¿Creación o daño?
SEÑOR DIRECTOR:
Confundir el rayado no autorizado con expresión artística revela una preocupante incapacidad para distinguir entre creación y daño. El arte amplía el espacio público; el vandalismo lo degrada.
Desde la perspectiva del patrimonio cultural, un rayado no consentido constituye una intervención material sobre un bien ajeno que altera su integridad, genera costos públicos permanentes y deteriora el paisaje urbano. En Santiago, municipios como Providencia y Las Condes han reportado gastos anuales que superan los $1.000 millones en limpieza y mantención de fachadas, mientras que a nivel nacional se estiman miles de millones de pesos destinados cada año a remover rayados. Su eventual contenido estético o político no modifica esa naturaleza. La libertad de expresión protege las ideas, no el derecho a apropiarse del soporte físico de terceros.
Las ciudades con mayor desarrollo cultural promueven el arte urbano mediante autorización, curaduría y participación comunitaria. En comunas como La Pintana, por ejemplo, diversos programas de muralismo comunitario han demostrado que es posible integrar a artistas y vecinos mediante proyectos autorizados que fortalecen la identidad barrial sin destruir el espacio común. Lo que se fomenta es el arte y lo que se sanciona es la ocupación ilegítima del espacio público y privado.
Confundir ambos planos no fortalece la libertad, máxime, debilita la protección del patrimonio, del derecho de propiedad y de la convivencia urbana. Romantizar el vandalismo no es defender la cultura. Es, lisa y llanamente, renunciar a ella.
Carlos Maillet Aránguiz
Arquitecto
Director Arte y Conservación del Patrimonio USS
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