Región de O'Higgins

La marea que llevó a Los Piures a Pichilemu

A un par de cuadras del camino a Cahuil se encuentra Los Piures: un sitio que congrega en un galpón exposiciones culturales, una vitrina de vinos locales y un restaurant que, antes que la capital, decidió apostar por la Región de O´Higgins.

Matias Arteaga, Chef. Foto: Andres Perez Andres Perez

Antes de ser el nombre detrás de éxitos capitalinos como Toni y Gino Lautaro, el chef Matías Arteaga decidió apostar por la Región de O’Higgins. En 2022 abrió, junto a Osvaldo Cuadrado e Isidora Thomas, el Club Social Los Piures en un antiguo galpón en Punta de Lobos. El proyecto era ambicioso: buscaba acoger a 120 comensales, ofrecer comida local y ganarse un espacio en el corazón de Pichilemu.

Hoy, ya sin Arteaga, que vendió su parte de la sociedad en 2025, Los Piures es uno de los lugares que explica que el 67% de los habitantes de la región sienta que la gastronomía de la zona es buena o muy buena, según el estudio de Esto es Chile —el proyecto de Cadem, La Tercera e Inacap para dar a conocer qué piensan y sienten las regiones del país—, pero hace cuatro años, como recuerda Arteaga, esa apuesta era un salto de fe.

Isidora Thomas (arquitecta y gestora cultural), Matías Arteaga (chef) y Osvaldo Cuadrado (emprendedor y socio administrador).

¿Qué los llevó a apostar por la Región de O´Higgins y Pichilemu para Los Piures?

Combinaba cosas que me encantan: la mezcla del campo con el mar, con una tradición antigua de una extracción todavía existente del recurso marítimo y el aprovechamiento de la costa y del borde costero.

La segunda patita es que Osvaldo e Isidora vieron que era un increíble lugar con un público emergente, donde una propuesta de calidad iba a ser bien recibida.

¿Cómo surgió la idea de restaurar un galpón abandonado y transformarlo en un club con espacios culturales?

En ese galpón agrícola antiguamente se hacían tablas de surf y vimos que era una joya, un diamante en bruto, porque no tenía nada, pero lo tenía todo: la naturaleza, la posición, también lo poco pretencioso. Era un lugar que siempre había estado ahí y que nosotros lo íbamos a transformar para que los pudiera recibir a todos, solo queríamos abrir las puertas de este lugar. Construimos en pandemia que fue un gran desafío.

Los Piures Club Social.

¿Con qué filosofía fundaron el espacio?

La principal: un club social con una cartelera muy activa, donde siempre se pueda presentar el arte y la cultura local, que sea un lugar de encuentro y siempre sientas que estás en tu casa.

La segunda es la búsqueda del trabajo con la materia prima local, generar lazos y conexiones con distintos proveedores del secano costero y la costa, y aplicar creatividad a partir de eso a un tipo de comida que tú podrías comer reiteradas veces. Rico, simple y fácil, pero con aprovechamiento del producto local. Lo tercero, es que sea un lugar para todos, universal.

¿Qué particularidades de la gastronomía local de la región les llamaron la atención?

Algas, algo de locos, en verano corvina y mucha jaiba. Pichilemu es un lugar fuerte de jaibas y ahí hay de los mejores productores de Chile. Quinoa de Paredones, papayas, ciertos picantes de las ferias locales y la pesca que casi todo el año viene de ahí. La apuesta creativa nació del territorio y luego muta con las temporadas, es como el espíritu de la fundación.

Hay una historia muy bonita con el piure, que lo entrega la mayoría de las veces el sindicato de recolectores “Los Piures” de Punta de Lobo. Hicimos todo un proceso de pedirles permiso para poder usar ese nombre y nos lo dieron después de un tiempo. El club tiene un producto icónico, que es el shot de piure, que se hace con el piure que entrega el sindicato, una comunidad muy pequeña que sigue la recolección de orilla.

Shot de piure.

¿Cómo fue el proceso de levantar el club en la zona?

Lo primero fue hacer recorridos. Antes de crear aprendimos y entendimos. Me fui a vivir hartos meses con tal de enterarme qué es lo que de verdad se encuentra acá para hacerlo más representativo. Así me di cuenta de que la Sexta Región es una despensa gigantesca y que no tenía nada que salir a pedir a otro lugar.

¿Qué fue lo más difícil?

Lo que tiene cierta complejidad en regiones es generar los lazos, porque uno es afuerino, entonces es generar el vínculo y la confianza de ‘yo quiero hacer algo contigo y tu producto y te lo quiero pedir todas las semanas´.

¿Sólo eso?

Obtener la placa patente fue un forro, pero no tanto, pero sí. Nos demoramos como seis meses. Lo que fue complejo es que nos dimos cuenta de que había una necesidad galopante en el público de una oferta de este tipo. Hacíamos ciertos eventos pequeños y no sabíamos cómo hacer para que no se nos repletara.

¿Cómo se ganaron a los vecinos?

Fue complejo también lograr credibilidad con la comunidad local, que no son los pichileminos, sino los que llevan viviendo 10-15 años años ahí. Todos pensaban que éramos una discoteque o un prostíbulo, y que nos íbamos a poner en este lugar porque el uso del suelo lo permitía. Se nos demoró mucho más la patente por problemas con la misma comunidad, que hoy son los mejores clientes de Los Piures. La municipalidad no trabó para nada, pero sí tuvo que escuchar a la comunidad antes de avanzar con los permisos.

Después de cinco o seis años vemos que ese vecino que tenía cierta incredulidad con lo que íbamos a hacer hoy es cliente frecuente, la Municipalidad ve a Los Piures como un aporte genial a la comuna y el público es muy diverso.

¿Cómo se logró finalmente establecer esa confianza?

Cumpliendo lo que se había prometido, que era hacer un lugar familiar que escucha a la comunidad, un espacio para que ellos tuvieran un lugar para poder representar o juntarse y aportando calidad al día a día.

Los Piures Club Social
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