Por Pablo Retamal N.
El gran escándalo de Moria Casán: la historia real de la cena fallida y “todo berreta” que recrea Netflix
Una cena de canje en Mar del Plata, sándwiches de baja calidad y la furia de la One. Así fue la noche gastronómica que terminó convertida en leyenda pop.

Si al cruzar Los Andes le mencionamos a cualquier hijo de vecino las frases “El decorado se calla”, “Si querés llorar, llorá” o “¿Cómo se puede ser tan berreta?”, las asocia de inmediato a Moria Casán. Tan locuaz como Diego Maradona, la “One” dejó una serie de frases para el bronce. Pero entre todas ellas hay una que, por su mezcla de indignación, humor involuntario y precisión descriptiva, ocupa un lugar privilegiado: “No era jamón, era japaleta, todo berreta”.
Esa sentencia no nació en un estudio de televisión ni en una conferencia de prensa. Surgió de una cena fallida en un restaurante de Mar del Plata, en noviembre de 2011, y se convirtió en uno de los escándalos más recordados de la carrera de la diva. El hecho fue recreado en el sexto episodio de la serie Moria, de Netflix.

Casán (en cuya etapa adulta fue interpretada por Griselda Siciliani) llegó al local agotada después de haber actuado en una obra de teatro en Mar del Plata. Como era habitual en aquellos años, la producción había cerrado un canje con un local gastronómico: el elenco promocionaba el restaurante a cambio de una cena. Por ello, después de la función, parte del equipo se dirigió al lugar -identificado en las crónicas de la época como La Reina- con la expectativa de comer algo decente luego de haber trabajado. Relajarse y llenar el buche.
Sin embargo, según el relato de la propia Moria, el recibimiento estuvo muy lejos de lo prometido. A los días después, y con su afinado sentido del espectáculo, la “One” contó con lujo de detalles lo ocurrido en un móvil del programa Infama, conducido por Santiago del Moro. No podía ser en otro lugar que no fuera la TV.
“Cuando llegamos, platitos inmundos con sándwiches cuadraditos así de mala calidad donde el jamón no era jamón, era japaleta, todo berreta, todo berreta. Yo no como esto. ¿Cómo vas a comer harina después de una función? ¿Qué sos, una vaca? No puede ser”. Por supuesto, hablaba de japaleta en alusión a la baja estofa de lo que les sirvieron.

Pero no era solo la comida. Moria denunció que la atención había sido pésima, especialmente hacia los bailarines de su elenco. “La dueña es una loca patológica. Los trataban a los chicos fatales; los bailarines míos se tuvieron que ir, pero mirá si yo necesito de este mamarracho”.
También contó que una amiga suya pidió champagne para brindar y le respondieron que no se daba, que tomara agua, y terminaron ofreciéndole sidra caliente. “¡A ‘Z’ le decís tomá agua y la insultás!”, disparó.
Molesta, Moria le ordenó a su gente que se pararan y se fueran. Era suficiente. Pero al momento de irse, el restaurante intentó cobrarles la cuenta. “Cuando nos vamos, nos traen la cuenta y les digo: ‘De ninguna manera’”.
La bronca no terminó ahí. Moria se enfrentó directamente con la dueña del local, y, fiel a su estilo, disparó a mansalva: “¿Cómo se puede ser tan berreta? Una mujer sin clase”. Y explicó que ella no había elegido el lugar: “Te lleva la producción, yo ni sé dónde queda eso, pero cuando le vi la cara a la mina, que estaba metida en todas las notas, desesperada para salir…”.

En ese mismo despacho, Casán aseguró que después de aquella comida ella y otras personas del grupo se sintieron mal y que llegó a evaluar realizar una denuncia ante las autoridades.
“Atendió pésimo a todo el mundo, dejó a los bailarines sin comer, por unos sándwiches espantosos, comida espantosa, que me hizo daño, le voy a hacer una denuncia, me hiciste mal al estómago dos días, atrevida loca”, manifestó en aquel momento. “¿Por qué tuve que tener vomito por un pollo de mierda? La dueña es una loca, maleducada, sin clase. Dejó a los bailarines sin comer. Te voy a hacer una denuncia porque me hiciste mal al estómago dos días y te voy a cerrar el local”.
“La gente que recibe a los artistas tiene que entender que no somos unos muertos de hambre, que tenemos hambre después de hacer una función y no queremos hablar con banners atrás y con las cabezas así para que te salga el restaurante ridículo que tenés, absurda”.
El video de aquel móvil se viralizó de inmediato. En una época en la que las redes sociales todavía no tenían el poder actual, el material circuló por programas de televisión, portales y conversaciones cotidianas. Moria Casán, una vez más, había convertido una anécdota personal en un momento de televisión inolvidable.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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