Por Paula Walker
La simplificación como estrategia

“O están conmigo o están en mi contra”. El falso dilema retórico. Borrar los matices y dejar lo absoluto. La historia registra esta misma frase pronunciada en momentos de tensión, crisis, por líderes como George W. Bush tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 en su discurso ante el Congreso: “o están con nosotros, o están con los terroristas”. Lenin, el año 1917, cuando en plena Revolución Rusa y frente al partido habría dicho: “quien no está con nosotros, está contra nosotros” para exigir lealtad absoluta. Unos años después, en 1920, sería Mussolini quien usaría una frase similar: “o con nosotros o contra nosotros” buscando la adhesión absoluta al régimen.
Esta simplificación en los argumentos es utilizada por cierto tipo de liderazgos en momentos clave para forzar las decisiones y señalar al adversario como un obstáculo para hacer lo que se quiere hacer. Forzar una polarización frente a una decisión y hacer pagar costos a quienes tienen matices o reparos.
Hoy vivimos un momento donde el gobierno del Presidente Kast acusa a quienes no piensan como ellos de enemigos de la seguridad. Con su reforma constitucional el gobierno señala a sus opositores como aliados de la inseguridad. Profesores universitarios, personas expertas en la Constitución, abogados y abogadas, periodistas, además de líderes políticos que critiquen la medida, son insultadas por militantes del partido del Presidente. Les llaman frívolos, desconectados, charlatanes. O están conmigo o están en mi contra.
El Presidente esta semana ha defendido forma y fondo de la reforma constitucional, aunque le gusta más la forma que el fondo. En sus palabras ha dicho que no solo requiere respaldo legal sino también político (apoyo ciudadano y de todas las derechas). Agregó otros elementos de forma: “requiere de carácter, de decisión…”. Puso como ejemplo la compra de vehículos a Carabineros, aunque cree que “no sirven de nada si no hay actitud”. En sus palabras, la forma (actitud y carácter) tiene una alta importancia. Por eso las puestas en escena de los traslados de presos a la cárcel de Talca es muy visual (amarrados, vestidos de naranja, todo transmitido con cámaras durante horas). La apuesta es que la forma impacte en la percepción de la opinión pública y perciban que el Presidente cumple la promesa de la seguridad. Bueno señalar que la nueva cárcel de Talca pasó por tres presidentes para estar lista: Bachelet, Piñera y Boric.
Simplificar en la comunicación de gobierno es una estrategia de moda. Apostar a nombres graciosos para las políticas públicas (escudo fronterizo, plan cancerbero) o insistir en lugares comunes como “todo va a estar bien” se inspira en la creencia que la opinión pública quiere circo y le compra todo a los ganadores de una elección. Pero eso tiene un tiempo y luego se agota. Ahora las personas en su mayoría están informadas y pueden distinguir la forma del fondo, sobre todo en desafíos acuciantes como la seguridad de sus barrios y del país.
Por Paula Walker, académica Usach y profesora Magíster Políticas Públicas U. de Chile
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