La vida después de MAGA: el grupo que ofrece una “salida” para los derechistas que cuestionan el trumpismo
La organización estadounidense Leaving MAGA equipara el proceso de abandonar el movimiento creado por Donald Trump con salir de una adicción o de una secta religiosa.

Stephania Messina tuvo cinco hijos varones. En la iglesia cristiana conservadora Quiverfull, en las afueras de Detroit -estado de Michigan- se convirtió en una figura popular.
Según la doctrina de su culto cristiano, el carcaj representa el útero, destinado a llenarse con tantas flechas -metáfora de los hijos- como sea posible lanzar al Señor. “Me trataban como a la Virgen María, como a un regalo para la iglesia”, dijo Messina al diario británico The Guardian.
La congregación la impulsó a dirigir grupos de estudio bíblico para mujeres y niños, pero no le permitía hablar de política. “No era mi responsabilidad votar ni saber por quién votar. Solo debía someterme a mi esposo y hacer lo que él considerara necesario”, dijo Messina. “Me estaban adoctrinando en el nacionalismo cristiano”.

Messina renunció a su trabajo, optó por el voto familiar y se dedicó a la educación en el hogar y a la vida autosuficiente en una granja, como parte del movimiento Make America Healthy Again (MAHA), a comienzos de la década de 2010.
Cuando Trump lanzó su primera campaña presidencial, la iglesia comenzó a describirlo como “el elegido de Dios”.
Messina nunca militó con la gorra roja característica del movimiento político, pero empezó a cuestionarlo en los primeros días de la pandemia de Covid-19.
Como terapeuta respiratoria, vio a Trump cambiar de postura a diario sobre la vacuna, mientras su pastor calificaba las cuarentenas como “un intento demoníaco del Estado profundo -Deep state- para mantener a la gente fuera de la iglesia”. Buscó ayuda psicológica y llegó a describir esos años dentro de MAGA como “una psicosis religiosa”.
Se alejó de la iglesia en 2021, según relató al medio británico. La consideraron una extraña, pero sintió la necesidad de proclamar en redes sociales su salida de MAGA. “Empecé a hablar para crear conciencia. Estaba muy involucrada”, dijo. Se sentía sola.
Años después contactó al grupo Leaving MAGA -Dejando MAGA-. “Leaving MAGA trata de normalizar el abandono”, dijo Messina. “Y es especialmente importante ahora, ya que creo que la burbuja de MAGA está estallando”.

Iniciada en 2024 y convertida después en una organización sin fines de lucro, Leaving MAGA ofrece una vía de salida del movimiento que transformó al Partido Republicano. La premisa central es que abandonar la identidad MAGA funciona menos como un cambio de opinión y más como dejar un grupo religioso de control estricto.
Los orígenes de la ruptura
Rich Logis, fundador de Leaving MAGA, se sintió atraído por la energía destructiva y refundacional que proyectaba Trump en 2016 y votó por él ese año y en 2020. Según apuntó The Guardian, pasó casi una década como uno de los militantes más comprometidos del movimiento, escribiendo guiones para llamadas de campaña, registrando votantes y comentando en la cadena televisiva Fox News.
Su ruptura se produjo tras el tiroteo de Uvalde, Texas, en 2022, que dejó 19 niños y dos profesores muertos.
Logis dijo que ya no podía conciliar sus propios valores con la respuesta que anticipaba de los seguidores de Trump. Meses después publicó una disculpa pública por haber apoyado al mandatario, lo que lo llevó a fundar el movimiento que hoy dirige.
“Tuve que hacer un ajuste de cuentas y reconocer que había sido culpable y cómplice al ayudar al presidente a dividir nuestro país y amplificar teorías conspirativas que resultaron en muerte, sufrimiento y trauma innecesarios”, dijo Logis.
Con esa autocrítica construyó Leaving MAGA en redes sociales.
“Hay más personas que nunca dentro de MAGA que empiezan a tener dudas y confusión”, aseguró Logis. “Intentamos contrarrestar la toxicidad de la comunidad MAGA proporcionando una vía de salida y una comunidad donde las personas puedan convertirse en lo que yo llamo ‘un ser humano renacido’ y recuperar su individualidad, su empatía y su capacidad de decisión”.
Los líderes de MAGA han definido el movimiento como uno que aboga por la soberanía económica, fronteras seguras y una política exterior de “Estados Unidos primero”, dijo la teórica política Laura K. Field, autora del libro Furious Minds, a The Guardian. “Pero un elemento de MAGA que se subestima es su dimensión de construcción de comunidad”, afirmó.
El pegamento que mantenía unida a esa comunidad era “mentiras y falsedades” y una “adicción al miedo y la rabia” alimentada por la desinformación, afirmó Logis.
“(En MAGA) tenía una peligrosa creencia en ‘ellos’. Unos ‘ellos’ que intentaban restringir mis derechos, adoctrinar a mis hijos, quitarme las armas y reemplazar a la gente blanca con gente de color y extranjeros”, dijo.
Logis y Messina describieron su salida como un proyecto para reconstruir la empatía que MAGA reprimió. “Cuando empecé a escuchar a quienes me habían dicho que no escuchara -a las feministas, quienes eran tildadas de ‘incitadoras al odio racial’, o los creadores trans- mi empatía regresó”, relató Messina.
Ninguno de los dos busca cambiar la opinión de quienes aún simpatizan con MAGA. La idea es que quienes ya dudan sepan que existe apoyo del otro lado. “Mi filosofía es no participar en debates con personas que pertenecen a MAGA”, dijo Logis. “No intento bombardear ni abrumar a la gente con datos ni con propuestas políticas”, agregó.
Alcance y métodos
Logis y otros representantes del grupo difunden su mensaje en transmisiones en vivo de Instagram y videos de TikTok. Uno de los métodos más efectivos ha sido la publicidad en vallas publicitarias.
Casi 40 gigantografías se han instalado en 27 estados este año, con un mensaje simple, “¿Tienes dudas? No estás solo”, según se pueden ver en su perfil de Instagram.

Logis afirmó que más de medio millón de personas visitaron el sitio web del grupo el año pasado, y que una cifra similar lo ha hecho en lo que va de este año. Ahí es posible suscribirse a un boletín con testimonios, acceder a una guía para hablar con familiares dentro del movimiento y sumarse a encuentros mensuales con quienes ya se fueron.
Carter Brown, una extradicionalista que votó por Trump en 2020 y en 2024, dijo que dejar MAGA le hizo comprender que necesitaba hacer más que expresarse en línea, que necesitaba ayudar a reconstruir. Hoy, considerada lideresa de la organización disidente del movimiento ultraconservador, señala que “ha requerido deconstruir mi religión y el dogma de la teología occidental, y darme cuenta de que ni siquiera estaba viviendo como Jesús”, comentó.
Brown cambió su postura sobre los derechos de las mujeres, los derechos LGBTQ+, el capitalismo y la inmigración. Dijo que ahora vota de acuerdo con sus nuevas convicciones y colabora como voluntaria con grupos a los que antes perjudicó con su voto.
Según Logis, Leaving MAGA está creciendo a medida que las encuestas muestran una creciente impopularidad de Trump. Según el último sondeo de YouGov citado por The Economist, un 35% de los estadounidenses aprueba al mandatario republicano, mientras que un 61% lo desaprueba.
El fundador de Leaving MAGA habló con personas que renunciaron tras ser despedidas por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) -el organismo que Trump creó tras asumir su segundo mandato y dejó bajo el mando de Elon Musk-, y con otras desilusionadas por promesas incumplidas en política exterior y el alza en el costo de vida.
Messina dijo que quienes ha conocido en Leaving MAGA provienen de orígenes diversos. “Nos unimos a MAGA por diferentes razones y nos alejamos por diferentes razones”, dijo. “Aunque la derecha supo cómo manipularnos con sus algoritmos, siento que la situación está cambiando”.
El respaldo a las familias
Entre otras cosas, Leaving MAGA tiene un grupo de apoyo en línea que está dirigido a quienes tienen un ser querido dentro de MAGA. Entre ellos hay cónyuges, hijos adultos, padres, hermanos y amigos que han visto a un ser querido transformarse debido al movimiento trumpista, según explicó la facilitadora del grupo, Julianna Forlano, a The Guardian.
Forlano, terapeuta de profesión, ha trabajado con familias de personas con trastorno narcisista de la personalidad y en procesos de recuperación de adicciones. Dijo que esas rupturas tienen que ver con el comportamiento dentro de las familias y las relaciones entre padres e hijos, más que con las ideologías políticas.
Forlano y su grupo tratan como una enfermedad el impacto psicológico del miedo producido a través de desinformación y teorías conspirativas de MAGA. “La mente funciona como una buscadora de dopamina”, señaló, y comparó la búsqueda de la siguiente noticia alarmante con la ansiedad de un cerebro adicto a su próxima dosis.
Quienes consumen de forma constante ese contenido adoptan una mentalidad de “con nosotros o contra nosotros” y, en conclusión, ven a sus seres queridos como amenazas.
Aclaró que tener determinadas creencias políticas no equivale a estar enfermo. Lo que el grupo busca abordar es el patrón compulsivo de búsqueda de amenazas que se superpone a esas creencias.
Las historias que comparten en la organización disisdente los integrantes muestran cómo la ruptura altera la vida cotidiana. Por ejemplo, una participante se casó con un integrante de una familia latina con la bendición de sus padres, hasta que los escuchó usar insultos racistas contra personas mestizas. Debido a lo anterior, decidió que ya no pueden formar parte de su vida.
En lugar de animar a los integrantes a romper lazos o a insistir en el debate basado en hechos, el grupo enseña paciencia y ofrece un espacio para comprobar que no están solos. Se les enseña a mantener abierta la puerta, a esperar sin insistir ni discutir.
El primer paso, según Forlano, fue admitir que lo intentado hasta entonces no había funcionado y dejar de pelear. El conflicto suele disminuir cuando una de las partes deja de resistirse. A partir de ahí el trabajo consiste en un duelo, llorar la relación tal como era y reconstruir la autoestima junto a otras personas que viven lo mismo.
“El apoyo de la comunidad ha sido sanador”, afirmó Forlano. “Ayuda a la gente a reencontrarse consigo misma”.
La vida después de la salida
Salir de MAGA es un proceso distinto para cada persona. Logis apoya ahora a los demócratas. Messina fue más allá. “Me considero socialista democrática al 100%”, dijo. “Soy miembro de la DSA. Mi hijo también”. Se convirtió en defensora activa de Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan, y contó que su esposo y los amigos de su hijo se volcaron con fuerza contra Trump en los últimos dos años.
Eso no ha ocurrido con toda su familia. Su madre, de 64 años, votó dos veces por Trump y todavía lucha por dejar atrás el discurso que presenta a los demócratas como enemigos.
Pero Messina ha ido ganando influencia de a poco. Ha hablado con su madre sobre la misoginia, la interseccionalidad y el privilegio de las mujeres blancas dentro de MAGA. Sus discusiones solían terminar en gritos, pero aprendió a no cortar la comunicación. “Cortar la comunicación por completo solo aumenta la división”, afirmó.
El grupo sigue lidiando con preguntas sobre el perdón. Logis dijo que Leaving MAGA recibe con regularidad mensajes hostiles. Entiende la ira, señaló, pero sostuvo que un movimiento construido solo en torno al castigo de la deserción no ofrece ningún incentivo para que otros se vayan.
“No le pido a nadie que me aprecie. Ni siquiera pido perdón”, afirmó Messina. “Solo espero que tomen en serio lo que tengo que decir y lo crean, porque no tengo nada que ganar excepto la esperanza de que podamos lograr un cambio”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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