Por Francisco Corvalán
El sentido de ser universidad: exrectores debaten sobre IA, humanidades y el futuro de la educación superior
La inteligencia artificial, la pérdida de la presencialidad, la polarización, la fragmentación social y el cuestionamiento al valor de las humanidades fueron algunos de los temas que cruzaron el seminario “El sentido de ser universidad: inspirar el pensamiento y elevar lo humano”, realizado en el teatro de la Universidad Finis Terrae.
La inteligencia artificial, la pérdida de la presencialidad, la defensa de las humanidades y los desafíos de construir comunidad universitaria marcaron el seminario “El sentido de ser universidad”, realizado en la U. Finis Terrae. La conversación reunió a la exrectora de la Universidad de Chile, Rosa Devés; al exrector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, y al rector de la U. Finis Terrae, Juan Eduardo Vargas, también exsubsecretario de Educación Superior de Piñera II.
Más allá de las diferencias entre sus respectivas instituciones, los tres coincidieron en que el conocimiento parece estar cada vez más disponible a través de las nuevas tecnologías, y la universidad enfrenta el desafío de justificar aquello que la hace irreemplazable.
Para Devés, una de las principales responsabilidades de quienes conducen universidades consiste precisamente en proteger una institución que ha logrado sobrevivir durante siglos gracias a su capacidad de transformarse sin perder su identidad.
“Lo que hay que cuidar es un bien superior, que es este espacio de pensamiento”, sostuvo. Y agregó que la universidad debe preservar su capacidad de producir conocimiento y renovarse a sí misma. Para ello, dijo, se requiere una comunicación “respetuosa, fluida y permanente” entre sus integrantes, desarrollada no solo desde la razón, sino también desde “la imaginación” y “la creatividad”.
Sánchez coincidió en la necesidad de volver al origen mismo de la institución universitaria, en el encuentro entre profesores y estudiantes. “El gran desafío es mantener ese ethos fundacional, de congregarse, de crear comunidad”, afirmó. Una comunidad que, añadió, debe ser respetuosa de las opiniones distintas y donde “no haya una línea oficial, sino que haya mucha pluralidad”.
La discusión sobre pluralismo estuvo inevitablemente atravesada por la experiencia reciente de las universidades chilenas. Sánchez recordó que durante sus 15 años al frente de la UC debió enfrentar el movimiento estudiantil de 2011, el movimiento feminista, el estallido social, la pandemia y los procesos constitucionales.
Su fórmula para abordar esos momentos, aseguró, fue mantener una presencia permanente en las comunidades. “Diálogo, respeto, transparencia y, sobre todo, mucha presencia en la comunidad”, resumió. Para el exrector, las autoridades no pueden limitarse a conversar con las dirigencias formales, sino que deben escuchar también a estudiantes, académicos y funcionarios de distintos espacios de la institución.
Devés, por su parte, recordó la experiencia de las universidades chilenas durante la dictadura y advirtió que, aunque hoy las instituciones operan en condiciones muy distintas, persisten amenazas como la polarización, la fragmentación y la violencia.
La saliente rectora de la Casa de Bello también abordó el denominado “acampe” ocurrido en esa casa de estudios en 2024. A su juicio, era posible reconocer la legitimidad del reclamo sin aceptar los mecanismos utilizados para imponerla. “Lo que era violento no era ni la causa, ni el campamento como tal con el cual se podía convivir, sino el lenguaje, la degradación, lo que ocurrió para imponer la situación”, señaló. La universidad, sostuvo, debe aprender a enfrentar los desacuerdos sin responder a la agresión con más agresividad.

Uno de los debates centrales de la jornada fue el impacto de las nuevas tecnologías sobre la experiencia universitaria. Si un estudiante puede acceder desde su casa a clases grabadas, videos, bibliografía e incluso a herramientas de inteligencia artificial capaces de responder sus preguntas, ¿qué sentido tiene asistir físicamente a un campus?
Para Vargas, la respuesta está precisamente en aquello que ocurre fuera de la mera transmisión de contenidos. “No es simplemente aprenderse una determinada materia, rendir un cierto examen y después pasar esa asignatura. Es mucho más que eso”, afirmó.
La Finis Terrae, explicó el rector, mantiene una política de alta presencialidad durante los primeros años de estudio y luego incorpora mayor flexibilidad. El fundamento es que “hacemos comunidad fundamentalmente en la presencialidad”. Pero también reconoció que las propias universidades tienen una tarea pendiente para hacer que la experiencia en el aula sea distinta de seguir una presentación o ver una grabación.
Sánchez profundizó en esa idea a partir de lo que, según dijo, los propios estudiantes identifican como las características de un buen profesor: conocer los nombres de sus alumnos, utilizar menos diapositivas y generar conversación.
“La vida de campus es lo que hay que proteger y hay que construir”, afirmó. La formación universitaria, añadió, también ocurre en las organizaciones estudiantiles, la pastoral, el deporte, las artes y el encuentro con personas de otras carreras.
Interdisciplina y la defensa de las humanidades
La interdisciplina fue otro de los conceptos recurrentes. Devés reconoció que la Universidad de Chile enfrenta el desafío de llevar la colaboración entre disciplinas desde la investigación hacia las primeras etapas de la formación profesional. Los problemas complejos, sostuvo, requieren superar los límites tradicionales entre facultades y áreas del conocimiento. La experiencia del cambio climático, la pandemia o la colaboración entre medicina e ingeniería muestran, según planteó, el potencial de estos cruces.
Sin embargo, el proceso no es sencillo. Las disciplinas poseen lenguajes, culturas y formas de trabajo diferentes. “La interdisciplina requiere un esfuerzo, requiere una convicción”, afirmó Sánchez, quien destacó que “en los bordes de las disciplinas hay mucho conocimiento que no se conoce, y cuando topa con otro borde de otra disciplina, ahí surge una nueva idea”.
Vargas destacó iniciativas como programas de doble titulación y carreras que combinan distintas áreas. Pero advirtió que una formación interdisciplinaria no debe significar abandonar los conocimientos fundamentales de cada profesión. El desafío, dijo, es construir una educación “más robusta, más amplia”, capaz de preparar a los estudiantes para un mundo laboral en constante transformación.
El momento más político de la conversación llegó al abordar los cambios en las bases del concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027 que puso en el centro de la controversia a la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, tras priorizar determinadas áreas de investigación, un debate que durante las últimas semanas ha movilizado a académicos, universidades y sociedades científicas.
El rector Vargas consideró que la discusión específica sobre los fondos es legítima y que las decisiones pueden ser discutidas. Sin embargo, sostuvo que el debate revela una pregunta más profunda sobre el valor que la sociedad asigna a las humanidades.
“Lo que realmente vale es aquello que se puede medir, aquello que tiene un impacto concreto, inmediato en la productividad”, cuestionó. Esa lógica, añadió, supone una visión incompleta de la persona. “Somos personas, no somos simplemente robots a quienes se nos mide por nuestra capacidad de producir”.
Devés fue aún más enfática al vincular el debate con la expansión de la inteligencia artificial. A su juicio, la concentración del conocimiento y de las tecnologías en grandes corporaciones constituye una amenaza para el modelo universitario basado en la libertad de pensamiento. La reacción transversal que generaron los cambios en Fondecyt, añadió, fue significativa precisamente porque distintas disciplinas salieron a defenderlas.
Sánchez compartió esa preocupación. “En el mundo que estamos viviendo necesitamos mucho más Humanidades y no menos, mucho más Artes y no menos”, afirmó. Para el exrector de la UC, la discusión debe centrarse en la calidad de las investigaciones y no en poner en tela de juicio las Humanidades. “Debiéramos financiarlas con mayor esmero, porque es el pensamiento transversal y el pensamiento más global del país”, sostuvo.
El seminario también abordó la empleabilidad, la gratuidad y la creciente diversidad del estudiantado. Allí surgió otro de los consensos de la jornada, relacionado con que las universidades deben entregar información y herramientas para enfrentar el mercado laboral, pero no pueden reducir su misión a formar trabajadores para las necesidades inmediatas.
Como planteó Devés, las instituciones están formando para un futuro que todavía es incierto. Más que preparar a los estudiantes para un único trabajo, dijo, deben desarrollar capacidades para “navegar con flexibilidad, con responsabilidad, con solidaridad” en un mundo que probablemente será muy distinto al actual.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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