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María José Navia y su debut en la novela: “Debajo de la fantasía de Oz hay un corazón triste”

Tras consolidarse como una de las grandes voces del cuento chileno, la autora publica El cielo sobre las nubes (Seix Barral). En esta entrevista repasa la obsesión que la llevó a recorrer la ruta de El mago de Oz, su sorpresivo parentesco con un guionista de El ciudadano Kane y el impacto transformador de la ficción frente a la IA.

María José Navia Foto: Isabel Wagemann.

Si hay una obsesión en la vida de María José Navia Torelli (44), es El mago de Oz. Un fanatismo que, cuenta, viene de chica. Tanto por la novela original de Lyman Frank Baum, publicada en 1900, como por la película de 1939 dirigida por Victor Fleming y estelarizada por Judy Garland, Frank Morgan, Ray Bolger, entre otros.

“Es una fascinación que viene desde la infancia. Que partió por la película primero, después leí el libro y, cuando empezó el confinamiento en la pandemia, me propuse aprovechar ese encierro para leer los catorce volúmenes que componen el mundo de Oz. Justo estaba escribiendo Todo lo que aprendimos de las películas y aparecían y aparecían menciones al mundo de Oz ahí. Quise entonces aprovechar el momento para seguir el camino amarillo de esa obsesión, entenderla, empaparme de ella; ver hasta dónde me llevaba”.

Desde esa premisa, Navia, reconocida en su trayectoria como una virtuosa cuentista, decidió llevar al bote más lejos y ahondarse en las olas de la narrativa extensa. La mar océano de la novela. Así, lentamente fue cocinando una novela llamada El cielo sobre las nubes (Seix Barral).

María José Navia Foto: Sebastián Utreras. Sebastian Utreras

A pesar de que en la carrera de María José Navia aparecen previamente dos novelas, SANT (2010) y Kintsugi (2018), lo cierto es que la primera es más bien una novela juvenil, y la segunda, es una colección de cuentos que se puede leer como novela (Una novela-en-cuentos). Por lo tanto, El cielo sobre las nubes, es en términos formales su debut en la novela. “En realidad, esta es mi primera novela después de mucho tiempo escribiendo cuentos”, apunta.

Así, Navia ha publicado los volúmenes de cuentos Instrucciones para ser feliz (2015), Lugar (2017), finalista del Premio Municipal de Literatura, el excelente Una música futura (2020), ganadora del concurso Mejores Obras Literarias y finalista del Premio Municipal de Literatura, además fue finalista del Premio Internacional Ribera del Duero por Todo lo que aprendimos de las películas (2023).

El cielo sobre las nubes, entonces, es la primera novela de Navia. Es una novela a varias capas, que requiere un lector atento al puzzle que le propone la autora. Una novela literaria y arrojada. Sigue a tres personajes: una niña actriz que corre de audición en audición mientras recita detalles de la vida de Judy Garland; Luz, una pintora fascinada por las obras de Georgia O’Keeffe y Grant Wood que se enfrenta al desafío de un particular encargo¡; y Emilia, una arquitecta que cuida de su abuelo a la vez que coordina la construcción de un misterioso hotel. Todos son fans de alguna manera de El mago de Oz.

Además pasa por las vidas de L. Frank Baum, el autor de la novela, y de Joseph L. y Herman Mankiewicz, los hermanos responsables de llevarla al cine. Curiosanente, Navia descubrió que es pariente lejana de los Makiewicz por el lado de su abuela, pero ya llegaremos a esa parte.

María José Navia. Foto: Isabel Wagemann.

-¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela? ¿Qué fue lo más desafiante de trabajar en esta historia y qué descubriste mientras la escribías?

-Fue agotador, ja. Muchos años investigando y escribiendo. Pero un agotamiento feliz, sin duda. Un desafío gozoso. Como mi trabajo real es ser profesora en la universidad (algo que me encanta y disfruto mucho, por supuesto), mis libros se escriben por las noches, los fines de semana, durante las vacaciones y a veces eso se puede volver pesado. Descubrí que escribir una novela es todo un nuevo aprendizaje: nuevas reglas, nuevas formas.

-Mientras investigabas el universo de Oz, descubriste que Herman Mankiewicz, guionista de El ciudadano Kane y pariente lejano tuyo, había estado vinculado a una primera adaptación cinematográfica de la obra. ¿Cómo recibiste esa coincidencia? ¿Hasta qué punto cambió el rumbo de la novela?

-Fue un momento extraordinario. Yo siempre supe que tenía estos parientes lejanos y conocía sus obras más clásicas: El ciudadano Kane, Cleopatra y creo que grité cuando vi, en uno de los libros sobre la película de El mago de Oz, un recorte de diario en el que se anunciaba que Herman Mankiewicz había recibido el encargo de esta adaptación. Yo ya estaba en proceso de investigar y escribir sobre ese mundo pero el descubrimiento me hizo regalarle mis parientes a uno de los personajes de la novela y aprovechar de hacerle un homenaje al cine, al que le debo tanto. Yo aprendo mucho de mis libros y películas favoritas y les estoy eternamente agradecida. Por eso incluyo muchos epígrafes en todo lo que escribo, por eso invito tantas referencias. Para agradecer y celebrar todas esas obras que me trajeron hasta donde estoy ahora. Me gustan las obras que no terminan en sí mismas sino que abren ventanitas a otros autores y autoras. A mí me hace tan feliz que lean mi novela como que lean los libros a los que hago referencia en ella.

-Las protagonistas encuentran en el cine, la literatura y el arte una forma de afrontar la soledad y el dolor. ¿Qué puede ofrecernos la ficción que no encontramos en la vida cotidiana? ¿Puede una obra de arte ayudarnos a sobrevivir?

-Creo que sí y, en mi terror profundo frente a los avances de la Inteligencia Artificial, quiero creer que el arte hecho por humanos tiene un impacto profundo en la sociedad. En la realidad. El papa Leon XIV, incluso, hace algunas semanas, por redes sociales, se refirió a esto como una “chispa” y me encanta esa imagen. Mi novela trata, en parte, sobre el impacto profundo, transformador, a veces doloroso también, del arte creado por seres humanos, en la vida de las personas. Confío en que el arte creado por la IA nunca tendrá ese efecto.

María José Navia. Foto: Isabel Wagemann.

-En el libro conviven personajes ficticios con figuras reales como Judy Garland, Virginia Woolf y Georgia O’Keeffe. ¿Cómo trabajas con la investigación biográfica y documental para integrar esos referentes en la ficción sin que se conviertan simplemente en datos o referencias culturales?

-Me obsesiono y apasiono mucho y espero que eso se traspase también en mi escritura. Es una investigación muy feliz y como encantada. Llegué incluso a visitar la casa de Georgia O’Keeffe en Nuevo México, la casa de L. Frank Baum en Chicago, fui al único parque de diversiones dedicado completamente a Oz que existe en Carolina del Norte y que abre solo tres fines de semana al año. Como escribo en mi libro: “de la adoración no se sale”.

-Las vidas de las protagonistas son distintas, pero terminan conectándose a través de una historia compartida. ¿Cómo construiste esa estructura narrativa y qué posibilidades te ofrecía contar la novela desde distintas experiencias y perspectivas?

-Quería que las historias se mezclaran como los colores al pintar. La protagonista del libro es una pintora que antes fue profesora de literatura y me interesaba, sobre todo, ir mezclando mis invenciones con lo real . Que se transformara en un remolino que va arrastrando distintas cosas a su paso: y así de la obsesión por Oz pasamos al mundo de Georgia O’Keeffe, y de Grant Wood y de Henry Darger, por ejemplo.

-Fundamentalmente has sido cuentista y esta es una novela en toda su extensión. ¿Qué aprendiste al escribir una novela que no te había enseñado el cuento? ¿Cambió tu relación con los personajes, el tiempo narrativo o la estructura?

-Me costó mucho encontrar un método para escribirla. Para mis cuentos ya sé cómo hacerlo: tengo toda una rutina de escribirlos, leerlos en voz alta y grabarlos, para luego editar de a oídas. Con la novela no podía. Cada día leía todo lo que llevaba antes de avanzar una palabra más. Algo que fue muy extenuante cuando la novela ya sobrepasaba las doscientas páginas. También todo el proceso de investigación fue complicado. Lo paso muy bien y me cuesta parar de leer. Terminé agotada después de este libro y pensé: soy cuentista y ya no quiero escribir más novelas. Pero el mundo de los libros es lento y ya han pasado dos años desde que le entregué el manuscrito de esta novela a mi agente y parece que ya se me olvidó ese cansancio porque empecé a tomar apuntes para una nueva novela.

-El duelo, especialmente la pérdida de un hijo, atraviesa una de las historias. ¿Cómo trabajaste ese dolor para que no se volviera solamente oscuro y pudiera convivir con la luminosidad que también tiene el libro?

-L. Frank Baum escribió El Mago de Oz porque se le murió una sobrina que se llamaba Dorothy Gage. Él le cambia el apellido (a Gale) y la hace vivir mil aventuras en tierras encantadas. Debajo de la fantasía de Oz hay un corazón triste, hay dolores, no es todo ingenuidad. Esa mezcla era la que quería yo también en mi libro.

María José Navia Foto: Isabel Wagemann.

-Judy Garland aparece como una figura casi mítica y, al mismo tiempo, muy humana, marcada por las exigencias de Hollywood. ¿Qué te interesaba mostrar de ella a través de la niña actriz?

-Judy Garland es la obsesión de Niñactriz. La ve como un espejo también, se refleja en ella. Pareciera que va a repetir su destino pero después algo cambia.

-Hay mucho pop en esta novela, algo que también aparece en tus cuentos. ¿Consideras que la cultura popular es una de las piedras angulares de tu literatura? ¿Qué posibilidades narrativas encuentras en ella?

-Es central, sí. En mi vida y en mis libros, también. La cultura popular es una poderosísima forma de la memoria.

-¿Crees que a la literatura chilena le falta una mayor presencia de la cultura pop? ¿Qué puede aportar ese diálogo entre la literatura, el cine, la música y otros productos culturales?

-Creo que hay un montón de cultura pop en la literatura chilena. Echo más de menos los libros sobre libros, libros (de ficción o no) más fascinados y apasionados por la literatura.

-En tus libros anteriores, como Kintsugi y Una música futura, has explorado la fragilidad, la pérdida y las posibilidades de transformación. ¿Qué continuidades reconoces entre esas obras y El cielo sobre las nubes? ¿Hay preguntas o preocupaciones que atraviesan toda tu escritura?

-La pregunta por encontrar un lugar o bien sentirse extranjera o ajena, las historia de mujeres en diferentes edades de sus vidas, la importancia de la lectura, la literatura y las películas y también la inquietud (y a veces franco miedo) por lo que le hace a veces la tecnología a la relaciones humanas.

María José Navia Foto: Isabel Wagemann.

-Si tuvieras que recomendarle a alguien que nunca ha leído El mago de Oz, ni el libro ni la película, que se acercara primero a El cielo sobre las nubes, ¿qué le dirías?

-Que no se preocupe por entender todas las referencias y que se deje llevar por el remolino. Igual, con tu pregunta, me haces recordar algo que suele decir Zadie Smith que me gusta mucho y es que hoy los lectores son todos cyborgs. Todos con acceso a algún teléfono inteligente o computador con internet. Eso hace que una pueda mencionar libros, canciones, y cuadros, y que el lector pueda revisarlos inmediatamente, si es que así lo prefiere. Eso da mucha libertad al escribir.

-¿Qué te gustaría que el lector se llevara después de cerrar El cielo sobre las nubes? ¿Una sensación, una pregunta, una imagen?

-Ganas de leer y, ojalá, ganas de escribir también. Eso producen en mí, al menos, los libros que más me gustan.

-¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué viene en camino?

-Estoy terminando un ensayo sobre Virginia Woolf que saldrá el próximo año, por Seix Barral. También estoy en los últimos ajustes de un libro de cuentos que retoma algunos de los personajes secundarios de esta novela, más otros de mis libros anteriores (Una música futura y Todo lo que aprendimos de las películas). Siempre escribo de a varios libros a la vez. Además, para el próximo año el plan es terminar de editar un libro colectivo sobre Rodrigo Fresán (que estoy coordinando junto a un profesor de la universidad de Georgetown: Nicolás Campisi) y avanzar en la escritura e investigación de un libro sobre Jean Rhys (de ficción esta vez). Para mí escribir es siempre seguir leyendo y agradeciendo y celebrando a quienes me ayudaron, con sus libros, a ser la escritora que soy.

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