Opinión

¿Iliberal, un nuevo hombre de paja?

Fareed Zakaria acuñó en 1997 el término “iliberal” para referirse a gobiernos que si bien son elegidos de acuerdo con las normas de la democracia, la debilitan al disminuir los contrapesos institucionales que moderan el poder presidencial.

Un término interesante dadas las tentaciones que hemos visto antes en la historia. Pero su utilidad como categoría de la política puede degradarse si no se usa con honestidad intelectual.

Precedentes hay de lo último. El neoliberalismo, acusado por la izquierda de culpable de innumerables problemas que aquejan al ser humano, es un concepto que se ha desdibujado al ser “cada vez más difícil identificar algo sustantivo en él”, como ha señalado Álvaro Vergara en su libro Neoliberalismo, una idea disputada. También por el fracaso de sus detractores.

La tendencia de la izquierda ha sido construir un hombre de paja, el neoliberalismo, para luego encenderle un fósforo. Quienes somos motejados de neoliberales no hemos visto un intento serio por definir qué diablos es eso, con pocas excepciones en Chile como el libro de Álvaro y Sebastián Edwards, quien en su recomendable libro El proyecto Chile acerca de los Chicago Boys, intenta una definición funcional del término, útil para identificar períodos distintos. Lo que es muy sospechoso es que una corriente de pensamiento al que se atribuye tanto poder e incidencia no tenga ningún exponente que se defina como tal. Los defensores del libre mercado, el sistema que ha sido el que mayor prosperidad ha creado en la historia de la humanidad, en cambio, somos muchos.

¿Por qué huelo humo en el uso del término “iliberal”? Vale la pena discutirlo con motivo de la reunión del Foro de Madrid esta semana en Chile en el que participó el Presidente Kast, atacado hoy por la oposición con el mote de iliberal. Sabemos que, desde la escuela de Frankfurt, Adorni y luego Foucalt han manifestado su creencia en que el lenguaje crea realidad y es un dispositivo estrechamente relacionado con el poder. Normalizar entonces términos como “neoliberal” o “iliberal”, con una carga negativa, y atribuírselos a los adversarios se transforma en una útil herramienta en la disputa del poder político.

Porque si atendemos a la definición de Zakaria, encontramos más casos de gobiernos iliberales en la izquierda que, en la derecha o “ultraderecha”, como gustan llamarla los “progresistas”. Maduro en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia pusieron en peligro la democracia o derechamente la destruyeron. En la derecha se ha dado el nombre de Viktor Orbán, pero él perdió las elecciones en Hungría y está fuera del poder. Giorgia Meloni, acusada antes de iliberal, hoy no merece reproche alguno.

¿Y quienes votaron Apruebo en 2022 no son iliberales? Debieran darle una vuelta a eso antes de dar al Presidente Kast ese apelativo.

Por Luis Larraín, Presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo

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