Por Bastián Díaz
A 25 años del 11 de septiembre: el día en que cambió el mundo
Desde el concepto de amenaza terrorista hasta el tiempo que tardamos en el interior de un aeropuerto, los ataques del 11 de septiembre de 2001 no solo marcaron a una generación de estadounidenses: sus consecuencias se extendieron por Medio Oriente, Europa y el mundo.

El primer acto del siglo XXI: el martes 11 de septiembre de 2001, el país que era considerado la gran potencia mundial, sin ningún otro poder que se le equiparase, recibió un ataque mortífero en su propio territorio, en su ciudad más poblada y en el centro del poder económico. Televisada para todo el mundo y sin necesidad de traducción, la coalición de aviones contra las Torres Gemelas, el Pentágono y Pennsylvania dio cuenta de una nueva amenaza mundial hasta entonces mirada en menos: el terrorismo yihadista.
En entrevista con La Tercera, distintos analistas explican cómo los ataques del 2001 cambiaron la manera en que vemos el terrorismo, las consecuencias que tuvieron a largo plazo en la política internacional y, en fin, cómo ese fatídico martes definió los 25 años que le siguieron.

Seguridad en aeropuertos
Una de las cosas más fáciles de constatar es cómo han cambiado los controles de seguridad en los aeropuertos. Al respecto, un artículo de la cadena NPR recuerda: “Ahora cuesta creerlo, pero antes podíamos llegar al aeropuerto solo unos minutos antes del vuelo. Pasábamos por un sencillo detector de metales con los zapatos y el abrigo puestos, y prácticamente cualquiera podía ir directamente a la puerta de embarque sin tarjeta de embarque, ni siquiera mostrar un documento de identidad”.
En ese tiempo, la seguridad de los aeropuertos norteamericanos era trabajo de empresas privadas, en general contratadas por las aerolíneas, y no había estándares muy altos a seguir: en general, se hacía lo menos posible. Jeff Price, que trabajaba en la seguridad del Aeropuerto Internacional de Denver en 2001, explicó a NPR: “Antes del 11-S, la seguridad era casi invisible y estaba diseñada para que fuera así. Era algo que estaba en el fondo, la idea era que no se pudiera notar, y que no interfiriera con las operaciones del aeropuerto”.
En entrevista con La Tercera, Joseph Schwieterman, experto en transporte público de la DePaul University, detalla: “Hoy en día cuesta creer lo laxa que era la seguridad en algunos aeropuertos antes del 11 de septiembre. Ni siquiera hacía falta tarjeta de embarque. Se utilizaban equipos de rayos X, pero rara vez te detenían para revisar el equipaje de mano.”
En ese sentido, el analista agrega que desde entonces hasta ahora, se ha vuelto una idea común la de llegar dos horas antes a un vuelo, debido a las filas de seguridad. En su opinión, esto ha agregado más personas que esperan dentro de los terminales, volviendo la experiencia del aeropuerto más congestionada y estresante.
“Por muy estresante que se haya vuelto el proceso de seguridad, sin duda ha creado un entorno más seguro. La combinación de unas filas de seguridad más estresantes y aviones que despegan completamente llenos ha hecho que volar parezca menos despreocupado y agradable que antes del 11 de septiembre”, indica Schwieterman.

La amenaza del terrorismo
Aunque durante el siglo XX hubo varios ejemplos de ataques terroristas en el mundo, las colisiones contra las Torres Gemelas definieron la “amenaza terrorista”, al menos en la década de los 2000. Durante los 90, los gobiernos occidentales les temían mucho más a las armas químicas y biológicas, sobre todo luego del ataque de Aum Shinrikyo en el Metro de Tokio.
Al respecto, Katharine Petrich, experta en contraterrorismo del Middlebury Institute of International Studies at Monterey, indica a La Tercera que aun si el terrorismo existía antes del 2001, fueron los ataques del 11-S los que llevaron “la idea a casa”: “Antes del 11 de septiembre, el principal ataque terrorista en la experiencia estadounidense fue el atentado de Oklahoma City en 1995. La lucha contra el terrorismo se convirtió en el eje rector de las operaciones de seguridad estadounidenses en el extranjero tras el 11 de septiembre, sustituyendo en muchos aspectos a la amenaza existencial del comunismo, que se había disipado tras el fin de la Guerra Fría”.
En ese sentido, Petrich comenta que uno de los cambios más interesantes ocurridos en la lucha contra el terrorismo tuvo que ver con la vigilancia al financiamiento de esto: “El mayor impacto mundial del 11 de septiembre fue, en realidad, la reestructuración del sistema financiero internacional, que desarrolló e integró muchas más normativas contra el blanqueo de capitales y de ‘conocimiento del cliente’ con el fin de frenar el financiamiento del terrorismo”.
El profesor de seguridad nacional y ciberseguridad de la Universidad de Albany, Brian Nussbaum, comenta a La Tercera: “El terrorismo pasó de ser un tema de política pública relativamente marginal a uno central tras el año 2001, y si bien había sido excesivamente ignorado antes del 11 de septiembre, es probable que posteriormente adquiriera un protagonismo desmedido en la formulación de políticas”.
En su opinión, algunas medidas sencillas, como reforzar las puertas de las cabinas de los aviones y mejorar el intercambio de información entre organismos, tenían mucho sentido. “Sin embargo, también hubo excesos, tanto en el gasto destinado a la lucha antiterrorista en zonas de menor riesgo como en los compromisos asumidos a costa de las libertades civiles, los derechos humanos y otros objetivos de política exterior”, subraya el experto.

Los riesgos hoy en EE.UU.
Petrich y Nussbaum comentan que aun luego de años en que la “amenaza yihadista” estuvo presente y efectivamente se dieron numerosos ataques islamistas en el mundo, hoy por hoy, al menos en Estados Unidos, el terrorismo no viene de Medio Oriente.
“En el caso de Estados Unidos, lo que más me preocupa son los grupos reducidos y los actores solitarios motivados por ideologías de extrema derecha, supremacía blanca o aceleracionismo. Me inquieta especialmente el aparente aumento de la radicalización juvenil en torno a estas cuestiones, sobre todo en Estados Unidos. Los grandes y sofisticados grupos yihadistas, como Al Qaeda y el Estado Islámico, siguen representando una amenaza en África, y particularmente en el Sahel, pero su capacidad e interés para perpetrar un atentado al estilo del 11 de septiembre en Estados Unidos es muy baja en 2026”, señala Petrich.
Nussbaum comparte el diagnóstico: “El terrorismo yihadista sigue siendo una amenaza grave, pero, desde el 11 de septiembre, el terrorismo perpetrado por supremacistas blancos, extremistas antigubernamentales y otros grupos ha resultado, en conjunto, más letal en Estados Unidos. Asimismo, nuevas formas de terrorismo basadas en la misoginia y en motivaciones asociadas a los ‘incels’, así como diversas teorías conspirativas, también se han convertido en amenazas serias”.
Al respecto, Nussbaum apunta a que aun cuando los ataques islamistas han causado gran cantidad de muertos en los últimos años, una mayor cantidad de ataques pequeños han sido cometidos, desde 2001, por lo que el think tank New America define como “atacantes desde extrema derecha”. Y que, en efecto, estos últimos “han terminado matando más gente que los anteriores”.

La nueva política global
A finales del siglo XX, Estados Unidos era la gran a indiscutida potencia global: sin par en lo económico o lo militar, en ese tiempo la “victoria ideológica” de la democracia liberal parecía total. Algo de eso comenzó a derrumbarse con los ataques del 11 de septiembre, que concentraron los posteriores esfuerzos norteamericanos en Medio Oriente.
Mientras Estados Unidos peleaba “guerras eternas” en Afganistán e Irak, China y Rusia comenzaron a recuperarse y amenazar más seriamente a Taiwán y Crimea, respectivamente. Al respecto, el especialista en relaciones internacionales de la Carleton University, Aaron Ettinger, señala: “En 2001, Estados Unidos invadió y ocupó Afganistán, primero para eliminar a Al Qaeda y luego para evitar que ese país se convirtiera en una base de operaciones para terroristas. Ese segundo objetivo se transformó en un programa de construcción nacional de 20 años, que terminó en fracaso. Tras la retirada de Estados Unidos de Afganistán en 2021, los talibanes regresaron al poder”.
Al respecto, Ettinger recuerda que la década de los 2000 fue considerada por la revista Time como “la década del infierno”, tanto por las guerras que convirtieron Medio Oriente en el gran teatro de la política mundial, como por la recesión económica de 2008. “El 11 de septiembre de 2001 seguirá siendo una fecha clave en la historia de Estados Unidos. Para los estadounidenses, marca el fin del período posterior a la Guerra Fría y el inicio de la era de la ‘guerra contra el terrorismo’. Durante la década de 1990, hubo una considerable intervención militar, presión económica e influencia ideológica por parte de Estados Unidos en todo el mundo, todo ello con el objetivo de consolidar el capitalismo democrático liberal. Sin embargo, tras 2001, la mentalidad estadounidense se orientó hacia una gran estrategia destinada a eliminar el terrorismo, especialmente aquel que contara con armas de destrucción masiva”, indica el experto.
“Para 2008, las guerras de Irak y Afganistán se habían convertido en empresas fallidas. Los problemas se vieron agravados por la crisis económica mundial, que amenazaba el orden financiero global posterior a la Guerra Fría. Al llegar a la década de 2010, se observaron levantamientos populistas en todo el mundo contra sistemas políticos y económicos que parecían estar rotos. El Brexit y el ascenso de Trump son síntomas de ese descontento”, comenta Ettinger, que ve precisamente un punto de quiebre en 2008, no solo en la crisis económica mundial, sino también en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
“Sitúo el surgimiento de China como superpotencia en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008, momento en que anunció su poderío al mundo. Hacia finales de la década de 2010, China ya tenía la fuerza suficiente para rivalizar con Estados Unidos en el Pacífico Occidental, aunque no a escala global. Hoy en día, China intenta construir un orden mundial centrado en sí misma, en paralelo al que Estados Unidos estableció tras la Segunda Guerra Mundial. En 2026 coexisten en el mundo múltiples órdenes políticos que se superponen entre sí”, señala Ettinger.
Al final, comenta el experto, “el modo en que Estados Unidos respondió al 11-S aceleró su propio declive”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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