Por Juan Luis Ossa
Jesse Norman en el CEP
Hace unos días tuvimos en el CEP al político y filósofo inglés Jesse Norman, viejo amigo de la centroderecha chilena desde que su libro The Big Society (2010) se convirtió en referencia para las corrientes liberales y conservadoras que recorren ese sector.
Norman es un convencido Tory que ha hecho carrera defendiendo algunos principios fundamentales: la reforma por sobre la revolución; la tradición por sobre el quiebre; el rol clave de la sociedad civil por sobre el estatismo extremo y el individualismo sin límites. Es, como él mismo suele decir, un “burkeano” que no reniega de los cambios, pero siempre sobre la base de la evolución y el gradualismo. Por eso mismo, cree, junto con Michael Oakeshott, que las reglas no pueden cambiarse cuando el partido ya ha comenzado y que el respeto de la institucionalidad es, en consecuencia, condición necesaria para el correcto funcionamiento de la democracia representativa.
En el encuentro conversamos más específicamente sobre el legado internacional del expresidente Sebastián Piñera, en una iniciativa conjunta con la Universidad Católica y la fundación que lidera su hija Magdalena. Aprovechamos la ocasión para referirnos a un libro reciente en que cincuenta figuras internacionales –entre ellas, el propio Norman– comentan algunos aspectos interesantes para conocer al mandatario, en especial su desempeño en el escenario mundial.
Piñera tenía una personalidad esencialmente hacendosa: era un gestor innato y competitivo. Este último aspecto lo resaltan de manera positiva varios autores del libro. Ya fuera con sus compañeros en Harvard o como el presidente que reconstruyó Chile después del terremoto de 2010, rescató a los 33 mineros o reaccionó como pocos ante la emergencia del Covid-19, los testimonios dan cuenta de un rasgo de su carácter que, creo, explica mucho del tipo de liderazgo que ejerció.
Otras características del expresidente recogidas en el libro son, digamos, más ideológicas. Se resalta allí su compromiso con los derechos humanos y la democracia, a cada hora y en todo lugar. Esto es importante cuando se analiza retrospectivamente su decisión de encontrar una salida institucional a la violencia y el descontrol del estallido social.
Cierto, hay quienes en la derecha todavía le critican que –en palabras de ellos– haya “entregado” la Constitución. Sin embargo, como reconoce la propia Cayetana Álvarez de Toledo, a quien nadie podría clasificar de izquierdista, lo que hizo Piñera no solo fue valiente, sino también necesario para mantener la paz. Todo “un legado democrático”, concluye la diputada española.
Jesse Norman vio varias veces al expresidente y se dieron el tiempo de conversar sobre diversas materias. Más allá del detalle, los unía la convicción de que los cambios duraderos se construyen desde las instituciones y no contra ellas. Quizás ese sea, en definitiva, el principal legado internacional del expresidente: haber demostrado que, incluso en los momentos más difíciles, la democracia sigue siendo el mejor camino.
Por Juan Luis Ossa, historiador, director ejecutivo del centro de Estudios Públicos
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