Por Carolina Melcher
¿Ser flaca es el outfit?
“Ser flaca es el outfit”, dice un nuevo trend en redes sociales. La frase puede sonar nueva, pero la idea detrás es más vieja que el hilo negro: que un cuerpo flaco es mejor que los demás.

Hace algunas semanas empezó a popularizarse un nuevo trend en redes sociales, que dice que “ser flaca es el outfit”. Pero si lo pensamos con mayor profundidad, la delgadez siempre ha sido la mejor carta de presentación que nos ha impuesto la sociedad. Durante décadas se ha mantenido como uno de los principales ideales de belleza para las mujeres.
La gran mayoría de nosotras, especialmente quienes somos latinas, crecimos escuchando y aprendiendo que debíamos ser flacas, pero con curvas en los lugares correctos, porque incluso un cuerpo delgado podía ser considerado poco atractivo si no cumplía con esa idea de cómo debía verse el cuerpo femenino. Un ejemplo es el tan recordado “90-60-90”, que hacía referencia a las medidas consideradas ideales para una mujer.
Y ese ideal ha mutado a distintas versiones. Con el paso de los años hemos visto como se han puesto de moda cuerpos muy delgados, otros delgados pero con curvas en lugares específicos, cuerpos fitness y tonificados, y hoy vemos cómo toma fuerza una delgadez mucho más extrema.
Nuevas tendencias han llegado para cambiar ciertas características de ese cuerpo considerado “perfecto”, pero lo cierto es que seguimos sintiendo que mientras más nos acerquemos a él, más bonitas, atractivas, disciplinadas e incluso saludables seremos.
También han cambiado las herramientas disponibles para intentar conseguir ese objetivo. Hoy tenemos muchas más posibilidades provenientes de la medicina para intervenir nuestros cuerpos y acercarnos a ese ideal estético. Ya no se trata solo de cirugías plásticas. Hoy existe un mayor acceso a medicamentos para bajar de peso y cirugías bariátricas, mientras las dietas extremas siguen estando cada vez más disponibles. Una industria que lleva décadas ganando dinero con nuestra insatisfacción corporal tiene hoy muchas más herramientas para vendernos la posibilidad de cambiar nuestros cuerpos, al mismo tiempo que vemos un aumento de los trastornos alimentarios.
Cada vez que hablamos de estos estándares aparece un argumento que se repite bastante: “Pero a las mujeres flacas también les hacen comentarios sobre su cuerpo”. Y sí, por supuesto que pasa. Julieta, una paciente que accedió a que compartiera su testimonio para esta columna, lo vivió durante gran parte de su vida y me contó cómo esos comentarios fueron cambiando a medida que cambió su cuerpo.
“Por genética fui muy delgada durante muchos años de mi adolescencia y recibí comentarios sobre mi cuerpo, especialmente porque no tenía las curvas que históricamente se han considerado femeninas y atractivas. Que te pregunten si comes, si estás enferma o que te digan que tienes que ‘echar cuerpo porque no hay dónde agarrar’, fue muy hiriente y afectó mucho mi autoestima. Todo cambió a los 32 años cuando tuve a mi primera hija. Con los años subí más de 20 kilos y muchas cosas cambiaron. Las tallas más grandes de algunas tiendas de retail dejaron de quedarme y empezaron los comentarios sobre mi peso. Algunos venían de personas desconocidas y otros, probablemente los que más me dolieron, de mi propia familia. Ahí entendí, desde un lugar muy personal, que si bien los comentarios sobre mi apariencia también habían existido cuando era muy delgada, nadie asociaba ese cuerpo con flojera, descontrol o falta de disciplina, ni asumían que no me cuidaba, como me pasó cuando subí de peso”.
Una mujer muy delgada puede recibir burlas y comentarios hirientes, pero estos ocurren en un contexto social distinto. La gordura lleva décadas asociándose a la flojera, el descontrol, la falta de voluntad o el supuesto abandono de la propia salud. Miramos un cuerpo gordo y creemos saber cómo come esa persona, cuánto se mueve, cuánto se preocupa por su salud e incluso qué tan disciplinada es, aunque no sepamos absolutamente nada de su vida. Reconocer el daño que provocan los comentarios hacia los cuerpos muy delgados no significa equiparar ambas experiencias ni desconocer la carga moral que históricamente hemos puesto sobre la gordura.
Un trend por sí solo no provoca un trastorno de la conducta alimentaria, pero llevamos años expuestas a imágenes, comentarios, publicidad y contenido que nos muestran una y otra vez qué cuerpos son considerados bonitos, cuáles pueden usar determinada ropa y cuáles pareciera que siempre necesitan cambiar algo. Y esto no afecta solamente a niñas, adolescentes o mujeres de 20 años. Seguimos recibiendo estos mensajes a los 30, 40, 50 o 70, porque la presión por cumplir con ciertos estándares estéticos no desaparece cuando dejamos de ser jóvenes.
Por eso encuentro terriblemente violenta la frase “ser flaca es el outfit”. Un outfit se puede elegir y después guardar en el clóset cuando deja de estar de moda, pero un cuerpo no funciona así. En este caso ni siquiera estamos hablando de una moda que apareció de repente. La delgadez lleva décadas instalada como ideal y lo que hacemos cada cierto tiempo es cambiarle la forma, agregar o quitar curvas y músculos, modificar qué tan delgado debe ser ese cuerpo y encontrar nuevas maneras de intentar conseguirlo. Hablar de diversidad corporal pierde bastante sentido si seguimos eligiendo un tipo de cuerpo por sobre los demás y enseñándonos que deberíamos hacer todo lo posible por parecernos a él.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE

















