Seducción primero, anulación después: ¿se puede reconocer y convivir con una persona narcisista?
Las estadísticas dicen que 7 de cada 100 habitantes tienen rasgos narcisistas: el segundo trastorno más frecuente después del obsesivo-compulsivo. Hay corrientes psicológicas que creen que este tipo de personas -con marcados sentimientos de superioridad y falta de empatía- no tienen remedio. Otras, sin embargo, apuestan por la ayuda terapéutica para lograr relaciones afectuosas más sanas. Aquí, una mujer con un marido narcisista y dos especialistas arman el rompecabezas de un cuadro que bien podría definirse como el de los “lobos con piel de oveja”.

Ana María (65 años, su nombre ha sido cambiado) recuerda vívidamente cuando conoció a Santiago. Durante el pololeo hubo flores, chocolates, cartas de amor, encuentros, llamadas continuas e interés permanente.
Tres décadas después, lo que antes la enamoró ahora lo identifica como la primera señal de alerta.
“Cuando recién me conoció era dulce, pero demasiado”, afirma Ana María. El encanto y las atenciones de Santiago escondían motivaciones que no eran del todo románticas. Más bien eran el indicio de una personalidad muy particular: la narcisista.
Nicolás Núñez, académico de Psicología de la Universidad Andrés Bello, la define así: “Se caracteriza por un sentimiento exagerado de superioridad por sobre el resto, una necesidad de aprobación y de admiración constante, con ciertos rasgos de falta de empatía y de atención al mundo interior de otras personas”.

Para alimentar estas carencias, los narcisistas atraen a sus víctimas desplegando un carácter encantador, que desaparece por completo cuando logran conseguir lo que necesitan. De ahí que existan tantos hombres y mujeres narrando historias de fracasos matrimoniales que comparten una frase en común: “Él/ella no es la persona de la que me enamoré. Es alguien completamente distinta”.
“Son encantadores… encantadores de serpientes”, dice el psiquiatra de la red UC Christus Pablo Toro.
Nicolás Núñez agrega que cuando los rasgos narcisistas se exacerban, deterioran la capacidad de adaptación y funcionalidad en la vida social y laboral, “lo que genera consecuencias negativas para las relaciones personales, para el trabajo y la vida cotidiana, porque interfieren con la capacidad de formar conexiones para funcionar en la vida”.
Santiago conquistó a Ana María con gestos, pero después de que la relación se hizo más cercana y hubo más compromiso, él se volvió distante y lejano.
“Todas las relaciones cambian, pero esto fue demasiado notorio”, cuenta Ana María. “En la vida cotidiana, con todas las personas él es extremadamente acogedor, agradable, buen conversador. Sin embargo, conmigo, nada. Todo lo contrario. Me juzga por cualquier cosa, no me escucha, me deja hablando sola. Siempre él, primero yo, yo, yo. Cero empatía con el resto. ¡Cero empatía!”, agrega enfática.
“Lo característico de esta personalidad es que está muy centrada en sí misma. Tiene una imagen muy engrandecida y esto, en general, se acompaña de una devaluación del resto”, explica el doctor Pablo Toro.
¿Rasgos de personalidad o trastorno?
“Todas las personas tenemos ciertos rasgos de personalidad, obsesivos, ansiosos. Sin embargo, cuando empiezan a generar problemas alrededor nuestro y esto no es sólo sufrimiento para nosotros mismos, sino también para los demás, entonces se transforman en un trastorno de la personalidad”, advierte el siquiatra.
Según datos del especialista, la prevalencia del trastorno narcisista en la población es de un 7%: es el segundo más frecuente después del obsesivo-compulsivo.
El narcisismo no se da de la misma forma en todos los individuos, aclara Pablo Toro. Quienes lo padecen se mueven en un espectro que va desde tener algunas características hasta sufrir del trastorno de personalidad narcisista-maligno: el más severo, que se acerca a la psicopatía por la falta de empatía y culpa.
“A veces hay personas narcisistas que, sin embargo, logran tener algún grado de empatía, ya que generan mecanismos de regulación”, agrega el psicólogo y académico UNAB Nicolás Núñez.
Esta pequeña muestra de entendimiento, por ejemplo, ha permitido que la relación entre Ana María y Santiago haya durado décadas.
“Eso sí, los narcisistas no tienen ninguna conciencia de que tienen una característica que está dificultando la relación. Tienden a minimizarlo”, explica Núñez.
Uno de los mecanismos más dañinos de la relación que describe Ana María es lo que ella llama la anulación. “Todo lo que tú haces no es válido, no tiene importancia”, relata, y reproduce una frase que dice haber escuchado muchas veces: “Que tú cocines, que limpies, no me sirve. Eso lo puedo hacer yo también, así es que no eres tan necesaria”.
El psicólogo Nicolás Núñez explica que no vale la pena esperar que el narcisista reconozca que el otro es valioso. “Nunca llega, nunca entregan ese reconocimiento. Siempre es para ellos o ellas mismas”, afirma.

A eso se suma la proyección de la culpa. “Todo lo que él hace, todo lo malo, se lo achaca a otra persona, no asume”, dice Ana María.
Pablo Toro, psiquiatra de la red UC Christus, confirma que esto no es casualidad: Mientras más grave es el trastorno, más tienden a culpar al resto de lo que les pasa.
“Las personas narcisistas, por lo general, dirán que el resto tiene la culpa, reinterpretarán la realidad de una forma que muestra que no tienen esa capacidad de tomar conciencia”, aclara Nicolás Núñez, académico UNAB.
Estrategias intuitivas
Cuando se le pregunta a Ana María cómo ha sostenido la convivencia, su respuesta mezcla resignación con un método que ha desarrollado con el tiempo. “Cuando convives con una persona así, o te vas o la aceptas sin que te afecte. En mi caso, indudablemente, todo lo que me dice me llega. Pero como ya lo conozco, digo: ‘Ah, es así’”, dice.
Las hijas, la casa, la soledad y la vejez son variables que Ana María, reconoce, inciden en su decisión de quedarse junto a Santiago.

“Cuando tú le das afecto, cariño y no le rebates, él se siente súper bien. Le gusta que lo alaben, que tú vibres con sus cosas y le digas: ‘Te pasaste’”. Así, ella logra llevar la fiesta en paz y evitar los roces.
Entre su repertorio de tácticas también está pedir las cosas de una determinada manera y usar el silencio como herramienta.
“Cuando a él le da la rabieta, no nos hablamos en dos semanas, o más. Y yo como sola, hago todas las cosas por mi lado”, cuenta Ana María.
Lo más importante, agrega, es que ha aprendido a restarle peso a sus acusaciones: “Ahora me da lo mismo lo que él me diga”.
Frente a la pregunta acerca de si se puede convivir sanamente con una persona narcisista, el doctor Pablo Toro señala que depende de la relación: “Más bien del sistema que de la persona misma. Puede que exista alguien muy narcisista, pero quizá encuentra a alguien que lo aguanta”.
Nicolás Núñez, sin embargo, cree que existen estrategias que podrían favorecer la relación con este tipo de personalidades.
Las personas que viven con una persona narcisista “experimentan mucha fatiga emocional, decepción, tristeza, desazón, sentimiento de soledad, y todo eso requiere cierto equipamiento psicológico para poder sobrellevarlo”, explica el psicólogo.
“Es necesario saber cómo establecer límites de forma compasiva, amable y firme al mismo tiempo. Límites preventivos, que tienen que ver con estrategias de calmar la emoción del otro y de manejar emociones intensas en la interacción con él”, agrega.

“También incluyen ciertas estrategias de autorregulación, orientadas a desactivar, a desescalar el conflicto, a establecer límites claros y luego a sostener la ansiedad que produce sostener límites claros”.
A esto se deben sumar otras tácticas, dice el académico UNAB: por ejemplo, crear espacios habituales de conversación en la pareja para que puedan identificar focos de conflicto y también establecer rutinas de autocuidado.
Tips para llevar la relación con un narcisista
El psicólogo y académico de la Universidad Andrés Bello Nicolás Núñez señala cuatro consejos para la contraparte que se relaciona con una persona narcisista:
- Buscar una red de apoyo que le permita al narcisista reflexionar acerca de sus sentimientos. Las personas con rasgos o trastorno de la personalidad narcisista tienen un discurso que hace que su compañero siempre sienta que es él o ella quien tiene el problema. “Como pierde un poco la perspectiva, el sentido de realidad, compartirlo con otros ayuda a ver la situación tal cual es. Hay gente que tiene vergüenza de contar sus experiencias con sus parejas porque son difíciles. Pero los secretos o esta información oculta sólo generan que la persona se confunda aún más”.
- Consultar y recibir información. Hay que saber que este es un problema complejo, que no se va a solucionar simplemente con esfuerzo. “Hay personas que creen que con amor y dedicación podrán cambiar a su pareja, pero esto es parte de una estrategia, que requiere compromiso y orientación profesional”.
- Desarrollar autorregulación y autocuidado. “Me parece súper importante entender que emparejarse con un narcisista es estar sometido a un mayor nivel de presión en la relación. Por lo tanto, es necesario reconocer que se necesitará un mayor autocuidado emocional, más instancias para pasar tiempo fuera, y para realizar actividades de forma autónoma”, dice Nicolás Núñez.
- Autocuidado de la relación de pareja. “Esta va a ser una relación donde las emociones negativas probablemente van a ser más frecuentes, y por lo tanto hay que hacer más esfuerzo por generar tiempo de calidad, por intencionar momentos de autocuidado para compartir instancias de conexión”, explica Núñez.
¿Existe un tratamiento?
Hay una corriente dentro de la psicología que postula que las personas narcisistas no cambian, y que la única solución es romper el vínculo y tomar distancia.
El psiquiatra de la Red UC Christus Pablo Toro no la descarta, pero la matiza: “Depende de la gravedad. Aunque los narcisistas, según ellos, ‘nunca se equivocan’, las experiencias psicoterapéuticas profundas pueden cambiar a las personas. Si alguien es muy narcisista y ve que le va mal en sus relaciones de pareja, después de algunos fracasos quizá sea capaz de plantearlo como un problema”.
El especialista afirma que estas transformaciones, por ejemplo, pueden darse con mayor frecuencia motivadas por la soledad y el envejecimiento.
Nicolás Núñez es optimista respecto a los casos donde ambas partes se comprometen: “No digo que sea seguro que una relación así pueda funcionar, pero hay casos documentados que, con acompañamiento terapéutico y compromiso, logran el éxito”. Eso sí, el académico UNAB insiste en que no hay una fórmula simple: “No es sólo buscar un terapeuta genérico. Tiene que ser ayuda especializada, con un modelo terapéutico sólido”.
Ana María, tras 30 años de ensayo y error, crisis y momentos difíciles, tiene su propia mirada: “No es por justificarlo, pero he leído historias de mujeres de narcisistas que, si no terminan muertas, terminan destrozadas”. Por eso, ella traza su límite cuando le dice s Santiago: “Cuidadito con andar humillándome. Y si alguna vez eres más grosero conmigo, te voy a denunciar”.
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