Cómo mantener la autonomía, la funcionalidad y el bienestar a lo largo de los años
La esperanza de vida aumenta y Chile se transforma en una sociedad cada vez más longeva. Frente a este escenario, la actividad física, la autonomía y la participación social cobran un papel clave para que vivir más también signifique vivir mejor.

La esperanza de vida de los chilenos ha aumentado en las últimas décadas, un aumento notable que nos destaca en el continente. De acuerdo a un estudio de World Population Review somos el segundo país con mayor esperanza de vida en América, con un promedio de 81,36 años, solo superado por Canadá, con 83,18 años. Además, este informe señala que la esperanza de vida varía según el género, ya que las mujeres chilenas tienen una esperanza de vida promedio de 83,58 años, mientras que los hombres alcanzan los 79,08 años.
Sin embargo, este aumento en la esperanza de vida deja un gran desafío: mantener la funcionalidad al envejecer. “La funcionalidad suele asociarse exclusivamente a la capacidad física, pero su significado es mucho más amplio. Implica la posibilidad de decidir cómo queremos vivir, integrarnos activamente en la comunidad, mantener relaciones significativas y conservar el control sobre nuestra propia existencia. Cuando esta se ve afectada, también disminuye la independencia y aumenta la necesidad de apoyo para realizar actividades de la vida diaria”, explica Margarita Frias, académica de Kinesiología Universidad de Las Américas, Sede Concepción.
La académica explica que la funcionalidad no se pierde de un día para otro; por el contrario, se fortalece o deteriora a través de pequeñas acciones cotidianas. La disminución de la fuerza muscular, el equilibrio o la movilidad, suele avanzar de manera silenciosa, hasta que tareas tan simples como levantarse de una silla, caminar algunas cuadras o subir escaleras, comienzan a convertirse en un desafío.
“Como sociedad, se sigue normalizando situaciones que no debieran considerarse habituales. Se escucha con frecuencia que “a cierta edad es normal quedarse en casa” o que “las personas mayores ya deben descansar”. No obstante, la evidencia demuestra que mantenerse físicamente activo, realizar ejercicios de fuerza y equilibrio, participar en espacios comunitarios y fortalecer los vínculos sociales, contribuye significativamente a preservar la funcionalidad y el bienestar”, añade Frias.
Para mantener la funcionalidad acciones tan sencillas como caminar regularmente, levantarse y sentarse varias veces desde una silla o utilizar las escaleras cuando sea posible, pueden marcar una diferencia importante en la conservación de la independencia.
El mundo se hace mayor
De acuerdo a la OMS se espera que para 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más. Para este momento se espera que el grupo de población de 60 años o más habrá subido de 1000 millones en 2020 a 1400 millones. Ante esto, la entidad entrega las siguientes recomendaciones para un envejecimiento activo:
- Mantener actividad física regularmente: las personas de 65 años o más, deberían acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, o una combinación equivalente.
- Incorporar ejercicios de fuerza: realizar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana, trabajando los principales grupos musculares.
- Trabajar equilibrio: incorporar actividades variadas que combinen equilibrio y fortalecimiento al menos tres días por semana.
- Reducir el tiempo sedentario: limitar el tiempo que se pasa sentado o inactivo y sustituir parte de ese tiempo por actividad física, incluso de baja intensidad.
- Empezar de manera progresiva: las personas que actualmente son sedentarias pueden comenzar con pequeñas cantidades y aumentar gradualmente la frecuencia, duración e intensidad, de acuerdo con sus capacidades.
- Mantener la participación y las conexiones sociales: las conexiones sociales y la participación son importantes para la salud y el bienestar.
- Favorecer la autonomía y la capacidad funcional: la OMS define el envejecimiento saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar durante la vejez. Esta capacidad depende tanto de las condiciones de la persona como del entorno en que vive.
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