Qué fue de los rostros tras las icónicas fotos del 11-S
Sobrevivientes y fotógrafos revisaron el peso que tuvieron en sus vidas las imágenes más recordadas del ataque a las Torres Gemelas. Estas son sus historias a un cuarto de siglo del atentado.
“Siento haberte traído a este mundo de locos”, recuerda haber dicho Jenna Piccirillo a su hijo, Vaughan.
A pesar de que él solo tenía algunos meses, la madre lo giró para que solo la mirara a ella en un acto de protección frente al caos que ella presenciaba.
Estaba en la azotea, observando con incredulidad cómo se derrumbaban las Torres Gemelas de Nueva York. Se sentía agradecida por su hijo, pero vulnerable y, según cuenta, “desesperanzada respecto a la humanidad”.
Como esta, miles de fotografías capturaron la conmoción, el horror, el heroísmo y la humanidad que despertó el ataque al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001.

El atentado, perpetrado por Al Qaeda, dejó 2.977 víctimas mortales (además de los 19 terroristas suicidas) y desencadenó una de las mayores operaciones de rescate en la historia de Estados Unidos.
Detrás de cada una de esas fotografías hay una persona que vivió el derrumbe de las torres o escapó entre los escombros. A 25 años de la tragedia, esta es la reconstrucción de las vidas de los protagonistas de algunas de las fotografías de ese día.
La tragedia desde Brooklyn
Entre esas historias está la de Piccirillo, fotografiada por Alex Webb, de la agencia Magnum Photos, desde la ribera oriental del East River, con su hijo de tres meses en un portabebés, de espaldas al humo que se elevaba desde Manhattan. Esa imagen se convirtió, con el paso de los años, en uno de los retratos más citados de esa jornada.
Piccirillo tenía 31 años y vivía en Brooklyn cuando, la mañana del 11 de septiembre de 2001, se despertó con lo que sonó como un trueno. Colocó a su hijo de tres meses, Vaughan, en su portabebés y caminó hasta la cafetería del barrio para tomar café.

“Fue recién entonces cuando me enteré de que las Torres Gemelas habían sido atacadas y que no había sido un accidente”, dijo Piccirillo a La Tercera.
Piccirillo, hoy diseñadora de interiores asentada en Puerto Rico, dijo que la fotografía le recuerda la devastación generalizada de aquel día. “Somos una pequeña mancha en el mapa de todas las personas que perdieron la vida”, afirmó. También le recuerda, agregó, que el futuro de su hijo resultó mejor de lo que ella podría haber imaginado esa mañana.
Vaughan Piccirillo-Sealey tenía alrededor de 11 años cuando su madre le contó que aparecía en una fotografía conocida del 11-S.
“Fue algo surrealista. ¿De verdad soy yo?”, recordó haber pensado. Ya como estudiante universitario, se dio cuenta de que su madre había colocado el portabebés de manera que él la mirara a ella y no la escena al otro lado del río.
“Obviamente, mi madre se preocupa por mí y por mi bienestar, y me puso por encima de la tragedia, y creo que muchos padres habrían hecho lo mismo”, dijo Vaughan en una entrevista con The Wall Street Journal.
“Uno puede elegir en qué historia fijar la mirada, y creo que mi madre eligió las de amor y cuidado por encima de la desesperación”, afirmó entonces Vaughan, hoy convertido en un banquero de 25 años residente en Manhattan.
Escapar y ayudar
Otros protagonistas de fotografías del 11-S coinciden en algo. El instante que la cámara congeló fue apenas el comienzo de una historia más larga, que incluyó la culpa del sobreviviente, la rehabilitación física y emocional, y vínculos con desconocidos que terminaron siendo determinantes para seguir con vida.
Joanne “Jojo” Capestro, de 39 años, era asistente de ventas en el piso 87 de la Torre Norte cuando el edificio se sacudió.
Bajó las escaleras junto a sus colegas, aunque el corredor de bolsa Harry Ramos se detuvo en el piso 30 para ayudar a alguien. “Te veo afuera”, recordó haberle dicho. Ramos fue el único empleado de su firma que no logró salir del edificio.
Capestro alcanzó a escapar justo cuando la Torre Sur se derrumbó.

“Todo era blanco cuando abrí los ojos”, relató. “De verdad pensé que había muerto”.
El fotógrafo Phil Penman la retrató minutos después, mientras buscaba desesperada a sus compañeros.
La culpa del sobreviviente la acompañó durante meses, según relató al medio neoyorquino. “Estaba realmente muy, muy mal”, dijo. “Me llevó meses reaccionar y decir: ‘Tengo que dar lo mejor de mí’”.
En 2014, Capestro donó al Memorial y Museo del 11-S la ropa cubierta de polvo que llevaba aquel día. Un curador la reconoció después en las fotografías de Penman y los presentó. Hoy es asistente ejecutiva en la financiera Oppenheimer & Co.
En 2018, le pidió a Penman que fotografiara su matrimonio. “Phil estuvo conmigo en el peor día de mi vida, y Phil estuvo conmigo en uno de los mejores días de mi vida”, afirmó Capestro.
El ingeniero de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, Srinath Jinadasa, trabajaba en el piso 74 de la Torre Norte.
Antes de huir, hizo una sola cosa: regó las flores de su oficina porque temía repetir lo ocurrido tras el atentado de 1993 contra el World Trade Center, cuando a mediodía del 26 de febrero terroristas financiados por un miembro de Al Qaeda detonaron un camión bomba en el subterráneo de la Torre Norte.
De ese ataque, seis personas fallecieron y 1.042 resultaron heridas.
En aquella ocasión había dejado sus plantas muertas durante meses. “En esas circunstancias, uno no piensa con lógica, supongo”, dijo Jinadasa.

“Haces cosas que no tienen sentido”. Cuando la nube de polvo del derrumbe se disipó frente a él, en el vestíbulo, pensó que iba a morir.
“Sigo aquí”, recordó haber pensado con sorpresa. Se jubiló en 2012 de la Autoridad Portuaria y hoy vive en Jacksonville, Florida, a sus 84 años.
Dice que el 11-S está siempre presente en sus pensamientos, en particular por la guerra en Afganistán que Estados Unidos lanzó en respuesta a los ataques y que concluyó en 2021, dos décadas después de iniciada. La fotografía cuelga en su casa.
“No me sueltes”
Michael Sauer tenía 34 años y era bombero voluntario cuando corrió hacia la Zona Cero para sumarse a las labores de búsqueda y rescate.
Pasó el día rastreando lo que los bomberos llamaban “el montón” en busca de señales de vida. “Caminas por ahí, atento a cualquier ruido o señal de vida”, relató Sauer. “Para eso estás allí, para intentar ayudar y, con suerte, poner a alguien a salvo”.

Fue mientras se enjuagaba la boca en un grifo cuando el fotógrafo Yoni Brook le tomó la fotografía que lo haría reconocible. Sauer, hoy de 59 años, sigue siendo bombero voluntario en el Departamento de Bomberos de Woodmere y todavía envía un mensaje a Brook cada aniversario del atentado.
“Tenemos un vínculo especial”, afirmó Sauer. “Es un vínculo que surgió de aquel día, y de que él me haya inmortalizado en la historia”.
Dominic Guadagnoli era alguacil adjunto de Estados Unidos cuando corrió hacia las torres para ayudar a evacuar a sobrevivientes.
En un momento, vio a dos hombres exhaustos que sostenían a una mujer a punto de desmayarse y la cargó en brazos, una escena que la fotógrafa Gulnara Samoilova capturó en cámara.
La mujer, supo después, era Donna Spera, quien había sido lanzada por el impacto del segundo avión en el piso 78 de la Torre Sur.

“No me sueltes, no me sueltes”, recordó que le decía. Le dijo que estaría bien y que pronto vería a su familia. “Intentaba entablar conversación en medio del infierno”, recordó.
La cargó cerca de 50 metros y ayudó a subirla a una ambulancia antes de volver a auxiliar a otras personas.
Minutos más tarde, Guadagnoli resultó herido en la cabeza y la córnea cuando la Torre Sur colapsó. Esa noche, ya en su casa, no pudo dormir y escuchó los camiones de bomberos que seguían dirigiéndose a la Zona Cero.
A través de sus contactos, supo días después que Spera había sobrevivido, y más tarde se reunió con ella y su esposo para almorzar. “Durante mucho tiempo, tenía tres desencadenantes (de crisis): aviones, sirenas de bomberos y cualquier ruido fuerte”, contó Guadagnoli. “Me sobresaltaba muchísimo. Me ponía a temblar”. Dice que la terapia lo ayudó a procesar lo vivido, aunque el aniversario del atentado todavía le genera nerviosismo.
Hoy, retirado del Servicio de Alguaciles y radicado en Pensacola, Florida, todavía envía flores a Spera cada 11 de septiembre.
La Pietà de 2001
Shannon Stapleton era fotógrafo independiente cuando un editor de Reuters le pidió que se dirigiera al World Trade Center. Tomó fotos de la gente que huía y del derrumbe de la Torre Sur, hasta que vio a paramédicos sacando a un hombre de entre los escombros.
No sabía en ese momento que la víctima era el padre Mychal Judge, capellán del Departamento de Bomberos de Nueva York. “Enseguida supe que era importante”, recordó. Su cámara digital, comprada poco antes para mejorar su trabajo profesional, le permitió revisar las fotos de inmediato.

Según aseguró al Journal, cree que ese detalle pudo haberle salvado la vida, porque la certeza de tener buenas tomas lo disuadió de adentrarse más en el edificio. Empezó entonces a pensar en su esposa, embarazada, y a temer que la otra torre colapsara. Estaba a dos cuadras cuando ocurrió.
Días después, cuando la imagen y la historia del capellán ya circulaban, Stapleton recibió una carta de la hermana gemela y la sobrina del sacerdote.
“Me hizo llorar”, dijo. “Me agradecían por arriesgar mi vida y tomar esa fotografía para que el mundo viera a la persona increíble que era”.
Muchos llamaron a la foto una Pietà moderna. “Era celestial”, dijo sobre la imagen. “Se parece a cómo yo imagino se vería un ángel. Fue surrealista”. Stapleton tiene hoy 57 años y, según su página web, sigue trabajando como fotógrafo de Reuters.
A 25 años del atentado, esas historias volvieron a cobrar relevancia con el estreno de 9/11: Reunited, una miniserie documental de National Geographic realizada junto al 9/11 Memorial & Museum, según reportó el sitio especializado Ars Technica.
La producción reunió a sobrevivientes cuyos caminos se habían cruzado aquella mañana, entre ellos Bill Spade, bombero de Rescue Company 5 que quedó atrapado bajo los escombros de la Torre Norte y logró salir con vida. “He contado mi historia al menos 400 veces y ahora, cuando la cuento también trato de hablar sobre lo que no he dicho del todo”, dijo Spade al diario mexicano Milenio.
“No queremos que estas personas sean olvidadas”, afirmó Spade.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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