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Vanessa Lista, experta danesa: “La digitalización es cada vez más un asunto geopolítico”

La directora de Alianzas y Asuntos Públicos de la plataforma público-privada danesa para la transformación digital, Digital Hub Denmark, conversó con La Tercera sobre cómo Dinamarca construyó un sistema de identidad digital integrado con múltiples servicios que hoy utilizan casi todos sus ciudadanos.

La directora de alianzas y asuntos públicos de Digital Hub Denmark, Vanessa Lista. Foto: Digital Hub Denmark

Vanessa Lista llegó a Santiago para exponer este jueves en el Cyber Defence, Technological Sovereignty & Resilience Summit 2026, organizado por CiberLab, del Centro de Innovación UC. Italiana radicada en Dinamarca, es directora de Alianzas y Asuntos Públicos de Digital Hub Denmark, la plataforma de envergadura nacional que conecta al ecosistema público y privado danés con gobiernos de todo el mundo interesados en su proceso de digitalización.

La labor de la organización no es menor, en la medida en que la ONU ha situado la digitalización danesa como la más avanzada del planeta en materia de administración pública. A la vez, se posiciona en los primeros lugares del listado según otras instituciones.

En entrevista con La Tercera, antes de su participación en el encuentro, Lista detalló cómo se construyó ese sistema a lo largo de casi seis décadas y qué lecciones podrían ser útiles para Chile y el resto de América Latina.

¿En qué consiste el proceso de digitalización danés?

Digital Hub Denmark es la alianza público-privada nacional para la digitalización. El gobierno danés tiene cinco alianzas de este tipo, organizadas por industria: salud, energía, agricultura, industrias creativas y digitalización de la administración pública.

Otras áreas -como la defensa- todavía no cuentan con una propia, pero el último informe de gobierno, de junio, muestra una fuerte inversión en el área, y nuestro trabajo también avanza hacia la defensa digital y la ciberseguridad. Por eso, entre otras cosas, estoy en Chile.

Mi rol en la organización tiene dos frentes. Conectar al ecosistema danés, público y privado, con gobiernos extranjeros interesados en nuestra experiencia -recibimos entre 70 y 100 delegaciones al año- y trabajar con 10 empresas privadas danesas socias del hub.

Dinamarca funciona bajo una lógica público-privada en todos sus sectores, porque creemos que la innovación la impulsa la empresa privada. Eso no significa “vender” nuestro modelo, sino ayudar a otros gobiernos a identificar qué partes de nuestro camino digital pueden servirles. La ONU nos ubicó como el país número uno del mundo en digitalización de la administración pública.

¿Cómo se traduce esa digitalización en la vida diaria de un ciudadano danés?

Tenemos acceso a 2.000 servicios en línea con el registro central de personas y la creación del CPR, nuestro número de seguridad social. Sin él no se puede existir como ciudadano en Dinamarca.

Buzones del servicio postal danés, que se extendió por 400 años y quedaron en desuso luego del traslado completo a la digitalización. Foto: Archivo

A eso se suma la identidad digital, hoy en su tercera versión, y este año en piloto su cuarta versión, que incluye una billetera digital. Con el CPR y la identidad digital se accede a todo. Desde solicitar beneficios hasta pagar el transporte público, hacer trámites bancarios o pedir horas médicas, todo centralizado en un portal único.

A esto se suma el “correo digital”: ya no existe comunicación física entre el Estado y los ciudadanos. A fines de 2025 el sistema postal nacional dejó de operar como entidad pública. Todo lo que el gobierno, en todos sus niveles, y los bancos deben comunicarnos llega hoy a una bandeja digital única, conectada al CPR y a la identidad digital. Es un tema que hemos conversado con interés pensando en cómo podría aplicarse en Chile.

Usted ha insistido en que Dinamarca no busca “vender” su modelo. ¿Qué busca entonces?

Buscamos inspirar. Creemos que si todos avanzamos en la misma dirección, es mejor para todos. Hoy, por ejemplo, trabajamos en una identidad digital transfronteriza para toda Europa

Esa lógica, pensar primero en el beneficio para las personas, ha estado en la base del proceso danés desde que, a comienzos de los 2000, los distintos niveles de gobierno se sentaron a trabajar juntos.

Eso sí, no somos ingenuos. También existe un interés comercial, porque el Ministerio de Relaciones Exteriores apoya la exportación de nuestras empresas. Pero en la digitalización pública es difícil que una empresa extranjera entre sola a otro país. Lo que se abre es la oportunidad de que firmas locales se asocien con proveedores tecnológicos daneses para construir soluciones a la medida de cada país.

¿Qué factores impulsaron al gobierno a iniciar este proceso en una etapa tan temprana?

Todo parte en 1968, con el registro central de ciudadanos y el número CPR. Una vez asignado, cualquier trámite -un contrato laboral, una compra, un cambio de banco- queda automáticamente vinculado a él.

Luego, a comienzos de los 2000, el Ministerio de Finanzas creó un grupo de trabajo que sentó en la misma mesa al gobierno central, las regiones y los municipios. La digitalización no se hizo solo por digitalizar, sino para facilitarle la vida a la gente y al propio Estado, algo que el fuerte sistema de bienestar danés ayudó a amortiguar cuando algunos empleos públicos desaparecieron debido a esto mismo.

Bandera de Dinamarca en Copenhague. Foto: Archivo

De ahí en más, los hitos se sucedieron rápido. En 2001, la firma digital, la primera identidad digital, que evitó trámites presenciales. En 2004, el NemKonto (“cuenta fácil”), una cuenta bancaria ligada al CPR por la que se mueve automáticamente todo el dinero con el Estado. En 2007, MitID, nuestra identidad digital actual, gestionada entre un proveedor tecnológico, los municipios, las regiones, el gobierno central y la Agencia de Gobierno Digital. En 2011, el correo digital.

El próximo paso es la identidad digital transfronteriza en Europa y, sobre todo, la ciberseguridad, porque la digitalización es cada vez más un asunto geopolítico. Dinamarca fue de los primeros países en advertirlo. En 2017 creó la figura del “embajador tecnológico” en su Cancillería, un modelo que hoy replican unos 40 países.

¿Se está incorporando la inteligencia artificial en los servicios digitales públicos? De ser así, ¿cómo?

Por primera vez, el nuevo gobierno incluyó un capítulo propio sobre inteligencia artificial en su declaración de prioridades, porque el tema dejó de ser solo de digitalización. Hoy atraviesa salud, educación y defensa.

Se busca crear un fondo de aceleración para IA, más capacidad de cómputo, un asistente de salud digital para 2028, y se espera que la IA libere unos 30.000 empleos públicos, cifra que no genera alarma gracias al fuerte sistema de bienestar. La digitalización en general ya nos ahorra cerca de 300 millones de euros al año.

Usamos la IA con cautela. Solo para tareas simples y repetitivas, como chatbots para agendar horas municipales, de modo que las personas se dediquen a trabajos más estratégicos. Recién comenzamos a discutir su uso en juicios, en casos muy acotados y sin que tome decisiones. Estonia ya avanza más en esa línea.

Sobre los proveedores de IA, durante años no nos preocupó demasiado su origen, pero la turbulencia de los últimos años cambió algo esa mirada. Seguimos trabajando con todos nuestros aliados -los grandes proveedores de IA siguen siendo, en su mayoría, estadounidenses-, pero junto con Europa avanzamos en desarrollar soberanía en esta materia.

No hace falta cambiarlo todo de un día para otro: la soberanía y la resiliencia son una oportunidad para que Europa construya más soluciones propias, siempre en colaboración con sus aliados.

¿Qué consejo o lección de este proceso podría aplicarse en Chile o América Latina?

Lo más particular de Dinamarca, y quizás también de los países nórdicos, es la confianza ciudadana. Eso es lo que ha guiado el viaje digital danés. Es un concepto difícil de comprender si no vienes de esta región. Yo soy italiana, y en Italia los ciudadanos no confían mucho en el gobierno, ni el gobierno confía mucho en los ciudadanos; imagino que aquí pasa algo similar.

Lo que les sugiero a las delegaciones internacionales es que trabajen en construir esa confianza con su gente, porque no se le puede pedir a la ciudadanía que adopte algo así de la nada: se logra ofreciendo servicios confiables. Si resolver un trámite toma dos minutos desde el teléfono en lugar de tres horas en una oficina, la gente va a preferir usarlo.

Pix, e sistema de pagos instantáneos de Brasil, creado y administrado por el Banco Central brasileño. Foto: Archivo

Eso sí, la inclusión digital es prioritaria en la agenda danesa. Aunque hoy la mayoría de los servicios son obligatorios, existe el derecho a no usarlos -una persona mayor puede seguir yendo presencialmente, y quienes tienen alguna discapacidad reciben apoyo dedicado de un “tutor”-.

Para un país como Chile, con una geografía muy distinta -Dinamarca es plana y tiene 97% de cobertura 5G- y con zonas aisladas, el punto de partida debería ser entregar una identidad digital y avanzar gradualmente, apoyando presencialmente a quienes no puedan sumarse aún. Creo que el correo digital también podría cambiarle la vida a mucha gente. Una sola bandeja segura reduce la carga del Estado y le ahorra tiempo a la ciudadanía.

¿Qué está en juego, en materia de ciberseguridad, durante un proceso de digitalización?

Mientras más digitalizado un país, más expuesto está a riesgos. Lo más importante en juego son los datos de los ciudadanos -hay que estar lo más cerca posible del 100% de seguridad de que están protegidos, aunque nunca se puede estar completamente seguro- y también la infraestructura digital y física.

Hoy, uno de los escenarios más peligrosos sería un ataque a servicios básicos como el agua o la energía, porque también ha cambiado la forma en que se hace la guerra. Puede sonar a cliché, pero en Dinamarca el bienestar de los ciudadanos realmente está en el centro de la conversación, incluso a nivel político. Al final, diría que hay dos cosas en juego: los datos y la confianza.

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