargo, en otra pregunta, el 50,8% anticipa que las próximas generaciones contarán cada vez con menos apoyo familiar. Arnold relaciona esta tensión con el tamaño y la composición de los hogares y la disponibilidad de parientes para cuidar.
Thumala propone sistemas de cuidado que incorporen a la comunidad y redes municipales de voluntariado que complementen los servicios profesionales. Esos espacios permitirían encuentros entre generaciones y apoyo mutuo.
La preparación personal se concentra en otros ámbitos: el 44,4% declara realizar actividad física para enfrentar su envejecimiento, frente al 24,8% que menciona ahorro voluntario y al 20,4% que señala desarrollar amistades.
Aunque solemos pensar en la salud física o el ahorro cuando hablamos de prepararnos para la vejez, Thumala recuerda que “cultivar estas relaciones también forma parte de nuestra preparación para envejecer”. Según explica, podemos construir amistades en cualquier etapa de la vida, incluso después de perder a la pareja o a personas cercanas, siempre que existan oportunidades para encontrarse con otros, compartir intereses y desarrollar vínculos significativos.
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