Por Paulina Reyes
Fundación Portas llama a las empresas a invertir tempranamente en jóvenes y talento ante el desafío demográfico
La organización acompaña a estudiantes de primera generación durante su trayectoria en la educación superior, con programas de mentoría y alianzas empresariales. Su directora ejecutiva, María Eugenia López, plantea que esta vinculación debe comenzar antes del ingreso al mundo laboral y que preparar a estos jóvenes es también una forma de fortalecer la productividad futura.

Frente a la nueva realidad marcada por un país que envejece, con menor natalidad y un mercado laboral que cambia constantemente, la formación y desarrollo de los jóvenes adquieren un rol estratégico y clave para las empresas. Ese es uno de los focos de Fundación Portas, organización que desde hace casi 19 años acompaña a estudiantes de primera generación universitaria, principalmente provenientes de contextos de vulnerabilidad, para que puedan completar sus estudios y ampliar sus oportunidades laborales.
“Fundación Portas es una organización que nace hace ya casi 19 años, con el interés de poder fomentar, atraer y hacer posible que estudiantes primera generación logren transitar exitosamente por la educación superior”, explicó su directora ejecutiva, María Eugenia López en un nuevo programa de Hub Sustentabilidad en radio Duna. El objetivo, dijo, es que ese proceso se transforme en una herramienta de movilidad social y permita que jóvenes cuyo origen está marcado por condiciones precarias puedan acceder a mejores empleos. “Son jóvenes que hoy día tienen determinación por seguir aprendiendo, por seguir estudiando, por seguir avanzando en su vida y cuentan con el apoyo de Fundación Portas, un apoyo integral para que este camino se haga posible”.

Para López, uno de los principales desafíos del país es avanzar hacia una integración mucho mayor entre el mundo formativo y las necesidades del mercado laboral. En un país con diferencias importantes entre territorios y oportunidades, plantea que el talento no debería estar condicionado por el lugar de origen. “Somos un país largo, flaco, con distintos territorios, donde hay distintas oportunidades, definitivamente hay asimetría en oportunidades, eso es indiscutible. Pero también creo que tenemos que mirar en perspectiva”, comentó.
En esa línea, indicó que las empresas tienen un rol que va más allá de contratar a jóvenes una vez que terminan sus carreras. De esa manera, explicó que deben involucrarse antes en sus procesos de formación, entregando información sobre las industrias, las tecnologías y las capacidades que requerirá el mundo laboral. “El llamado es a que más empresas se involucren mucho antes en el sistema formativo. Esto no se trata sólo de ir a recoger luego buenos talentos que salen de las casas de estudio en cualquiera de sus niveles formativos. Se trata de involucrarse en los procesos”, planteó.
Uno de los programas de Portas busca justamente adelantar ese vínculo. La fundación desarrolla una iniciativa en liceos técnico-profesionales que conecta a estudiantes de enseñanza media con trabajadores de distintas empresas. En su tercer año, cuenta con cerca de 100 duplas entre mentores y estudiantes de tercero medio, provenientes de unas 12 o 13 empresas. Según explicó López, el foco está puesto en abrir nuevas posibilidades para las mujeres y ayudar a que los jóvenes conozcan opciones laborales que muchas veces están fuera de su entorno inmediato.
La misma lógica se aplica a los estudiantes de educación superior. Portas trabaja con mentores desde el primer año de carrera y refuerza este acompañamiento a partir del tercer año, aunque puede activarse antes si un estudiante enfrenta dudas vocacionales o inseguridad respecto del camino elegido. “Nosotros fortalecemos en eso a los jóvenes, que sean resilientes, que sean analíticos, que pidan ayuda, que no se queden en esta nebulosa de no saber cómo se ven más adelante”, explica López.
Para la directora ejecutiva, esta conexión temprana también permite reducir la brecha entre los territorios y las distintas industrias. “Hay mucho talento que no opta por distintas industrias porque simplemente no las conoce. O sea, una persona que estudia en Antofagasta no tiene idea de la industria forestal, y que estudia en Biobío no tiene idea de la industria minera”, dijo. Por eso, sostuvo que es necesario “abrir el mundo” y generar conversaciones que permitan a los jóvenes conocer distintas alternativas antes de tomar decisiones sobre su trayectoria profesional.
Desde la perspectiva empresarial, planteó que este trabajo tampoco debería entenderse solo como una contribución social. “Es productividad finalmente, es invertir tempranamente en el recurso que les va a permitir sostenerse en el tiempo”, afirma. En ese sentido, explica que el acompañamiento busca desarrollar no solo conocimientos disciplinares, sino también habilidades y actitudes que serán relevantes para desenvolverse en el trabajo. “No estoy pensando solo del ámbito disciplinar, estoy pensando en actitud, en interés, personas abiertas, dispuestas a aprender, a contribuir”.
La urgencia de esta inversión aumenta, según contó, frente a los cambios demográficos que enfrenta Chile. En un contexto donde hay menor natalidad y mayor envejecimiento, dijo que el país deberá aprovechar al máximo el talento disponible. “La inversión que hay que hacer para poder capitalizar el mayor valor de cada sujeto, y convertirle su realidad, es amplia, es amplia en tiempo y en recursos, pero yo creo que es el único camino que nos va a llevar a poder sostenernos como una sociedad un poquito más robusta”.
Dentro de ese trabajo, las mujeres usan un lugar relevante. López destacó que modificar la trayectoria educacional y profesional de una mujer puede generar efectos que trascienden su propia historia. “Mujeres que hoy día decidan transitar y cambiar su condición de origen, traen por sí solas las posibilidades de cambio de toda su estructura familiar para atrás, de toda su descendencia”, señaló. Por eso, plantea que las empresas también pueden contribuir al cambio social si impulsan a mujeres jóvenes hacia carreras y sectores con mayores posibilidades de desarrollo.
Los resultados del programa muestran, según la fundación, el impacto que puede tener este acompañamiento. Portas registra una retención cercana al 97% de sus estudiantes en la educación superior, mientras que la titulación oportuna llega aproximadamente al 81% y la empleabilidad se ubica en torno al 80%. Además, la organización cuenta con cerca de 600 jóvenes titulados, más de 400 de ellos provenientes de zonas que la propia fundación identifica como complejas.
Para López, el impacto no termina cuando un joven obtiene su título o encuentra trabajo. Muchos regresan posteriormente a sus territorios de origen con nuevas herramientas y experiencias, convirtiéndose también en referentes para sus comunidades. “Cambia toda la arquitectura y todo el sistema”, afirma. “Es muy virtuoso lo que ocurre cuando el proceso se hace y se hace bien, se hace acompañado y es exitoso finalmente”.
Por eso, el llamado de Fundación Portas apunta a que las empresas comiencen a mirar la formación de talento como una estrategia de largo plazo. “Hoy día hay probablemente escasez de empleo, pero cuando esto llegue a pleno empleo, créanme empresas, créanme que cuando esto llegue a pleno empleo, porque es un ciclo económico, van a necesitar talento bien formado y dispuesto a poder contribuir”, concluyó López.
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