Por Juan Carlos García
Si no estás en la mesa, estás en el menú

La decisión del primer ministro de Canadá, Mark Carney, de suspender las negociaciones comerciales con Estados Unidos frente a los aranceles del 50% y exigencias inaceptables para su país confirma el nuevo contexto geopolítico. Esta realidad ha llevado a Canadá a rebalancear sus alianzas y acelerar su estrategia de diversificación comercial. Es la misma lógica que Carney planteó en Davos: fortalecer las alianzas entre “potencias intermedias” frente a la presión de las grandes potencias.
¿Por qué esto debería importarnos? Chile es también una potencia intermedia. Contamos con las principales reservas de cobre y litio del planeta, una posición privilegiada como puerta de entrada a la Antártica y una plataforma científica única para la observación astronómica en Atacama. Estos activos nos generan también vulnerabilidades, pero al mismo tiempo nos entregan una posición estratégica en el nuevo escenario global.
El desafío es cómo capitalizar esa posición. La respuesta no pasa por elegir un bando en esta guerra comercial y política, sino por fortalecer nuestras propias capacidades. Aumentar nuestra productividad en minería, energía e infraestructura no es solo una necesidad para crecer, es también una dimensión de nuestra soberanía. En un mundo donde la interdependencia económica puede transformarse en un instrumento de presión, ser más productivos, agregar valor y desarrollar capacidades propias nos entrega mayor autonomía y capacidad de decisión.
En minería, por ejemplo, la diferencia en el largo plazo no la marcará el ciclo del mercado, sino nuestra capacidad de hacer las cosas mejor. Como dijo hace poco Nicolás Eyzaguirre, no es solo qué hacemos, sino cómo lo hacemos. A lo que yo agregaría: con quiénes lo hacemos.
Por eso debemos profundizar nuestra relación con otras potencias intermedias con intereses similares y complementarios. Un ejemplo es el triángulo entre Chile, Canadá y Australia: tres líderes mineros que forman parte del CPTPP, uno de los acuerdos más robustos para el contexto económico actual. Canadá es hoy el principal inversionista extranjero en nuestro país, mientras Australia desarrolla importantes proyectos de cobre y litio.
Pero el valor de este eje no está únicamente en recibir capitales. También debemos fomentar activamente la inversión chilena en esos mercados. Impulsar la llegada de nuestras empresas y fondos a Canadá y Australia permitirá integrar capacidades tecnológicas y de innovación, fortalecer nuestras alianzas estratégicas y construir intereses comunes de manera recíproca.
Nuestra soberanía económica no se fortalece aislándonos, sino aumentando nuestra capacidad de participar y proyectarnos en el mundo. Un país que solo recibe inversión forma parte de una red económica; uno que también invierte y construye presencia en mercados estratégicos tiene mayores capacidades e intereses para incidir en ella.
En tiempos de incertidumbre, la productividad no aumentará esperando que las condiciones se estabilicen. La construiremos fortaleciendo nuestras capacidades, internacionalizando nuestras inversiones y utilizando las alianzas con otras potencias intermedias para crecer y proyectarnos en un mundo que no solo trae incertidumbre, sino también oportunidades.
Como dijo Carney en Davos, si no estás en la mesa, estás en el menú.
Por Juan Carlos García, ex embajador de Chile en Canadá y ex ministro de OOPP.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE


















