Por Claudio Vergara
Tony Coleman, el escudero de B.B. King: “El espíritu del blues ha perdido su esencia, ahora hay más músicos egoístas”
El percusionista estuvo cerca de 20 años acompañando a la leyenda del blues: aquí habla de cómo le impactó conocerlo, de todo lo que aprendió de él, critica a las nuevas generaciones de artistas y adelanta el show que dará en septiembre en EL Teatro CA660.

Puede que el baterista Tony “T.C.” Coleman suene algo exagerado, pero él prefiere precisarlo de una manera: “Con B.B. King éramos como uno solo. Él y yo”.
La historia dicta que el músico conoció a una de las leyendas del blues a fines de los años 70, cuando se instaló en Chicago tras pasar tres años en el ejército estadounidense y estaba tocando en la banda del cantante de soul y gospel Otis Clay. En una noche en el club High Chaparral de la ciudad, B.B. King se subió a participar en una jam con la agrupación que secundaba a Clay: ahí quedó flechado con Coleman. Cayó fascinado ante su virtuosismo y elegancia en la batería.
Aunque lo contrató de inmediato para su propio conjunto, el fichaje fue fugaz y Coleman decidió partir a trabajar con otros nombres, como Johnnie Taylor y Bobby “Blue” Bland. Pero B.B. King nunca lo olvidó.

Hacia principios de los 80, necesitaba un percusionista y telefoneó a Coleman para que ahora sí se uniera de forma más permanente: estuvieron juntos hasta 1999, protagonizando algunos de los episodios esenciales en la vida más contemporánea del blusero. De hecho, asistieron a las varias venidas de B.B. King a Chile en los 90 y en el histórico concierto de 1993 en el Madison Square Garden neoyorquino, cuando invitaron al fallecido guitarrista argentino Norberto “Pappo” Napolitano.
Por eso, “T.C.” puede que no se desborde cuando en esta entrevista con Culto infla el pecho y asegura que, al menos por un par de años, él y el hombre de Lucille eran una sola unidad: en los 80 y 90, se convirtió en el corazón de su pulso rítmico y en el motor que permitía el lucimiento del gran jefe en el escenario.
Coleman sigue: “Mientras la batería estuviera conectada a B.B., todos los demás debían sincronizarse. Eso era lo que le gustaba de mi forma de tocar. Además, la forma en que B.B. King tocaba era como la de un baterista. Siempre quería que el ritmo fuera constante, incluso en las canciones lentas, sin arrastrar las canciones. Siempre buscaba la energía y la batería era lo que impulsaba esa energía”.

El instrumentista también recuerda el impacto que le generó ver a su maestro por primera vez, cogiendo a partir de ahí una serie de experiencias que ha ejecutado a lo largo de toda su trayectoria: “Lo más impresionante de la primera vez que toqué con B.B. King fue la forma en que se aseguraba de que todos en el público disfrutaran de su música. Era muy serio al respecto. Decía: ‘bueno, estoy en el escenario para la gente, pase lo que pase, nada más importa, hasta que termine el show’. Aprendí durante todos estos años que la gente apreciaba mucho lo que hacíamos en el escenario, porque sentían que estábamos ahí para complacerlos. No veníamos solo a satisfacernos a nosotros mismos. Mi satisfacción al actuar radica en hacer feliz al público”.
Y es probable que esa sensibilidad, la de estimular alegría en la audiencia, retorne en la bitácora de Coleman. Este jueves 3 de septiembre a las 20.00 horas, el artista se presentará en el Teatro CA660 de Fundación CorpArtes, en un show junto a la banda argentina Aerophonicos (entradas en https://tickets.corpartes.cl/). De hecho, el show promociona a Coleman acatando sus pergaminos históricos: “el hombre que marcó el ritmo del Rey del blues”, consigna el afiche.
El baterista profundiza: “Sé que al público chileno le encanta el blues, porque nos lo demostraron cuando hemos ido. Y lo aprecian. Y ahora regreso para hacer blues al estilo de Tony Coleman y espero la misma reacción, pero es muy emocionante para mí regresar y hacer mi versión del blues al estilo de Tony Coleman”.

La lectura que Coleman hace del blues está arrimada a las raíces tradicionales, precisamente a lo que aprendió con las divinidades del género. Por lo mismo, es crítico con las generaciones actuales que se acercan al blues y, en general, a la música: “He notado que la mayoría de la generación más joven desconoce el origen de la música, cómo se tocaba, por qué se tocaba, la forma en que se interpreta, cómo empezó, el contexto en el que se originó. Desconocen la tradición, sus raíces profundas. No comprenden las raíces del blues, porque el blues es un género muy, muy profundo. No está en la superficie. No es como una hoja que se cae de un árbol y que puedes soplar. El blues son las raíces. No puedes soplar el árbol que da origen a las hojas. Y la mayoría de estos músicos son como hojas. Puedes soplarlas y esperar a que crezcan las siguientes. Pero la mayoría de los músicos, como yo, somos raíces. Somos sólidos. No nos pueden vencer, porque sabemos de dónde venimos y entendemos quiénes somos”.
Luego, endurece el tono: “La generación más joven es diferente a la de quienes estuvieron aquí, a todos los que ya no están. Ellos sentían que cuando estaban juntos en el escenario eran uno solo, estaban sincronizados, mental, física, musical y socialmente. Los músicos de hoy no necesariamente sienten eso. Cuando los músicos de blues de antaño tenían una banda, eran una sola unidad; ahora solo se trata de la estrella y no de los demás. Los líderes, especialmente los de hoy, piensan que todo gira en torno a ellos, que la gente vino a verlos sólo a ellos. No importa casi la banda que los acompaña. La tecnología ha mejorado el blues, ha mejorado su producción. Sin embargo, el espíritu del blues ha perdido parte de su esencia. Ya no es lo mismo que la gente original, porque los jóvenes de hoy no crecieron como sus antepasados, donde todos se conectaban espiritualmente. Ahora hay más músicos egoístas; sólo piensan en sí mismos en el escenario en lugar de que todos piensen en los demás. Eso es lo que he notado”.
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