Opinión

La sala cuna universal es sólo el punto de partida

En los últimos años, el debate sobre educación inicial se ha centrado casi exclusivamente en avanzar hacia una sala cuna universal, dejando de lado otros desafíos cruciales para el funcionamiento de la educación parvularia. Terminar con la actual normativa laboral de sala cuna debe ser prioritario. Por eso, el avance legislativo del proyecto es una buena noticia para reducir una de las principales barreras a la contratación de mujeres. En un contexto de alto desempleo femenino, es una reforma urgente. Sin embargo, los desafíos de la educación inicial son más profundos.

La sala cuna universal permitirá entregar este derecho a padres y madres trabajadores con hijos menores de dos años, quienes podrán elegir entre salas cunas públicas y privadas que cuenten con autorización de funcionamiento o reconocimiento oficial del Mineduc. Pero al ampliar la cobertura también deben resolverse problemas estructurales de la educación parvularia pública, comenzando por su financiamiento. Según un reciente estudio del Banco Mundial, los jardines VTF atienden al 38,2% de los niños del sistema público de educación parvularia, pero reciben sólo el 25,7% del presupuesto total. Esto implica que, el gasto mensual por niño en los jardines VTF es un 41,7% menor que en Junji y un 37,8% menor que el de Integra. Es decir, existe una desigualdad entre los recursos disponibles según el tipo de establecimiento y, por ende, distintos niveles en la calidad de la educación.

El origen de esta inequidad está en que los jardines VTF reciben recursos a partir de la asistencia promedio, distinto al financiamiento basal de Junji e Integra, determinado por glosa presupuestaria independientemente de cuántos niños asisten. En los VTF, cuando la asistencia promedio es igual o superior al 75% de la capacidad autorizada, Junji transfiere el 100% del monto autorizado. Por debajo de ese porcentaje, vía decreto, se establece un procedimiento de cálculo más engorroso y, en la práctica, los jardines terminan destinando el 90% del financiamiento a remuneraciones y el resto a todas las demás necesidades. Esto puede significar no poder arreglar una cañería rota o un baño que deja de funcionar, mientras Junji e Integra tienen asegurado su financiamiento.

Avanzar hacia un financiamiento basal, calculado según la capacidad de cada jardín, y equiparar gradualmente las reglas entre Junji, Integra y los VTF debiera ser una agenda prioritaria y paralela a la sala cuna universal. También existen desafíos en la oferta privada, donde el Estado aún no sabe con certeza cuántas salas cuna existen ni cuántos cupos están disponibles, mientras una gran parte sigue pendiente de autorización de funcionamiento.

Ampliar el acceso a sala cuna es urgente, pero para que tenga un impacto positivo en el empleo femenino debe ir acompañado de mejoras en calidad y de mayor confianza en el sistema. La sala cuna universal debe ser un punto de partida, no el punto de llegada.

Por Fernanda Castillo, Investigadora en Educación, Horizontal

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