Opinión

Una batalla cultural oscura: El Foro de Madrid

Llega a Santiago la expresión política de reacción al wokismo, la cual comparte el mismo tronco filosófico que caracteriza la posmodernidad. En efecto, wokismo y la ultraderecha son dos caras de una misma medalla. ¿cómo así?

En efecto, la respuesta desde la denominada ultraderecha al lenguaje inclusivo, a la ideología de género, al exceso de corrección política, al radicalismo de izquierda manifestado en la “cultura de la cancelación”, a las políticas identitarias, a la reinterpretación de la cultura con fines ideológicos, entre otras manifestaciones, mantiene un mismo acervo cultural y propósito por parte de los grupos reaccionarios, los cuales lejos de representar la tradición que ha caracterizado el avance hacia el respeto y tutela de la dignidad humana, presentan una alternativa a ratos deshumanizante, con pulsiones autoritarias que desconocen principios antropológicos que caracterizan una sociedad inspirada en el bien común.

La plasticidad de los movimientos políticos de nuestros días no nos permite observar una homogeneidad discursiva entre sus líderes, pero sí ciertos relatos entorno a la Patria, Dios y Familia, sin embargo, toman distancia del sentido original de los conceptos en comento, ya que evitan la razón aristotélica–tomista y maximizan la instrumentalización de las emociones.

La defensa de la Patria la sitúan desde una desconexión a la ley internacional, en particular la que cautela la dignidad humana. Optan por defender un espacio identitario (al igual que wokismo) sin consideraciones de un orden justo en lo económico, político y social.

En general, quienes expondrán en el Foro de Madrid reniegan de la búsqueda de la justicia social y la verdad tan propia de la herencia cristiana y prefieren comprender las relaciones sociales e interestatales en un orden jerárquico avalado por el poder militar y la fuerza mercantil, contradiciendo la propia concepción de soberanía que dicen defender.

La cercanía que mantienen con los Señores Tecno Feudales, quienes representan la nueva fuente de poder global, se manifiesta en las alianzas que realizan en tiempos de campañas y en las tratativas para que desarrollen sus capacidades en nuestros territorios. ¿Ello con el fin de proteger nuestros datos personales, la transparencia en los procesos electorales, el uso racional de los recursos naturales, entre otros?

Por otro lado, Dios suele ser reducido a la dimensión sacramental, es decir a formas y no fondo, como se advierte en el silencio de la ultraderecha frente a agresiones, crímenes internacionales u orden económico sin reglas. En definitiva, no tienen interés por un sistema internacional que aspire a mínimos de justicia. ¿Esa política se acerca a la Ciudad de Dios?

Por último, la defensa a la familia la reducen a un objetivo nacional, con ello se permiten avanzar en la separación de hijos y padres cuando se trate de inmigrantes irregulares. En ese ejemplo, bastante prístino en la acción de ICE en Estados Unidos, se exhibe como las políticas públicas quedan desprovistas de un anhelo de justicia que entregue condiciones para la paz.

Por Jaime Abedrapo, Director del Centro de Derecho Público y Sociedad USS

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