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María Teresa Ruiz, la astrónoma que perdió casi toda la vista, pero sigue enseñando a mirar el universo

Ganadora del Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1997, hace algunos años comenzó a perder la vista. Hoy prácticamente no ve, lo que no ha sido un impedimento para seguir dando clases y cursos en la Universidad de Chile.

Maria Teresa Ruiz, astronoma. Foto: Andres Perez Andres Perez

María Teresa Ruiz se lo toma con cierto grado de humor. La astrónoma fue diagnosticada con degeneración macular, que es la parte central de la retina. La enfermedad, poco a poco, le ha ido quitando la vista: empezó aproximadamente en 2013 y hoy ya no ve por el ojo izquierdo y solo logra captar algunos detalles por el ojo derecho. “Intenté con unas inyecciones, pero no funcionaron. No tiene cura”, señala.

El primer indicio de la patología ocurrió cuando se encontraba en la playa, junto a su marido, Fernando Lund, quien como ella también fue Premio Nacional de Ciencias Exactas. Mientras arreglaban una reja, le llamó la atencíón que la veía “chueca”, por lo que se detuvo a mirarla nuevamente. Ahí se dio cuenta de que algo no andaba bien. “El apoyo de él ha sido fundamental, sobre todo debido a su sentido del humor y actitud positiva frente a las dificultades”, dice ella.

Maria Teresa Ruiz, astronoma. Foto: Andres Perez Andres Perez

También, recuerda, “un día estaba con José Maza y me dijo que era raro. Así que me fui a Santiago a ver al mejor oculista. Ahí me dijeron que no era óptico, que tenía que ver a un retinólogo”. La mácula, básicamente, permite ver las cosas, leer, o incluso escribir. En este momento en vez de mácula Ruiz tiene una cicatriz.

La enfermedad no le permite ver los detalles. Recibió tratamientos y diagnósticos, tanto en Chile como en el extranjero. En este proceso aprendió que la enfermedad la tiene mucha gente, pero que muchas veces no se dan cuenta, ya que le pasa a personas mayores, por lo que la asumen como parte de la vejez.

La enfermedad la obligó a dejar algunas actividades que le gustaban, como las que implicaban lectura y escritura. Ella, sin embargo, no se quedó de brazos cruzados y decidió seguir adelante, continuando con clases, cursos y charlas. Eso la hace feliz.

Maria Teresa Ruiz. Foto: Andres Perez Andres Perez

Estuvo dos años fuera de la actividad, pero con el paso del tiempo volvió y fue aprendido algunos trucos, como adaptar sus presentaciones, utilizando imágenes y videos, así como también su casa, donde conoce cada rincón, lo que le facilita su vida diaria debido a la memoria espacial. Por ejemplo, para lavarse los dientes, la pasta de dientes la pone en un dedo. “Mantengo la visión periférica, esa la voy a tener siempre”.

Sus inicios

María Teresa Ruiz fue una niña a la que le interesaban las plantas, los relojes y las hormigas. Su tío decía que era muy curiosa y preguntona. Pero pese a todo, la Cuca, como le apodan sus cercanos, en un principio no tuvo inclinación por mirar el cielo. Ese gusto por la astronomía, el cielo y las estrellas, nació después.

El cuándo lo recuerda ahora, desde el living de su casa: corrían los años 60 y ella ingresó a estudiar ingeniería a la Universidad de Chile, donde eran solo dos mujeres dentro de más de 100 alumnos. Y mientras se encontraba en el plan común tuvo una práctica de taller mecánico que no le gustó. Ahí fue cuando se abrió al estudio del universo. “Ese ruido de los tornos haciendo tornillos, haciendo piezas, creo que no me gustó”, señala.

La astrónoma en el Observatorio de Cerro Calán. la-tercera

Así fue que arribó al Observatorio Nacional de la Universidad de Chile, ubicado en el Cerro Calán de Las Condes, lugar que había sido inaugurado hace unos pocos años. Poco a poco se comenzó a enamorar de la observación del cielo nocturno y la Vía Láctea. “Algunas personas me decían que iba a ir a hacer el horóscopo”, dice entre risas la astrónoma que se formó en un ambiente predominantemente masculino, aunque nunca fue tema para ella. “Mi abuela me decía, ‘mira, las mujeres podemos hacer lo que queramos, no hay cosas imposibles’. Era una época en la que no muchas mujeres estudiaban”.

María Teresa Ruiz en la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1997, recibiendo el diploma de parte del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Foto: Archivo Histórico / Cedoc Copesa

En un principio, reconoce, “nos hablaron del Sol, su edad y características, yo no tenía idea. Después de la galaxia, la Vía Láctea y ahí me empezó a tincar la cosa, lo encontré entretenido”. Después, prosigue, “me mandaron a Tololo a observar una estrella que varía en luminosidad y en color, era muy rara. Sin computadores, todo anotado a mano. Me acuerdo que de repente miro el cielo, era una noche oscura, y veo la Vía Láctea y como que me abrazaba, eso sentí”.

Complementó sus estudios en la Universidad de Princeton, Estados Unidos. En 1997 recibió el Premio Nacional de Ciencias Exactas.

Ruiz ha dedicado parte importante de su carrera al mundo de la astronomía, la divulgación científica, haciendo clases, cursos y charlas, incluso a niños. Su mayor orgullo profesional es la investigación sobre estrellas enanas blancas frías, remanentes estelares que permiten estimar la edad de la galaxia y explorar la materia oscura local.

Sobre su legado a las generaciones futuras, reconoce que le gustaría ser recordada como una astrónoma y científica que enfrentó desafíos sin miedo, además de tener una vida plena y feliz en la ciencia, combinando familia, amistades y pasión profesional. “Lo trato de explicar a las chiquillas que se sienten discriminadas”, asevera.

Por ahora tiene decidido que seguirá enseñando y divulgando ciencia, sin perder el entusiasmo debido a sus limitaciones visuales. “Quiero seguir dando clases, compartiendo y divulgando”, establece.

La próxima experiencia astronómica de Ruiz será una actividad organizada por el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, concretamente un curso online de astronomía llamado “Cuatro Universos”. Una de las clases, titulada “El Sol. Nuestra Estrella”, estará a cargo de María Teresa Ruiz.

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