Por Claudio Vergara
La trastienda de la reaparición pública de Jorge González en show de Gustavo Santaolalla: “Un gran amigo, un gran músico”
Esquivo de los eventos masivos en los últimos años, el excantante de Los Prisioneros hizo una excepción y este fin de semana estuvo en el Teatro Municipal para el concierto de un viejo amigo, el productor argentino Gustavo Santaolalla. "Me alegra que haya estado", dice Santaolalla a Culto.
Jorge González (61) ha recordado en algunos pasajes de su carrera que Gustavo Santaolalla (75) fue el primero que le dijo que era un buen músico. El elogio no era fortuito: el chileno se acercó al productor argentino -a través de un ejecutivo del sello EMI- cuando se alistaba a grabar Corazones de Los Prisioneros, concebido tras la primera gran fractura del trío y que lo exhibe vinculado al pop electrónico, bailable y confesional, lejos de las letras de agudo acento colectivo de los 80.
Por lo demás, en esa época, en González marchaban dos universos que parecían rivales: el gusto efervescente por el acid house y el abrazo con la vieja balada en español encarnada por Camilo Sesto, Sandro o Los Ángeles Negros. Santaolalla precisamente le sugirió que ambas vidas podían coexistir de modo fraterno: la sofisticación junto a la cultura popular latinoamericana.

De esa forma, fue una válvula para uno de los trances creativos y privados más volcánicos del sanmiguelino, en una alianza que se tradujo en amistad y que resiste hasta hoy, pese al curso de los años y los destinos distintos que aguardaban a cada uno.
En su reciente paso por Santiago, el también productor de Divididos, Café Tacvba, Juanes y Julieta Venegas, entre muchos otros, volvió a situar en un casillero de halago, afecto y reconocimiento a González, subrayando su compadrazgo.
Una reunión y un concierto
El pasado viernes 21 de agosto, Santaolalla recibió a varios medios de comunicación y ensayó hasta cerca de las 20.30 horas en el Estudio Vinilo, de Ñuñoa, para luego partir raudo a reunirse con su excamarada en su departamento en San Miguel. Ahí compartieron té, café, viejas anécdotas, y como registro quedó una foto que se viralizó por redes sociales.
Al día siguiente, el sábado 22 de agosto, el trasandino que desde 1978 reside en Los Ángeles, Estados Unidos -ganador de dos Oscar y cerebro de la música incidental de la serie The last of us- volvió a mencionar a González en la masterclass que ofreció en el Teatro CA660 de Corpartes.

“Me alegra verlo bien”, comentó sobre la reunión que tuvo con el autor de El baile de los que sobran. Luego, reveló que el instrumento de cuerdas que suena de fondo en el hit Tren al sur no es un charango, como se había instalado en la trivia de la agrupación, sino que un ronroco, un charango boliviano de texturas más graves y pausadas, y que precisamente lo llevó a firmar su álbum de 1996 con ese nombre, el mismo que repasó el domingo 23 de agosto en el Teatro Municipal de Santiago.
“No, no es charango”, puntualizó el músico, para luego aclarar que se trataba eso sí de un ronroco distinto al que desarrolló después y que marcaría su presencia protagónica en bandas sonoras como Amores perros, Babel, Secreto en la montaña o The last of us.
También volvió sobre la consabida anécdota en que González, en plena grabación de Corazones, le dijo que no estaba tan de acuerdo con sumar esa suerte de charango, porque en Chile era un símbolo del norte, no del sur que encarnaba la canción. Santaolalla contó que le había dicho que para la mayoría de la gente, el sonido del charango remite al sur del mundo, por lo que estaría bien aplicado en una composición como Tren al sur. El ejercicio quedó. Santaolalla había triunfado.
En su paso por la residencia en San Miguel, el hombre del grupo Arco Iris también lo aprovechó de invitar al concierto en el Municipal capitalino, donde desplegaría sus habilidades con el ronroco.
Y González finalmente apareció. Acompañado por su exesposa y amiga hasta hoy, Jacqueline Fresard -integrante también del colectivo Las Cleopatras-, el artista entró al recinto poco antes de las 20 horas. En varios momentos se trasladó hacia la salida del lugar, recibiendo la ovación del público. “¡Gracias Jorge por todo!”, se escuchó clamar de hecho a uno de los presentes desde uno de los palcos del teatro. El músico sólo se limitó a sonreír.

Cuando el espectáculo ya había partido, Santaolalla le dedicó desde el escenario algunas palabras: “Gracias por recibirme en este país hermano que siempre ha sido tan generoso conmigo y que he tenido la oportunidad aparte de conocer un poco más también a través de mi trabajo con un gran artista, uno de los grandes artistas y un gran amigo que creo que está por aquí esta noche que es Don Jorge González”. El aplauso nuevamente fue unánime.
Luego el argentino siguió: “Siempre me encantó todo lo que es el mundo de la música de aquí, de Violeta por supuesto hasta Jorge, pero también un gran movimiento de rock. Siempre me atrajo también toda la cuestión de los instrumentos. Me acabo de hacer de un guitarrón chileno. Lo conseguí. Increíble también”.
El exPrisionero se retiró del reducto en la primera parte del recital. Desde 2015, está afectado por las secuelas de un accidente isquémico cerebeloso que ha generado consecuencias en su habla y su movilidad. Eso lo ha llevado a privilegar la vida en su departamento, donde recibe amigos y colegas, y donde ha vuelto a hacer música junto a nombres como Colombina Parra y Miguel Conejeros. Pero, en general, prefiere no moverse del lugar y evita las apariciones públicas.
Santaolalla, por su lado, ofreció un show de alta factura y sonido, contemplativo y bellísimo desde lo instrumental, donde el ronroco, el gong y las guitarras adquieren texturas limpias, llenas de colores, generando un efecto expansivo. El público lo observaba casi hipnotizado. Además, el argentino contó que muchos instrumentos los cogía desde aparatos que no estaban destinados a ser utilizados en la música, como tubos de PVC o elementos extraídos de la cocina, extendiendo el credo de viejas culturas que apunta a que de todo puede brotar una melodía.

Tras el final del concierto, Santaolalla recibió en camarines a Culto, mostrándose contento por la recepción de la fanaticada chilena y conforme con una de las composiciones nuevas que mostró en el escenario del Municipal. También agradeció que el propio González haya asistido: “Él es un gran músico, un gran amigo y me alegra que haya estado”, remató.
Los caminos de González y Santaolalla se podrían haber bifurcado para siempre, sin retorno. Sin embargo, siempre hay un punto donde vuelven a darse la mano como antiguos compañeros de un viaje imborrable.
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