Por Cristina Cifuentes
La historia de la fallecida ícono del feminismo Gloria Steinem y sus choques con Trump
Durante el ascenso político de Donald Trump, la activista y autodenominada “emprendedora del cambio social” se convirtió en una de sus críticas más acérrimas. Llegó a calificar al mandatario estadounidense como el “acosador en jefe”.

Gloria Steinem, la activista que ayudó a sostener e impulsar el movimiento feminista durante la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, a través de luchas por los derechos reproductivos, la igualdad económica, el acoso sexual, el desarrollo de la autoestima y otros temas que afectan la vida de millones de mujeres, falleció el 2 de septiembre, a los 92 años, en su casa de la ciudad de Nueva York.
Su fallecimiento fue anunciado por su Fundación Gloria, en las redes sociales y no se especificó la causa de la muerte.
Autodenominándose “emprendedora del cambio social”, la también periodista y fundadora de la revista Ms., se convirtió en un símbolo de la segunda ola del feminismo: la expansión del movimiento más allá del sufragio femenino hacia una campaña más amplia por la igualdad en el ámbito laboral, en el hogar, en los tribunales y ante la ley.
“En el fondo, creo que una mujer tiene dos opciones”, dijo Steinem en una ocasión. “O es feminista o es masoquista”, añadió.

Sus lentes de aviador y su melena rubia con mechas, peinada con raya al medio, la convirtieron en una de las mujeres más reconocibles del mundo, indicó The New York Times.
Christine Stansell, profesora de historia en la Universidad de Chicago, escribió una vez en la revista Glamour que Steinem “fue para el movimiento feminista lo que Martin Luther King Jr. fue para los derechos civiles: la catalizadora”.
Fue una revolucionaria atípica, indicó el periódico. Nació el 25 de marzo de 1934 en Toledo, Ohio, y recibió su nombre en honor a la muñeca favorita de su hermana mayor. Su padre era anticuario ambulante, pero también estaba a cargo de un complejo turístico de verano a orillas de un lago en Michigan, donde, desde muy joven, Steinem quedó fascinada con los músicos que pasaban por allí a tocar.
Cuando tenía 10 años, sus padres se divorciaron y quedó a cargo de su madre en Toledo, una periodista que había abandonado su trabajo para cuidar a sus hijos. La mujer sufría de una profunda angustia mental y se volvió adicta al pentotal sódico que tomaba para mitigar su malestar.
Steinem, indicó The Wall Street Journal, describía a su madre desapareciendo calle abajo en camisón, o postrada en la cama “con los ojos cerrados y los labios moviéndose ocasionalmente en respuesta a voces que solo ella podía oír”. Steinem le llevaba café y sándwiches de mortadela. A menudo decía, refiriéndose a las mujeres de su generación: “La mayoría de nosotras estamos viviendo las vidas no vividas de nuestras madres”.
Su educación formal fue escasa hasta sexto grado y su gran sueño, como aspirante a bailarina de claqué (o tap dance), era convertirse en Rockette de la prestigiosa compañía de baile que se presenta en el Radio City Music Hall de Manhattan.
Salto a la fama
Tras graduarse en Smith College en 1956, Steinem recibió una beca para viajar y escribir en India, donde, durante dos años, descubrió el papel fundamental que las mujeres habían desempeñado en el movimiento independentista indio, indicó The Wall Street Journal. Antes de abandonar Estados Unidos, Steinem le escribió una nota a su novio de la universidad, rompiendo su compromiso. “Sentía que, si me casaba, sería la última opción que tendría. Mi vida se acabaría”, dijo en el podcast Design Matters en 2022.
En 1960, llegó a Nueva York con la intención de ser periodista, pero al principio solo consiguió trabajos ocasionales a través de los anuncios clasificados como bailar en inauguraciones de supermercados, posar junto a un corcho mientras un mago lanzaba cuchillos, entre otros.
Sin embargo, lo que más le indignó fue escribir los artículos que, entonces, los editores les pedían a las mujeres. “El peor momento de mi vida” fue “escribir sobre medias texturizadas” para el New York Times, señaló.

Su gran oportunidad llegó en 1963 con un artículo para la revista Show sobre su trabajo encubierto como una “conejita” con escaso uniforme en el Playboy Club. Su nota denunciaba la degradación y los bajos sueldos a los que estaban sometidas las mujeres que trabajaban con Hugh Hefner. Según The Washington Post, su relato se publicó en la revista Show en 1963 y reveló las características que definirían a Steinem en su posterior faceta como activista: un espíritu emprendedor, una profunda preocupación por los más vulnerables y una formidable capacidad para visibilizar su causa.
En 1968, el editor Clay Felker la contrató como parte del equipo inaugural de escritores de la revista New York, que también incluía a Jimmy Breslin y Tom Wolfe, dos de los máximos exponentes del Nuevo Periodismo. Allí, Steinem escribió uno de los primeros reportajes para los principales medios de comunicación sobre el movimiento feminista, cubriendo una manifestación a favor del aborto en Greenwich Village en 1969, donde las mujeres compartieron historias sobre la interrupción de sus embarazos.
Según The Wall Street Journal, Steinem, a los 22 años, se había sometido a un aborto en Londres, cuando iba camino a India, pero nunca había hablado de ello. Durante la charla pública en Greenwich Village, se sintió profundamente conmocionada por su propio silencio y la invisibilidad de estas historias en la sociedad en general. “Empecé a leer todos los textos feministas que caían en mis manos y a hablar con todas las feministas activas que encontraba”, recordó en uno de sus libros, “Actos escandalosos y rebeliones cotidianas” (1983).
Steinem saltó a la fama en la década de 1960 no como activista, sino como una exitosa periodista independiente para publicaciones como Esquire, Cosmopolitan y Vogue. Experimentó de primera mano el sexismo contra el que más tarde lucharía en nombre de otras mujeres. Recordó una conversación en un taxi entre los renombrados escritores Gay Talese y Saul Bellow, en la que Talese comentó en su presencia: “¿Sabes que cada año viene a Nueva York una chica guapa que finge ser escritora? Pues bien, Gloria es la chica guapa de este año”.

Gracias a su perseverancia, Steinem superó los prejuicios profesionales que limitaban a la mayoría de las periodistas a cubrir temas como la moda y el cortejo. Su desenvoltura con las celebridades -salió con hombres como el cineasta Mike Nichols, escribió un perfil de John Lennon y pasó una semana con Lee Radziwill para un artículo sobre la trotamundos hermana de Jacqueline Kennedy- la convirtió en una figura muy solicitada por derecho propio. A finales de la década de 1960, su nombre se mencionaba junto al de escritores como Tom Wolfe y Susan Sontag.
Opinión sobre Trump
El 21 de enero de 2017, un día después de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos, Steinem llegó al National Mall para dirigirse a la Marcha de las Mujeres en Washington, una concentración masiva en protesta contra un presidente que se había jactado de manosear a mujeres y contra la sociedad que, a pesar de ello, lo había elegido.
“¡Se ven fantásticos! ¡Ojalá pudieran verse! ¡Es como un océano!”, gritó dirigiéndose a la multitud de casi medio millón de personas frente a ella. “Esta es la parte positiva de la adversidad. Es una explosión de energía y de verdadera democracia como nunca antes había visto en mi larga vida”.
Durante el ascenso político de Trump, se convirtió en una de sus críticas más acérrimas, argumentando repetidamente que su retórica y conducta contradecían los valores que ella había defendido durante toda su vida.
Así, en los días posteriores a la victoria electoral de Trump sobre Hillary Clinton en 2016, Steinem dejó claro que no se resignaría emocionalmente al resultado, aunque lo aceptara democráticamente. “No voy a desobedecer la ley, pero no voy a fingir que él me representa”, indicó al programa The Takeaway de WNYC y añadió que se negaba a aceptarlo como un reflejo de sus creencias.

Sus declaraciones se produjeron en medio de protestas y manifestaciones generalizadas tras las elecciones, muchas de ellas lideradas por mujeres preocupadas por el futuro del país.
Una de las críticas más memorables de Steinem se produjo en 2017, cuando el movimiento #MeToo transformó las conversaciones sobre la mala conducta sexual y la rendición de cuentas.
En su intervención en la Conferencia de Mujeres de Massachusetts, Steinem criticó una cultura que, según ella, había permitido durante mucho tiempo el comportamiento abusivo de hombres poderosos. Durante su discurso, se refirió a Trump como el “acosador en jefe”, una dura crítica que acaparó titulares a nivel nacional.
El comentario se produjo cuando numerosas mujeres que previamente habían acusado a Trump de conducta sexual inapropiada reiteraron sus peticiones para que sus denuncias se tomaran en serio. El mandatario republicano ha negado repetidamente las acusaciones en su contra.
A pesar de su oposición a Trump, Steinem también argumentó que su presidencia había dinamizado, sin quererlo, la participación política.
En una conversación de 2019 con la abogada Gloria Allred, Steinem argumentó que “Donald Trump nos ha hecho conscientes”, sugiriendo que su presidencia había impulsado el activismo y aumentado la conciencia pública en torno a los problemas que afectan a las mujeres y a los grupos marginados.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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