Por Bárbara Pezoa
Expertos advierten que previsión, salud y empleo no están listos para el envejecimiento en Chile
En un seminario organizado por Conecta Mayor en el Centro de Innovación de la Universidad Católica, representantes de ILC, Juntos por los Mayores, Corfo y la academia coincidieron en que el envejecimiento demanda cambios urgentes en salud, seguridad económica, mercado laboral y cultura organizacional.

Un 40% de los trabajadores chilenos de entre 55 y 60 años cotiza mensualmente en el sistema previsional, diez puntos menos que el promedio de la OCDE, y la informalidad laboral en ese tramo etario bordea el 50%, según cifras expuestas durante el panel por Pablo González, gerente general de ILC, y la moderadora del encuentro, Sofía Rivas, directora ejecutiva de Conecta Mayor. Los datos se presentaron en el seminario “El activo que ignoramos: cómo el envejecimiento redefine talento, mercados y estrategia”, realizado por Conecta Mayor en el Centro de Innovación de la Universidad Católica, con la participación de representantes de ILC, Corfo y la academia.
La esperanza de vida al nacer en Chile era de 33 años en 1925 y hoy alcanza los 82 u 83, un alza de 2,5 veces en un siglo, recordó González. El proceso que en Europa tomó 120 años ocurrió en Chile en solo 30 o 40, agregó. Para el sociólogo de la Universidad Católica Eduardo Valenzuela, esa velocidad exige un cambio en tres frentes culturales: superar el edadismo, reorganizar la distribución social del tiempo —hoy basada en estudiar, trabajar y retirarse— y revalorizar la experiencia de las personas mayores frente al cambio tecnológico.
González sostuvo que el sistema de salud chileno “está orientado a sanar, no a prevenir”, con protocolos de exámenes preventivos desactualizados, y llamó a priorizar la detección temprana para ampliar la expectativa de vida saludable. En lo laboral, la nueva ley de integración de las personas mayores, promulgada el 1 de junio, crea un contrato especial y flexible para este segmento, aunque el ejecutivo advirtió que aún falta una política nacional de envejecimiento y reglamentos específicos. Desde Corfo, la gerenta de emprendimiento dinámico, Maricho Gálvez, aportó otro ángulo: la edad promedio de los emprendedores que apoya la institución subió de 35 a más de 40 años, con equipos que ya incluyen a personas de más de 70 vinculadas a proyectos de inteligencia artificial, señal de que el trabajo formal no es la única vía de inclusión económica para este grupo.
La barrera de fondo, coincidieron los expositores, es cultural. Valenzuela definió el edadismo como la asociación automática entre vejez y dependencia. Rivas citó cifras según las cuales uno de cada tres chilenos reconoce discriminar por edad y uno de cada dos personas mayores dice haber sido discriminada por esta razón, lo que —afirmó— lo convierte en una de las principales formas de discriminación del país, pese a que rara vez se identifica como tal. Gálvez agregó que buena parte de la innovación pendiente no depende de nueva tecnología, sino de rediseñar productos y servicios para una población “cada vez más activa”.
Los cuatro panelistas coincidieron en que ninguna solución será efectiva de forma aislada, y en que el desafío requiere colaboración sostenida entre empresas, Estado y academia. González anunció que ILC realizará un nuevo seminario sobre longevidad el 6 de octubre, con un invitado internacional, como parte de sus esfuerzos por instalar el tema en la agenda pública y privada.
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