Culto

Mario Amorós, autor español: “Sobre la muerte de Neruda sigo esperando las conclusiones de la justicia chilena”

El historiador español relanza las biografías de Pablo Neruda y de Augusto Pinochet. En diálogo con Culto, repasa las contradicciones sobre los últimos días del premio Nobel, las deudas de la investigación judicial y analiza la figura del dictador en la actualidad.

Una vez terminada y publicada la primera versión de su exhaustiva biografía sobre Salvador Allende (2013, y reescrita en 2023), y siempre a tono con su interés por el pasado de Chile, el historiador Mario Amorós Quiles no tuvo dudas que el próximo personaje que concitaría su atención era Ricardo Neftalí Reyes, mejor conocido como Pablo Neruda. Así, en 2015 publicó la biografía Neruda. El príncipe de los poetas (Ediciones B).

Once años después, Amorós vuelve sobre la vida del parralino, en una nueva versión de la biografía, pero esta vez, actualizada con nueva introducción -que contextualiza la figura del poeta hoy- y epílogo. Este último actualiza lo referido a la investigación judicial de las causas de su muerte. De hecho, visitó Chile a principios de este 2026 para entrevistarse con la ministra Paola Plaza, a cargo de la causa. Con la información en la mano, el valenciano prefiere la cautela y no jugarse por una certeza concluyente sobre si Pablo Neruda fue asesinado o no.

“No tengo respuesta todavía después de haber estado pendiente, desde su inicio en 2011, del curso de la investigación judicial -dice Amorós a Culto-. Sigo esperando las conclusiones que, después de una investigación de quince años, dirigida primero por el ministro Mario Carroza y desde diciembre de 2020 por la ministra Paola Plaza, establezca la justicia chilena. Tenía la confianza de que, como sucedió en el caso del presidente Salvador Allende, los científicos de alto nivel y de varios países que han participado en las pericias con sus restos mortales nos ofrecieran una respuesta clara. No ha sido así”.

-Han pasado más de quince años desde que comenzó la investigación judicial y, según señala, en enero de 2026 la ministra Paola Plaza todavía esperaba diligencias para cerrar el sumario. ¿Por qué ha sido tan difícil llegar a una conclusión definitiva?

Desde luego, ha sido un proceso lento, plagado de todo tipo de dificultades. Fue en abril de 2013 cuando se exhumaron los restos del poeta en Isla Negra. En mayo de 2015, se dio a conocer el resultado del informe proteómico de los restos que el doctor Aurelio Luna, catedrático de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Murcia, había entregado a Carroza a fin de establecer posibles “agentes externos” que pudieran haber sido suministrados y acelerado su muerte. Este documento señaló que las pruebas confirmaban “el diagnóstico previo de cáncer de próstata diseminado”, pero también que, entre los tres grupos de proteínas encontrados, habían detectado una bacteria ajena al cáncer, el estafilococo dorado (un microorganismo altamente tóxico y mortal), que podría haber sido inyectada.

Dos años después, en octubre de 2017, los quince científicos que participaron en el segundo panel internacional entregaron a Carroza un informe pericial integrado, resultado del análisis en común de los estudios clínico-forenses, genómicos, proteómicos y de residuos y metabolitos de antibióticos en hueso que se habían realizado, así como de la documentación emanada del primer panel y de la existente en el sumario de la causa. De este modo, tras ampliar los resultados acerca del estafilococo dorado a través de métodos genómicos, determinaron que esta bacteria procedía de una fuente contaminante externa y, por tanto, quedó descartada como posible causa de muerte. No obstante, indicaron también que estas pruebas habían posibilitado el hallazgo en una de sus piezas dentales y en otras muestras óseas de ADN con Clostridium botulinum, “cuya toxina es conocida como un arma biológica responsable de botulismo, a menudo fatal”.

El cuerpo de Pablo Neruda yace en la Clínica Santa María. Foto: Evandro Teixeira.

Además, excluyeron la caquexia como causa de su fallecimiento, “lo que contradice el certificado médico de defunción”, porque los especialistas en urología y oncología habían señalado que no había información que permitiera afirmar que “padecía una evolución hacia la caquexia asociada a un cáncer terminal en los últimos meses o semanas de vida”. Y anotaron que cuando fue ingresado en la Clínica Santa María, el 19 de septiembre de 1973, no había “evidencia de riesgo inminente de fallecimiento”; de hecho, según remarcaron a continuación, no fue derivado a la unidad de cuidados intensivos.

Asimismo, apuntaron que no puede excluirse como causa de muerte, relacionada con la atención médica recibida en sus últimos días, “una ausencia de cuidados por negligencia, impericia o intencional”. Y, por último, subrayaron que habían detectado en el molar y en otros restos óseos la presencia de ADN de Clostridium botulinum y que, a la espera de análisis más exhaustivos, era distinto al encontrado en el entorno de su tumba. “Existe evidencia para sostener que es endógeno”, indicaron entonces, si bien también señalaron que se requería una “verificación adicional” y que ninguna de las personas que vio a Neruda en sus últimas horas mencionó que hubiese padecido los “síntomas clásicos de botulismo”. Como este bacilo se halla por lo general en la tierra y su presencia en los restos del poeta podría obedecer a una contaminación externa, recomendaron que se analizaran muestras adicionales del Clostridium botulinum de los sedimentos de la parte superior de su tumba.

Cinco años y medio después, tras superar un sinfín de obstáculos y vencer la reticencia del gobierno del presidente Sebastián Piñera a conceder la financiación para sufragar el traslado internacional de las muestras de sus restos y las complejas pericias científicas en el exterior, en las primeras semanas de 2023 tuvo lugar el tercer panel científico, con la participación telemática de especialistas de Canadá, México, El Salvador, Reino Unido, Alemania, Dinamarca y Estados Unidos y presencial de las partes querellantes (el Partido Comunista, la familia del poeta -representada por el abogado Rodolfo Reyes- y el Ministerio del Interior), así como de la Fundación Pablo Neruda, en medio de una gran atención de la prensa chilena e internacional. Sin embargo, no alcanzaron una conclusión unánime que en aquel momento pudiera sustentar una decisión relevante de la ministra Paola Plaza.

En los antecedentes que muestra se afirma que si bien Neruda tenía cáncer al momento de su muerte no habría muerto por ello; y que si bien se halló ADN de Clostridium botulinum en restos del poeta aún no se puede afirmar la participación de terceros. ¿En qué punto se está hoy de los hechos y qué cosas aún faltan por demostrar?

El 25 de septiembre de 2023, a fojas 4.921, la ministra Plaza cerró el sumario y, tras los recursos presentados por dos de las partes querellantes (Paola Reyes, en representación de los sobrinos del poeta, y Manuel Luna, por el Partido Comunista), el 7 de diciembre se reafirmó en su decisión. Sin embargo, el 19 de febrero de 2024, en un fallo unánime, la Primera Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago revocó su resolución al estimar que la investigación no se hallaba agotada al existir diligencias que podrían contribuir al esclarecimiento de los hechos.

En consecuencia, ordenó la reapertura del sumario para practicar siete de las solicitadas por estos querellantes y “todas aquellas que de estas deriven”. El 28 de enero de 2026 la ministra Paola Plaza me explicó que estaba a la espera de la conclusión de los trámites dispuestos por la Corte de Apelaciones para cerrar de nuevo la causa y proceder a adoptar su resolución. Por una parte, aún entonces se intentaba esclarecer la posible adulteración del certificado médico de defunción del poeta respecto a la causa de su muerte (oficialmente, caquexia y metástasis cancerosa) e incluso la falsificación material del mismo, ya que en la investigación se ha establecido que hay diferentes tipos de letra en ese documento.

Por otra, en cuanto a la bacteria Clostridium botulinum la Corte de Apelaciones ordenó una “metapericia” que permitiera revisar e interpretar los resultados de las pericias realizadas por los científicos de las universidades canadiense y danesa. Esta se había realizado ya a fines de marzo de 2025 y, tras recibir las conclusiones, la ministra Plaza preparó un conjunto de preguntas acerca del tipo específico de bacteria que se presume que se le inoculó y su posible efecto como causa del fallecimiento para los especialistas de Canadá y de Dinamarca y los que habían llevado a cabo la metapericia. Asimismo, en enero de 2026 la Corte de Apelaciones de Santiago aún tenía pendiente resolver acerca del recurso presentado por el abogado del Ministerio de Seguridad, que había reemplazado al Ministerio del Interior como querellante en esta causa, en relación con un laboratorio brasileño como posible origen de la citada bacteria y la apertura de diligencias al respecto, que la ministra Plaza había rechazado.

Funeral de Pablo Neruda en el Cementerio General. Foto: Evandro Teixeira.

¿Qué elemento de la investigación le parece más difícil de explicar a alguien que sostiene que Neruda murió simplemente de cáncer? Y al revés: ¿qué elemento debería hacer cauteloso a alguien que afirma categóricamente que Neruda fue asesinado?

En mi biografía, expongo el relato de Matilde Urrutia (en su libro testimonial, pero también en numerosas entrevistas de prensa que se citan por primera vez), la versión de Manuel Araya, su último chofer y cuya denuncia motivó la querella del PC que abrió paso a esta investigación judicial, e infinidad de testimonios, tomados de fuentes diversas y principalmente del sumario de la investigación judicial. Expongo sus versiones, las contrasto y destaco los puntos en común y las contradicciones, que no son pocas. Por ejemplo, los testimonios sobre su estado de salud apenas un día antes de su muerte difieren radicalmente.

Así, la mañana del sábado 22 de septiembre de 1973, el embajador de México, Gonzalo Martínez Corbalá, llegó a la Clínica Santa María con la intención de acompañarle ya a Pudahuel para tomar el avión preparado para trasladarlo a su país. Neruda le pidió permanecer en Chile dos días más. “Durante el largo rato que permanecimos juntos el 22 de septiembre no advertí en él ningún signo que evidenciara que estaba en estado agónico, que no pudiera hablar ni valerse por sí mismo. Al contrario, hablaba y actuaba normalmente. Era un hecho conocido que padecía de flebitis y hacía muy poco se le había diagnosticado un cáncer de próstata, pero no se estaba muriendo, ni mucho menos en estado de coma. Todo indicaba que seguiría viviendo todavía algún tiempo más y ya hacía planes respecto de su actividad en la nueva residencia”, declaró Martínez Corbalá en 2011 en la causa judicial. Solo unas horas después, por la tarde, llegaron a la clínica el embajador de Suecia, Harald Edelstam, y otro diplomático sueco, Ulf Hjertonsson, amigo del poeta, a quien pude entrevistar. Después de la visita, Edelstam envió un telegrama a Estocolmo, al Ministerio de Asuntos Exteriores, en el que comunicó que el poeta se encontraba “muy enfermo” en la clínica, pero que, pese a ello, deseaba viajar a México dos días después.

En La Chascona, los amigos del poeta conducen su cuerpo: Manuel Solimano, Hernán Loyola y Nemesio Antúnez. Foto: Evandro Teixeira.

El 8 de octubre envió un oficio de tres páginas que contiene más información. “A pesar de su grave enfermedad, Neruda habló sobre los acontecimientos en Chile y sobre el destino de muchos de sus amigos. Aunque el golpe militar no parecía haberle sorprendido, estaba indignado por la brutalidad de los militares. ‘¿Era realmente necesaria?’, se interrogó”. Y la respuesta a su propia pregunta fue, según indicó Edelstam: “Son peores que los nazis, asesinan a sus propios compatriotas”. “En su último periodo”, añadió Edelstam, “él no estaba al tanto o no se daba cuenta de que sufría una enfermedad terminal”. “Neruda nos dijo que era el reumatismo lo que le imposibilitaba mover sus extremidades. Cuando lo visitamos, se estaba preparando de la mejor manera posible ya que en dos días iba a viajar (…) rumbo a México. Allí pensaba hacer una declaración expresando públicamente su condena al régimen militar”. Y en la parte final de su informe, concluyó: “Nuestra conversación tuvo lugar, sin embargo, tan solo un par de horas antes de que se quedase dormido en el coma del que nunca despertó”.

Aquella noche los boletines que la Junta Militar difundía por las emisoras de radio y los canales de televisión informaron de la hospitalización del poeta en términos muy pesimistas, como recordó años después Enrique Bello: “El 22 en la noche escuchamos por la radio una noticia: el poeta Pablo Neruda se encuentra en estado agónico y se estima que no pasará la noche. Existe prohibición absoluta de visitarlo”.

Entierro de Pablo Neruda en el Cementerio General. Foto: Evandro Teixeira.

Neruda murió apenas doce días después del golpe. ¿Qué significaba políticamente su existencia para la dictadura en esos primeros días?

Pinochet estuvo al corriente en todo momento de su situación. La Junta Militar le concedió el salvoconducto para abandonar el país gracias a las gestiones de Martínez Corbalá. En el exilio Neruda hubiera sido, por su prestigio universal, sin duda alguna el gran adversario de la dictadura.

El poeta

Con un selecto trabajo documental que incluyó, entre otros, el de la Fundación Pablo Neruda, el del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile, el Archivo Estatal de Historia Política y Social de Rusia, y el Archivo Nacional de Suecia, Amorós reconstruyó la vida de Pablo Neruda, y de la cual, asegura, le sorprende que haya estado atravesada a fuego por los grandes acontecimientos políticos del siglo XX.

“En el plano cultural, fue uno de sus grandes protagonistas: la edad de plata de la cultura española en la Segunda República, la guerra civil, que lleva a su poesía hacia el compromiso político y alumbra España en el corazón, la Segunda Guerra Mundial, que observa en buena medida desde México, donde es cónsul general de Chile, y desde donde canta la causa antifascista y la heroica resistencia de la Unión Soviética, la Guerra Fría, la Revolución Cubana, a la que dedica Canción de gesta. Y, en el terreno literario, desde luego me llamó la atención su temprana vocación poética, el impacto de sus dos primeros libros (Crepusculario y Veinte poemas de amor y una canción desesperada), que publicó con 19 y 20 años, o la larga gestación de la que para mí es su obra cumbre: Canto general. Ciertamente, soy historiador, no filólogo, y para la comprensión de su obra me apoyé en los especialistas de referencia: Hernán Loyola, Jaime Concha, José Carlos Rovira, Saúl Yurkievich”.

“Destaco también un episodio hermoso: la salida a caballo, clandestino, por la cordillera cerca de Valdivia en el verano de 1949, para sobrevivir a la persecución de González Videla contra los comunistas, con una copia de Canto general en sus alforjas. Víctor Pey, quien había llegado a Chile en el Winnipeg en 1939, le devolvió la mano al prestarle una ayuda esencial. Neruda evocó este episodio en diciembre de 1971, en su memorable discurso en Estocolmo al recibir el premio Nobel de Literatura. Otros episodios luminosos: la edición príncipe de Canto general, en México, en abril de 1950, con las guardas de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Y la primera edición chilena de esta obra, realizada clandestinamente por el Partido Comunista. Y también, por supuesto, su funeral, aquel 25 de septiembre de 1973, que fue la primera manifestación contra la dictadura”.

Pablo Neruda, 1968. Foto: Evandro Teixeira.

Sobre el Neruda político ¿Cómo se dio su entrada al PC y posteriormente su paso por el Senado?

La aproximación de Neruda al comunismo empieza en junio de 1935, en un importante congreso de escritores en París. Pero fue la guerra civil española, la agresión del fascismo a la República, el desencandenante de su compromiso político, que aún no podía tener una expresión partidaria porque era funcionario del servicio consular en el segundo periodo del presidente Arturo Alessandri. La invasión de la Alemania nazi a la Unión Soviética, en junio de 1941, reafirmó sus convicciones y fue en México cuando escribió sus cantos a la resistencia de Stalingrado o exaltó el heroísmo de aquel Leningrado cercado durante novecientos días. Regresó a Chile a fines de octubre de 1943 y en marzo de 1945 fue elegido (como independiente), junto con Elías Lafertte, como senador por el Norte Grande con votaciones próximas al 50%. El 8 de julio de aquel año, en un acto en el teatro Caupolicán, Neruda, al igual que Francisco Coloane, Blanca Hauser o María Marchant, ingresó como militante en el Partido Comunista de Chile. Lamentablemente, de su discurso de aquel día solo se han conservado los fragmentos que El Siglo publicó al día siguiente.

Neruda fue diplomático, senador, militante comunista, candidato presidencial y una figura internacional. ¿En qué momento deja de ser simplemente un poeta comprometido políticamente y se convierte en un actor político de primera magnitud?

Neruda tuvo un protagonismo político indiscutible desde 1945. Elegido senador, se convirtió, con su memorable discurso “Yo acuso” de enero de 1948, en el vocero del PC que denunció la traición de González Videla a sus antiguos aliados. Salió al exilio en 1949 y recorrió Europa y el mundo en los años más duros de la Guerra Fría. Fue, sin duda alguna, uno de los intelectuales comunistas más reconocidos (y populares) del siglo XX. Podríamos preguntarnos cuántos jóvenes se acercaron a esta opción política tras leer Canto general. Regresó a Chile en agosto de 1952, a tiempo de participar en las últimas semanas de la primera candidatura presidencial de Salvador Allende, a quien acompañó lealmente en 1958, 1964 y 1970. Fue también, desde luego, el gran nexo entre la Unión Soviética y los intelectuales chilenos.

Uno de los grandes problemas actuales es cómo leer a Neruda a la luz de la confesión sobre la agresión sexual que aparece en Confieso que he vivido. ¿Cómo debería enfrentarse esa dimensión de su biografía sin negarla?

Desde luego, la controversia sobre el pasaje de sus memorias en el que confesó que había violado a una joven durante su estancia en la actual Sri Lanka en los años 20 ha lesionado su imagen e incluso el interés por su obra. En primer lugar, conviene recordar que Confieso que he vivido quedó inconcluso a la muerte del poeta. Matilde Urrutia, su viuda, viajó a Caracas y junto con el escritor venezolano Miguel Otero Silva terminaron de ordenar la obra, que se publicó en febrero de 1974. Durante cuatro décadas, este episodio, que conocemos por la voluntad de Neruda, y también de sus improvisados editores últimos, pasó inadvertido para millones de lectores y lectoras en numerosos idiomas y países. Este dato habla muy bien de la importancia de la lucha del movimiento feminista para que hayamos tomado conciencia de sus reivindicaciones y también de su mirada. Por tanto, es imposible acercarnos a la vida de Neruda e ignorar este episodio absolutamente execrable.

Ahora bien, en el otro lado de la balanza, hay que situar otros aspectos (la expedición del Winnipeg, su compromiso con la causa de la izquierda y con la UP, su militancia comunista, la generosidad de un hombre que a lo largo de su vida donó centenares de libros a todo tipo de bibliotecas…) para alcanzar un juicio equilibrado. Y, desde luego, Neruda sigue siendo, como lo afirmara Gabriel García Márquez en octubre de 1971 ante las cámaras de TVN, el gran poeta del siglo XX en cualquier idioma.

El regreso de Pinochet

Si hay un fenómeno actual que le llama la atención a Mario Amorós, es la suerte de “revival” de la figura de Augusto Pinochet, quien ha sido reinvindicado por parte de la sociedad chilena. Ello es lo que comenta en el nuevo prólogo de la biografía del exmilitar y dictador, Pinochet. Biografía militar y política (Ediciones B). Originaria de 2019, también acaba de ser reeditada.

“Como parte de la ola reaccionaria que sacude el planeta, desde hace varios años su figura es exaltada por los sectores más retrógrados de dentro y fuera de Chile a partir de la actualización de los viejos mitos que, día tras día, martilló en sus discursos, entrevistas y libros bajo potentes destellos de mesianismo: la “intervención” de las Fuerzas Armadas, que respondía a un “clamor nacional”, salvó a Chile del “comunismo”; la izquierda preparaba un autogolpe para instaurar una dictadura o desencadenar una guerra civil con la ayuda de miles de guerrilleros extranjeros; el modelo económico implantado a partir de 1975 fue exitoso, se adelantó a los tiempos de la historia y convirtió a Chile en el ejemplo para América Latina; Pinochet no fue un dictador, sino un gobernante autoritario que, a través de la Constitución de 1980, se fijó límites, entregó el poder en 1990 y abrió paso a una transición ejemplar”.

Gen. Augusto Pinochet exits his home, surrounded by security guards in Santiago, Chile, Sept. 7, 1986, the day after he survived an assassination attempt by the guerrilla group, Manuel Rodríguez Patriotic Front. (AP Photo/Marco Ugarte) Marco Ugarte

Añade Amorós: “En 2023, con motivo de la conmemoración de los cincuenta años del golpe de Estado, la derecha y sus intelectuales lograron instalar desde los medios de comunicación afines una única materia de debate… hasta el cansancio: la revisión de la figura histórica de Salvador Allende desde una perspectiva muy crítica y sesgada (un presidente sin capacidad de liderazgo) y el análisis de su Gobierno y de la coalición que lo sustentaba, la UP (encabezada por los partidos Socialista y Comunista), como una suma de fuerzas fragmentada y con un proyecto que tenía un horizonte totalitario".

“Medio siglo después, la derecha actualizaba, exitosamente, una parte del discurso que la dictadura heredó de la oposición civil a Allende para legitimarse ante el país y ante el mundo. Hoy quien fuera un joven pinochetista en los años 80 y aún es un defensor de la dictadura, José Antonio Kast, es presidente de Chile con un programa que, como estamos comprobando en estos primeros meses de su mandato, representa una involución gravísima en términos democráticos y de justicia social. Parece, pues, imprescindible recordar quién fue realmente Augusto Pinochet Ugarte a casi veinte años de su fallecimiento. A ello espera contribuir la cuarta edición, actualizada, de esta biografía”.

Su investigación reconstruye incluso los años escolares y la trayectoria completa de Pinochet en el Ejército. ¿Qué encontró en ese joven oficial de Infantería que permita entender al hombre que terminaría gobernando Chile?

Por primera vez, a partir de la documentación del Ministerio de Educación y del archivo de la Escuela Militar, se reconstruye su trayectoria escolar y sus cuatro años de formación como oficial con datos sólidamente contrastados y ciertamente novedosos. La consulta -por primera vez también- de su densa hoja de vida en el Archivo General del Ejército me permite relatar su trayectoria militar al detalle y analizar su paciente recorrido, peldaño a peldaño, por todos los grados de la institución hasta coronar la cima el 23 de agosto de 1973, cuando el presidente Allende, a propuesta del general Carlos Prats, le designó comandante en jefe. Igualmente, he podido esclarecer su etapa como miembro de la masonería en 1941-1942 en San Bernardo -a la que jamás se refirió- a partir de una fuente historica inexplorada en su caso: la documentación del archivo de la Gran Logia de Chile.

Pinochet fue un pésimo estudiante (repitió tres cursos de la enseñanza secundaria en el colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso) e ingresó en la Escuela Militar a principios de 1933 en la última oportunidad de que disponía según las normas de la época y tras fracasar en dos intentos anteriores. Logró la undécima antigüedad entre los cincuenta y cinco alumnos que egresaron en 1936 y el 1 de enero de 1937, al cursarse su nombramiento como oficial del Ejército con el grado de alférez, empezó una carrera militar que se prolongaría durante sesenta y cinco años, hasta el 10 de marzo de 1998. Fue un joven oficial que nunca brilló entre sus pares, pero que supo remover los obstáculos y seguir avanzando, año tras año, década tras década, esforzadamente, dentro de su institución, obedeciendo sin discusión a sus superiores, como correspondía, y sin involucrarse, ni arriesgar, en “aventuras” como el Tacnazo que su compañero de promoción, el general Roberto Viaux, encabezó en octubre de 1969.

General Augusto Pinochet

Una de las tesis fuertes de su investigación es la importancia de su larga trayectoria militar. ¿Pinochet fue esencialmente un militar que llegó a la política o fue, en algún momento, un político que utilizó al Ejército como instrumento?

Entre 1952 y 1967, Pinochet se dedicó esencialmente a la docencia militar. Primero estuvo destinado en la Escuela Militar y, después de un año en el Regimiento Rancagua de Arica, en 1954 y 1955 fue profesor de materias como Geopolítica, Geografía Militar y Logística en la Academia de Guerra. En abril de 1956, viajó junto con otros cinco oficiales a Ecuador como parte de la misión enviada a la Academia de Guerra de ese país, que reanudaba sus actividades. Fue también entonces cuando aparecieron sus primeros artículos en las revistas del Ejército y sus libros iniciales, trabajos de escaso valor y paupérrimo repertorio bibliográfico.

En la década siguiente, ascendió sucesivamente a teniente coronel (1960), coronel (1966) y general de brigada (1969), en un tiempo histórico condicionado por el endurecimiento de la Guerra Fría en América Latina, debido a la reacción de Estados Unidos ante la Revolución Cubana. Después de cuatro años como subdirector de la Academia de Guerra, en septiembre de 1970, cuando Salvador Allende venció en las elecciones presidenciales, era el comandante en jefe de la VI División del Ejército, con asiento en Iquique. Durante los mil días de la Unidad Popular, el general Pinochet recibió la confianza del comandante en jefe del Ejército, Carlos Prats, quien en enero de 1971 le designó jefe de la guarnición de Santiago (y como tal dirigió la parada militar de aquel año y rindió honores a Fidel Castro en su visita al país) y el 28 de diciembre de aquel año le ascendió a jefe del Estado Mayor General. En ambas responsabilidades, así como cuando en tres ocasiones le correspondió reemplazarle al frente del Ejército, Pinochet cumplió sus obligaciones profesionales, mientras la tensión política y social se agravaba producto de la estrategia sediciosa de la derecha, que logró involucrar al Partido Demócrata Cristiano. Hasta el invierno de 1973, todas las conspiraciones militares para forzar el derrocamiento del Gobierno constitucional naufragaron ante la firmeza y los principios democráticos de Prats.

Pero el 23 de agosto el largo asedio psicológico sostenido contra él logró forzar su renuncia. Entonces, avalado por la recomendación de Prats, el presidente Allende situó al frente del Ejército a Pinochet, quien en aquel momento solo inspiraba desconfianza entre los oficiales de las Fuerzas Armadas que ya preparaban el golpe de Estado. Aún no habían descubierto que su capacidad de traición y su ambición carecían de límites.

En la foto Carlos Prats, José Tohá, Augusto Pinochet en ceremonia, abril 1973. (Fondo histórico - CDI Copesa) CDI - COPESA

¿Cuándo aparece realmente la ambición de poder de Pinochet? ¿Antes del golpe o después del 11 de septiembre?

Hasta el 11 de septiembre de 1973 ningún comandante en jefe del Ejército traicionó la confianza del presidente de Chile. El general Augusto Pinochet se sumó a la conjura solo treinta y seis horas antes de la sublevación, cuando fue instado por los conspiradores a unirse a un golpe de Estado cuyo resultado consideraban tan incierto que varios dirigentes de Patria y Libertad y un enviado del almirante José Toribio Merino comprometieron el apoyo bélico de la dictadura militar brasileña en el caso de que la división de las Fuerzas Armadas desembocara en una guerra civil, como sucedió en España en el verano de 1936. Pero la Junta militar se hizo con el control absoluto del país en pocas horas después de que el presidente Salvador Allende pusiera fin a su vida tras el bombardeo de La Moneda. Y aquella misma noche Pinochet fue elegido presidente de la Junta por José Toribio Merino, Gustavo Leigh y César Mendoza.

Muy pronto entendió que tenía el país a sus pies y demostró una ambición y una voluntad de poder absoluto que sorprendió no solo a quienes desde la izquierda le habían tratado antes del 11 de septiembre, sino también a los conjurados de primera hora. Apenas un año después del golpe de Estado, ya se había arrogado el Poder Ejecutivo, además del mando absoluto sobre el Ejército, y contaba con la fidelidad de las diversas agrupaciones de la derecha. Al mismo tiempo, la temible estructura represiva de la DINA solo estaba sometida a sus órdenes y, en un gesto lleno de simbolismo, lucía ya la banda tricolor que tradicionalmente utilizaban los presidentes constitucionales en las ocasiones más solemnes. A fines de 1974 concluyó su coronación al ser designado presidente de la República por la Junta, hecho que la Constitución de 1980 ratificaría.

Rio de Janeiro (RJ) - 16/03/1974 - Ernesto Geisel, posse no cargo de Presidente da República. - Augusto Pinochet cumprimenta Ernesto Geisel - Foto Arquivo / Agência O Globo - Neg : 122242

¿Por qué Pinochet termina sumándose al final en la conjura que fraguó el golpe de 1973?

Cuando ya despuntaban las primeras luces del ocaso sobre su larga carrera militar, a solo quince meses de pasar a retiro, en el último momento (a treinta y seis horas de la sublevación) decidió sumarse a la conjura fraguada por otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas, después de que la derecha, la dirección de la Democracia Cristiana, las organizaciones empresariales y el Gobierno de Nixon y Kissinger hubieran situado al país al borde del abismo. La mañana del domingo 9 de septiembre de 1973, el presidente Allende le informó de su intención de convocar un plebiscito a fin de resolver el grave conflicto político que dividía el país. Y aquella tarde se comprometió por escrito con la conjura golpista. Meditó mucho aquella decisión porque arriesgaba una esforzada carrera militar de cuatro décadas que le había permitido alcanzar la cima del Ejército.

Ha planteado que Pinochet fue un militar profundamente marcado por la lógica de la obediencia. ¿Cómo se transforma esa cultura de obediencia en una forma de ejercer el poder político?

Pinochet se formó en un Ejército marcado por la influencia de los instructores prusianos llegados en los últimos años del siglo XIX, tras la guerra del Pacífico. De manera paralela, se forjó una verdadera “mitología del vencedor”, según la definición de Patricio Quiroga y Carlos Maldonado, justificada por las sucesivas victorias militares del siglo XIX y condensada en el lema del Ejército: “Siempre vencedor, jamás vencido”. Esta ideología incluía la tendencia hacia un Estado autoritario y un profundo rechazo de las ideas socialistas. De hecho, en el breve interregno de la República Parlamentaria (1891-1924), el Ejército asumió funciones de “policía interior” y fue el responsable de la represión de las movilizaciones y demandas del movimiento obrero, causando miles de víctimas entre obreros del salitre y del carbón, trabajadores industriales y portuarios, desempleados y mujeres de las clases subalternas.

La prusianización dejó una huella profunda y a ella se superpuso la doctrina militar norteamericana de la Guerra Fría, que catalogaba a “los comunistas” (etiqueta que incluía al conjunto de la izquierda e incluso a otros sectores democráticos) como el enemigo cuyo exterminio requería la supervivencia de la “civilización occidental”. Desde 1947 Chile quedó amarrado al sistema político-militar continental, parte esencial de su encuadramiento con Estados Unidos. El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, la fundación de la Organización de Estados Americanos en 1948 y el Programa de Ayuda Militar suscrito con la potencia hemisférica en 1952 solidificaron dicha adscripción. De la obediencia absoluta a sus superiores Pinochet pasó a exigir esa misma obediencia a sus subordinados, militares y civiles.

Su lugar en la Historia del siglo XX es el de un dictador despiadado que demostró una insaciable ambición de poder: desde la ceremonia de constitución de la Junta militar la noche del 11 de septiembre de 1973 hasta la madrugada del 6 de octubre de 1988, cuando maniobró para desconocer su derrota, estuvo empeñado en perpetuarse al frente de Chile hasta el fin de sus días, como su admirado Francisco Franco. Es el hombre que más años ha permanecido en activo en el Ejército chileno y el que más tiempo ha estado al frente del país, incluso si se considera a los gobernadores de la época colonial, con un control tan absoluto que en varias ocasiones le indujo a advertir: “En Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”.

HB/ME Reuters Photographer

¿Cuánto de la permanencia de Pinochet después de 1990 se explica por su propia habilidad política y cuánto por las debilidades de la transición?

A pesar de su desprecio retórico por la política, Pinochet demostró en no pocas ocasiones su habilidad política. Así, tras su derrota en el plebiscito de 1988, planificó lo que la prensa conservadora de la época caracterizó como la “retirada ordenada” de las Fuerzas Armadas desde las entrañas del Estado a los cuarteles. El 31 de mayo de 1989, anunció que su Gobierno y la Concertación habían alcanzado un acuerdo, que fue apoyado también por Renovación Nacional, para reformar algunos aspectos de la Constitución. El número de senadores que se elegirían en las elecciones parlamentarias de diciembre ascendió de 26 a 38 (a los que habría que añadir nueve designados); se suprimió la proscripción de los partidos políticos de ideología marxista del artículo octavo y se aprobó que el mandato del presidente que asumiría el 11 de marzo de 1990 duraría solo cuatro años. También se cambiaron la composición y las facultades del Consejo de Seguridad Nacional y se suavizaron mínimamente los mecanismos de reforma de la Carta Fundamental. Por primera vez, el dictador accedía a negociar con la oposición.

Chile sería el último país de Sudamérica que recuperó la democracia y el único que heredó una Constitución impuesta por la dictadura militar, junto con los amarres autoritarios que a lo largo de 1989 Pinochet y su núcleo más próximo se ocuparon de dejar férreamente anudados. El 11 de marzo de 1990, Patricio Aylwin fue investido presidente de la República y se inició una transición marcada por la sombra del exdictador, quien, desde su pedestal de la jefatura del Ejército, se preocupó de preservar la impunidad. En el Chile de los años noventa, en pleno ciclo de crecimiento macroeconómico y de hegemonía indiscutida de la Concertación, Pinochet llegó a convertirse en una figura aceptada por las nuevas élites políticas del país, en el “patriarca” de la transición, en palabras de Tomás Moulian. El 11 de marzo de 1998, después de más sesenta años de carrera militar y casi un cuarto de siglo como comandante en jefe del Ejército, se convirtió en senador vitalicio.

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La detención en Londres en 1998 cambió radicalmente su imagen internacional. ¿Por qué ese episodio fue tan importante para Chile y para la justicia internacional?

Su viaje caprichoso a Londres en septiembre de 1998 propició que fuera detenido por agentes de Scotland Yard la noche del 16 de octubre a petición del juez Baltasar Garzón, bajo la acusación de crímenes contra la humanidad, un proceso sin parangón desde los juicios contra los criminales nazis en Nuremberg (1945-1946). El acuerdo tácito de la Transición en Chile, la impunidad del exdictador, saltaba por los aires Empezó entonces una batalla jurídica y política apasionante, que duraría 503 días, en la que los tribunales de justicia británicos terminaron por aprobar su extradición a España, hasta que finalmente la confabulación de los gobiernos de Eduardo Frei, José María Aznar y Tony Blair lo rescató y regresó a Chile el 3 de marzo de 2000. Pero Londres se convirtió en su Waterloo: a partir de entonces, y hasta el fin de sus días, tuvo que someterse a los tribunales y murió en 2006, hace ya casi veinte años, procesado en varias causas por violaciones de los derechos humanos.

Según un informe de la Comisión Ética contra la Tortura, a diciembre de 2022 en Chile habían concluido con sentencia 1.313 juicios, que afectaban a 2.191 de las 41.467 víctimas reconocidas por el Estado chileno desde el Informe Rettig (1991) hasta el Informe Valech II (2011) y que habían supuesto la condena a penas de prisión de 1.154 exagentes de los aparatos represivos de la dictadura. Sin incluir a los dieciséis agentes sentenciados a cadena perpetua, los años de condenas impuestos por los tribunales de justicia sumaban un total de 28.039. Pocos países han alcanzado estas cotas de justicia en el enjuicimiento de los represores de una dictadura. Es mérito, sobre todo, del movimiento de derechos humanos, de las agrupaciones de familiares y de la izquierda. Recordemos la primera querella presentada por Gladys Marín contra Augusto Pinochet el 12 de enero de 1998, nueve meses antes de su detención en Londres, que abrió pasó a otras más de doscientas denuncias contra el dictador.

Al mismo tiempo, el caso Pinochet fue una batalla jurídica extraordinaria. Fue un hito en la lucha contra la impunidad, destacó entonces Amnistía Internacional, porque transformó “de forma profunda y permanente la aplicación del Derecho Internacional para combatir la impunidad y los crímenes contra la humanidad. La detención de Augusto Pinochet y las decisiones de los tribunales españoles y británicos sobre este caso enviaron un mensaje claro a los dictadores y genocidas del mundo: ya no podrán escapar al largo brazo de la ley internacional de derechos humanos”. Y como escribió el fiscal español Carlos Castresana tras el fallecimiento del dictador: “Pinochet, bien a su pesar, es ya un precedente histórico: no como libertador de Chile, según él hubiera apetecido, sino como criminal. Por generaciones, el precedente judicial Pinochet Ugarte y otros será invocado -lo está siendo ya- como instrumento de justicia universal frente a las violaciones más groseras de los derechos humanos, estableciendo que la responsabilidad penal, como la memoria y los derechos de las víctimas, atraviesa indemne los años, los indultos y las fronteras”.

(null) MOISES MUOZ

En su investigación señala la confabulación de Frei, Aznar y el gobierno británico para la liberación de Pinochet. ¿Qué revelan esas gestiones sobre los límites de la transición chilena?

En mi biografía por primera vez se citan y examinan los documentos reservados de la diplomacia chilena relativos al periodo de su detención en Londres (consultados en el invaluable Archivo General Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores), que iluminan las maniobras encubiertas del Gobierno de Frei Ruiz-Tagle para librarle de la extradición a España.

Un ejemplo: en la tarde del 28 de octubre de 1998, desde Londres, en un informe con la clasificación de “secreto exclusivo” dirigido al ministro de RREE, José Miguel Insulza, el subsecretario de Relaciones Exteriores, Mario Fernández, le dio cuenta de sus reuniones con el canciller británico, Robin Cook; Basil Hume, cardenal primado de la Iglesia católica británica; Lord Douglas Hurd, destacado miembro del Partido Conservador; Lord David Owen, exministro de Asuntos Exteriores; Menzies Campbell, portavoz de política exterior y defensa del Partido Liberal Demócrata en la Cámara de los Comunes; el obispo Frank Sargent, jefe de gabinete del Obispo de Canterbury; el obispo anglicano Pat Harris y el laborista Tony Lloyd, segundo del Foreign Office, a quienes expuso el rechazo de su Gobierno a la “legislación extraterritorial”, es decir, su defensa del dictador. “En relación al arresto preventivo del senador Pinochet, he indicado que se trata de una detención arbitraria, puesto que el senador viajaba como embajador en misión especial y es un exjefe de Estado, por lo que goza del fuero parlamentario, inmunidad diplomática e inmunidad de Estado”.

Fernández argumentó ya entonces que, debido a la acumulación de solicitudes de extradición, la única opción que creía viable para salvar a Pinochet era apelar a las razones humanitarias. El Gobierno de Frei Ruiz-Tagle se empeñó a fondo en librar a Pinochet de la extradición a España (aprobada por la justicia británica en octubre de 1999), donde hubiera sido juzgado por crímenes contra la humanidad con las garantías que sus decenas de miles de víctimas no tuvieron.

20160926 - - - CONSORCIO PERIODISTICO DE CHILE - COPESA - - - AUGUSTO PINOCHET UGARTE EN EL EDIFICIO DIEGO PORTALES. 10.10.1973. - CDI - COPESA - - - FONDO HISTORICO FILEMAKER - CDI - COPESA

Y luego está el caso Riggs. ¿Hasta qué punto la revelación de su patrimonio terminó destruyendo el último gran argumento moral de sus defensores: la idea del militar austero que actuó por patriotismo?

La derecha chilena (entonces RN y UDI, principalmente), que puso el grito en el cielo cuando el dictador fue detenido en Londres, solo se distanció de su figura cuando se demostró que había amasado una auténtica fortuna de manera ilegal. Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y como Osama Bin Laden se vanaglorió de que conocía perfectamente las fallas de los sistemas financieros occidentales, Washington intentó mejorar su legislación contra el blanqueo de dinero.

El 15 de julio de 2004, el senador demócrata Carl Levin presentó los resultados del informe Lavado de dinero y corrupción internacional: aplicación y efectividad de la Ley Patriota, elaborado por la Subcomisión Permanente de Investigaciones del Senado de Estados Unidos, que eligió como caso de estudio al Banco Riggs, una de las instituciones financieras más importantes de Washington. Después de un año de trabajo y la revisión de miles de documentos, el resultado fue impactante ya que se descubrió que durante años esta institución había realizado actividades financieras opacas e irregulares con Teodoro Obiang, dictador de Guinea Ecuatorial desde el golpe de Estado del 3 de agosto de 1979, y con Augusto Pinochet, con quien mantuvo, entre 1994 y 2002, una relación privilegiada.

El mito de la austeridad del dictador tenía pies de barro: Pinochet había permitido que durante su régimen, con las privatizaciones y la penetración del mercado y el lucro en todas las esferas de la sociedad, los grandes empresarios amasaran fortunas formidables, pero él era incorruptible… Era un déspota, pero habría sido un déspota modernizador según la imagen construida durante la transición. En 2004, a raíz del caso Riggs, la derecha, que le había defendido a ultranza, se alejó mayoritariamente de su figura. También en el mundo empresarial cambió la percepción, ya que además la generación de empresarios vinculados a la dictadura, que lo había defendido a ultranza cuando estuvo preso en Londres, había sido reemplazada en los primeros años del siglo XXI por personas que tendieron puentes muy estrechos con el Gobierno de Ricardo Lagos, al que exaltaron por su eficiencia económica y su sujeción a los límites del modelo neoliberal.

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