Por Paula Escobar Chavarría
Stephen Grosz, psicoanalista: “A menudo el amor requiere casi una ruptura amorosa”
El autor de Trabajos de amor -ya en librerías chilenas- plantea que a menudo las parejas se unen legalmente pero no psicológicamente. "Cuando el amor romántico se desvanece, curiosamente ahí realmente puede comenzar el amor, una relación auténtica", sostiene.
De fondo se ve una sala luminosa, silenciosa, donde recibe a sus pacientes en sus sesiones de psicoanálisis en Londres. Nacido en Indiana, en Estados Unidos, Stephen Grosz lleva más de cuatro décadas dedicado a la terapia psicoanalítica en Reino Unido. También enseña en el Instituto de Psicoanálisis de University College en Londres, y ha escrito en diversos medios. Su primer libro, An examined life, how we lose and find ourselves, reconstruye algunos de sus casos, como manera de compartir lo que ha aprendido -él y sus pacientes- en el diván durante tantos cientos de horas. Fue un bestseller internacional traducido a 30 idiomas, que conectaba a los lectores con cada historia, pero también con el poder de la conversación y la escucha psicoanalítica.
Su nuevo libro Trabajos de amor (Debate), ya disponible en librerías chilenas, explora 12 casos suyos de intimidad, amor y desamor. Doce casos prácticos (todos ellos, en mayor o menor medida, ficcionalizados). Grasz se pregunta aquí qué impide enamorarse, pero sobre todo, qué hacer cuando el amor parece haberse agotado. Profundo y sorprendente, lejos de la narrativa de la autoayuda, Grosz usa sus recursos psicoanalíticos y escriturales para, como dice él, enseñar a ver la realidad como es, al otro y la otra tal cual es, al miedo tiempo que mostrar a la nueva generaciones “the inner workings of psychoanalysis”, como dijo The New York Times. Destacados escritores como Zadie Smith y Nick Hornby han alabado este volumen, que The Guardian describió como “escalofriante, conmovedor, inolvidable”.
Sereno y de hablar pausado, escucha con mucha atención, mientras el verano europeo se va acabando, y articula sus respuestas sobre el amor y la intimidad en el siglo XXI.

“Una de las cosas que se repite constantemente en el libro es que las personas a menudo se unen legalmente, pero no psicológicamente. Y, por ejemplo, una de mis pacientes está casada con un hombre, es un matrimonio legal, él bebe, es alcohólico. Así que su verdadero matrimonio, en cierto modo, es con el alcohol. El alcohol es lo que lo calma, lo tranquiliza. Si está ansioso, ahí es donde acude. Ella no está realmente en un matrimonio adecuado en el plano psicológico. Y eso representa un gran logro cuando las personas comienzan a comprender cómo podemos convertir nuestro matrimonio en un matrimonio adecuado, un matrimonio psicológico”, dice.
Usted escribe que el amor es un trabajo, que requiere esfuerzo. ¿La gente se separa porque tenían expectativas poco realistas?
Sabes, al principio del libro digo que me encanta esa cita de Iris Murdoch que puse en el prefacio donde dice que el trabajo del amor es el trabajo que debemos hacer para vernos con claridad, vernos con claridad a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Es nuestro intento de integrarnos al mundo tal como es. Y me gusta esto que dice Iris Murdoch sobre el amor: es la percepción de los individuos. El amor es la comprensión extremadamente difícil de que algo distinto a uno mismo es real. Y continúa diciendo que el amor es un descubrimiento de la realidad. Y para mí, eso es absolutamente cierto. Cuando somos jóvenes, pensamos que el amor es un sentimiento. En realidad, podemos tener cualquier edad y pensar que es eso también. Y está la emoción. Una amiga mía, la poeta Wendy Cope, dice que esa es la parte divertida del principio, toda la emoción y el placer de conocer a alguien y enamorarse. Pero el amor verdadero es empezar a verlos con claridad, y a uno mismo, con claridad. Y eso es muy diferente. Y creo que es una tarea que dura toda la vida. Pero también creo que a menudo el amor requiere casi una ruptura amorosa.

¿Cómo?
Al principio, las dos personas se aman con esa pasión y placer intensos. Luego, ese amor romántico se desvanece. Y, curiosamente, a menudo siento que es ahí donde realmente puede comenzar el amor, una relación auténtica. Esa ruptura puede convertirse en un punto de inflexión donde, de repente, te das cuenta de la otra persona y dejas que te vea. Y entonces comienzas una relación verdaderamente amorosa y sincera.
En el libro, escribe que amar a otro ser humano es tal vez la tarea más difícil que se nos ha encomendado. Especialmente lo es en una cultura que busca la gratificación instantánea, ¿no?
Por supuesto, parte de lo que sugiero es que (el amor) sí lleva tiempo, porque la confianza requiere tiempo. No se puede confiar en alguien al instante. La confianza es algo que se gana a lo largo del tiempo. Por eso el psicoanálisis lleva tiempo (...). Es interesante porque en mi trabajo he tenido que pensar: ¿hay personas que no pueden amar? ¿Hay personas que no son dignas de amor? He conocido personas que ni siquiera quieren esforzarse por amar a alguien, pero que también sienten mucha ansiedad al permitir que alguien se acerque tanto. Otro tema del libro es que a veces te encuentras con personas que han tenido una infancia infeliz y esa infelicidad les resulta muy familiar. Es lo que conocen, y por eso es su hogar, es seguro. Así que incluso pueden conocer a alguien, sentir placer y verse tentados a profundizar en esa relación, pero luego retroceden a la infelicidad porque les parece más seguro que arriesgarse a confiar y amar. Y debo decir que ese es un problema que está al límite incluso de la habilidad de un analista muy bueno.
¿Realmente?
Incluso para los mejores analistas, ese es el problema que creo que realmente más les preocupa. La gente viene aquí porque está sufriendo. Vienen a mi habitación, se sientan en esa silla de allá y hablan conmigo. Suelen venir porque sienten un dolor terrible. Han descubierto que su esposo o esposa les es infiel, les ha ocurrido algo terrible en la vida, con su salud, algo. Y desde mi punto de vista como clínico, eso es bueno porque los motiva a cambiar. Básicamente, la gente viene porque sufre, y el sufrimiento los motiva a cambiar. Pero a veces trabajas con personas durante un tiempo y descubres esto: un momento, lo tienen todo. Ahora tienen todos los ingredientes para una buena vida, pero siguen recayendo en la infelicidad. Y eso a veces es muy, muy difícil de cambiar cuando alguien tiene un apego al sufrimiento.

Uno de los capítulos de su libro trata sobre la envidia. No se habla tanto de ella, siendo que para algunos las redes sociales se basan en crear envidia en los demás...
Sí, eso es realmente importante. Hay personas que trabajan muy duro en Instagram y las redes sociales, tienes toda la razón, para despertar envidia en los demás. He tenido a alguien que ha venido a mi consulta, se ha sentado en una silla y le he preguntado sobre sí mismo, y me ha dicho: bueno, en Instagram me va estupendo, soy brillante, pero por dentro, estoy deprimido.
Hay una historia en que un hombre dice que su mujer le es infiel, pero en realidad, la envidia… ¿Cómo descubrió eso?
Esa historia trataba sobre un hombre que, solo mirando hacia atrás mucho tiempo después, me di cuenta de todas las pequeñas cosas que yo había hecho (por él), como cuando le cambié una cita, o intenté ayudarle con varias cosas que necesitaba, o incluso al final de una terapia, que según él salvó su matrimonio y le ayudó, pero que nunca me dio las gracias, y cuando se lo señalé en voz baja, en una de nuestras últimas sesiones dijo: bueno, te pago, ¿no? Y, por supuesto, más adelante en esa historia, cuando su esposa estaba muriendo, ella se puso en contacto conmigo, quería que él regresara y recibiera ayuda de nuevo, porque él no podía despedirse adecuadamente de ella y agradecerle todo el amor que le había dado. Y me pareció interesante, aprendí a través de él, que hay algunas personas que son como él, que envidiaba la capacidad (de su esposa) de amar. Y se puede leer eso, por cierto, creo, en Otelo de Shakespeare. Una forma de leer esa obra es como una obra sobre, como decías, los celos, que Yago está celoso de la relación de Desdémona con Otelo. Pero otra forma de verlo es que Yago no puede amar, y envidia su capacidad de amar, la de Otelo y Desdémona. Y lo que diferencia la envidia de los celos es que en los celos queremos lo que la otra persona tiene, pero en la envidia queremos destruir lo que la otra persona tiene para que no lo tenga. Y eso es lo que la hace tan dañina y peligrosa, como ser humano.
Hablemos del lugar del psicoanálisis en esta época acelerada y donde hay gente que prefiere hablar de sus problemas más profundos con la IA, que tiende a reforzarle lo que ya piensa.
Entiendo lo que dices y estoy de acuerdo en cierto modo. Aunque mi hijo -que se dedica a las matemáticas y la informática-, rebatiría y diría que podrías impulsar ChatGPT a que te critique, a que te desafíe. Podrías decir: quiero que destroces mis fantasías, mis delirios, etc. No creo que ese sea tanto el problema con ChatGPT o Claude o cualquier plataforma de IA. Para mí, se trata más bien de que ChatGPT, por supuesto, no es humano, está haciendo una actuación de un ser humano. Tú y yo hablando ahora mismo, y aunque no te conozco, sé que tienes una madre y un padre, naciste, creciste, supongo que te has enamorado y has tenido relaciones de pareja, y que te enfrentarás a tu propia mortalidad, como yo. Que piensas en las personas que amaste que han muerto, en todo tipo de cosas. Y eso significa que cuando entramos en contacto y empezamos a hablar, hay algo que implica ser tú. Y es esa humanidad y los aspectos compartidos de la vida humana lo que, en mi opinión, hace que el psicoanálisis sea tan poderoso. De hecho, creo que en cierto modo, en el futuro, precisamente debido al creciente poder de la IA, esta será cada vez más poderosa, pero lo que nunca podrá hacer es ser una persona hablando con otra, esa relación particular. Por eso creo que la relación entre terapeuta y paciente se volverá aún más especial. Se puede obtener mucha información, pero eso no es lo mismo que la experiencia de sentirse comprendido por otra persona. Para mí, eso es, en esencia, lo que significa ser un ser humano.
¿Y qué sigue siendo cierto de lo que Sigmund Freud tenía en mente sobre la naturaleza humana cuando creó y desarrolló el psicoanálisis?
Lo que digo sobre el amor es obviamente cierto para el psicoanálisis. Para mí, la gran tarea de la vida, desde el punto de vista de Freud y desde el mío, es vernos con claridad a nosotros mismos, a las personas que amamos, al mundo, ver el mundo como es, no como lo tememos, no de forma paranoica, ni como fantaseamos y deseamos que sea, sino llegar a vivir en el mundo real. Y de eso trata el análisis. Creo que eso es lo que sucede en el amor. Y diría entonces que cambia el enfoque. No buscamos ser felices. Buscamos comprendernos a nosotros mismos y a los demás. Buscamos encontrarle sentido a la vida. Empezamos a acercarnos a la felicidad.
Una definición de la felicidad que aparece en su libro es la dulzura de desear lo que se tiene. ¿Cree que sentir eso es algo que se puede lograr por sí mismo, o necesita un psicoanálisis o trabajar con alguien?
Creo que puedes lograrlo. Hay muchas maneras en que las personas sanan. Me encantan las novelas, los libros, las historias, las cosas que encuentro en la vida donde la gente sana a través de la amistad, del amor, del arte, de su trabajo. Suceden todo tipo de cosas que les hacen empezar a ver las cosas de otra manera. Y pueden mirar atrás en su vida y encontrar momentos que les sanaron, momentos que no solo se dieron con un terapeuta, momentos en los que recibieron algo del mundo que les ayudó a reparar algo que estaba roto en sí mismo. Creo que eso puede suceder. No soy de los que piensan que todo el mundo debería ir a terapia.
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