Por Juan Pablo Andrews
“Me amenazaron con matar a mis hijas”: el relato del conductor de Uber que fue testigo del secuestro en causa de Fodich
El ciudadano venezolano declaró dos veces. Primero dijo haber movilizado a los imputados y a los chinos. Luego dijo que lo amenazaron con matar a sus hijas y su pareja para decir eso y que solo arrendó su auto en $150 mil.

El 9 de septiembre, el mismo día que detuvieron a Vinko Fodich y a tres detectives de la PDI de la Bicrim La Pintana -Rodrigo Navarrete, Pablo Gajardo y Sebastián Gajardo- por el secuestro extorsivo de dos ciudadanos chinos, los investigadores continuaron realizando gestiones en paralelo.
El exfiscal de la zona Oriente, quien hoy está en prisión preventiva en la cárcel de Casablanca, se encuentra siendo investigado por participación de un elaborado montaje cuyo objetivo era que Mingkai Fu y Mingxia Fu, ambos vinculados a la mafia del clan Chen, pagaran $300 millones.
Para eso los imputados crearon un falso cuartel de la PDI en un subterráneo de un edificio ubicado en José Miguel Carrera 269, comuna de Santiago, para llevar a los chinos y pedirles el pago diciéndoles que estaban siendo investigados y que con ese pago todo podía quedar ahí.
Es en ese contexto que ese 9 de septiembre la PDI tomó la declaración de Pastor Alberto Tovar, un sujeto de 41 años, de nacionalidad venezolana, que habría sido el chofer de Uber que prestó servicios para los presuntos secuestradores. Al menos así lo contó en ese primer testimonio. Ese día Tovar estuvo en dependencias de la PDI desde las 15.15 hasta 23.35. En esa diligencia dijo que le pagaron $150 mil por realizar varios recorridos, todos entre el sector de Claudio Gay y José Miguel Carrera.
Sin embargo, al día siguiente, el 10 de septiembre, volvió a ir a la PDI para entregar un segundo relato y decir que todo lo que dijo, en esas más de ocho horas, era falso y que había obrado con temor y bajo amenaza. Para esa segunda declaración dijo que solo había arrendado el auto.
Los testimonios, a los que tuvo acceso La Tercera, son parte de las declaraciones que se encuentra revisando la Fiscalía Supraterritorial para reconstruir cómo actuaron los imputados el 6 de agosto, el día del secuestro. Ambos fueron en calidad de imputado.
Las contradicciones
Tovar partió diciendo que llegó a Chile en 2016 en calidad de turista. Llegó a hospedarse en Santiago junto a la que fuera su cónyuge por esas fechas. Dijo que vivió en varios lugares y comenzó a trabajar en Uber para ganarse la vida.
Fue este año, entre el 15 y el 20 de marzo, cuando llegó a vivir al séptimo piso del edificio ubicado en José Miguel Carrera 269, el mismo donde se montó el falso cuartel policial. Ese mismo mes compró el vehículo que utilizó para trabajar como Uber en los últimos meses, un Chevrolet Sail blanco tipo sedán.
A inicios de agosto recibió un llamado en el citófono de su departamento por parte del conserje, quien le dijo que en la recepción había una persona que quería hablar con él. A ese sujeto, de quien no entregó su nombre, lo describió de unos 38 años, 1.85 metros de altura, barba abundante y cabello negro y liso “direccionado hacia un lado de su cabeza”.
Le dijo que necesitaba unas carreras en Uber por unos tres a cuatro días a cambio de $150 mil: “Le dije que no tenía problemas en llevarlo donde quisiera, es por esto que quedamos en contacto, pero nunca me dio un número de celular y solamente quedé a la espera de que me llamara a través del citófono”.
En esa línea, dijo que ese mismo día lo volvieron a llamar, a eso de las 10.00. Era el mismo sujeto, pero ahora con otro hombre a quien describió de unos 47 años, elegante, pelo claro, tez clara, ojos claros, vestido de abrigo, sin barba. Más adelante, sin decir su nombre, dijo que este sujeto era “el abogado”, por lo que se presume que se trata de Fodich.
Pidieron que los llevaran hasta Unión Latinoamericana con Claudio Gay y luego volver al edificio de José Miguel Carrera.
“Es importante indicar que, mientras trasladé a los sujetos 1 y 2 a su destino y regreso, nunca mencionaron una palabra, siempre se mantuvieron silenciosos y, una vez que se bajaron de mi auto, comenzaban a hablar, situación que encontré extraña, pero no le di importancia”, dijo.
Ese primer día realizaron varios recorridos por esas calles, donde se fueron sumando otros sujetos que describió como sujeto 1, 2, 3 y 4. En una carrera de regreso, durante el 5 de agosto, Tovar pidió que le pagaran los $150 mil comprometidos. Lo hicieron en efectivo, con billetes de $10 y $20 mil.
El trabajo no quedó ahí. Tovar, quien continuó diciendo que no recordaba los días específicos, dijo que al día siguiente lo llamaron al citófono a las 9.00. Le volvieron a pedir ir a Unión Latinoamericana con Claudio Gay, ida y vuelta. Esa misma carrera la hicieron a las 11.00. Pero ese día ya el asunto cambió.
Al bajarse, le dijeron “espere aquí nomás”. Al volver lo hicieron con el ciudadano chino secuestrado. Allí fue cuando llevaron al chino al -1. “Durante el trayecto, estas personas siempre se mantuvieron callados y solamente recuerdo haberlos visto que usaban sus celulares y se exhibían sus pantallas, como mostrando lo que escribían”, agregó.
Ese día, el 6 de agosto, dijo que luego subió a su departamento. Pero en horas de la tarde bajó a comprar y al pasar por recepción vio a Fodich interactuando con una mujer de rasgos asiáticos.
Al regresar dijo que “por accidente” bajó al -1 en vez de subir al 7. Allí habría sido testigo del secuestro: “Al abrirse las puertas del -1, vi que estaban de pie, cerca de una planta ubicada en un rincón, el sujeto 2, con su teléfono en mano, más los ciudadanos orientales y el sujeto 1, momento en que alguien me gritó: ‘Oiga, suba nomás’. Ante eso me asusté y cerré las puertas del ascensor y me dirigí inmediatamente al piso 7″.
El próximo recorrido fue llevar a los chinos a calle Domeyco. Allí dijo que fueron a buscar algo a un furgón estacionado. No recuerda si era una bolsa o una caja.
Ya para el final del día, a eso de las 18.00, lo volvió a llamar el primer sujeto, quien le pidió las llaves de su auto. “No me negué y se las entregué”, dijo. Le devolvieron el auto a eso de las 23.00.
El imputado afirmó que de esa vez no volvió a ser contactado por los sujetos. “Tengo serias sospechas que mi vehículo nunca fue movido de su lugar ya que, al día siguiente, no noté nada extraño o cambio evidente al interior o exterior del auto”, afirmó.
En su relato dijo que su situación migratoria no se encuentra regularizada desde 2018. Ese primer día aseguró no conocer a ningún funcionario de la PDI y que en ningún momento se identificaron como tal.
Segunda declaración
El sujeto volvió a las oficinas de la PDI ubicadas en General Mackenna 1314. Lo hizo a las 2.00 de la madrugada. Ahí su testimonio fue confuso. Dijo que ese primer sujeto lo amenazó. “Respecto de los hechos que se investigan, quisiera señalar que los hechos que expuse en la declaración policial voluntaria en calidad de imputado, el 9 de septiembre (…) no son verídicos, por cuanto lo que les señalé a los detectives, lo hice bajo amenaza de un sujeto”.
Agregó que a ese sujeto le arrendó su auto en $150 mil. Ahora sí recordaba los días, diciendo que fue el 5 y 6 de agosto. Ese segundo día, se encontraba fumando un cigarro en el piso 1 y se asomó por una barandilla mirando al -1. Vio a ese hombre con otros seis más reunidos. El sujeto que supuestamente lo amenazó lo vio mirando y subió para encararlo.
“Muy ofuscado, moviendo las manos y chispeando los dedos, me acusó de estar sapeándolo amenazándome en ese instante, con matar a mis dos hijas y a mi polola actual, si hacia algún comentario de esa reunión a alguien o a la policía, diciéndome además que, ante cualquier circunstancia futura, yo iba a tener toda la responsabilidad por sapo al ser el dueño de auto. Incluso me preguntó si estaba grabando con mi celular, a lo que abrí mis brazos y le demostré que no”, aseguró.
En ese sentido, afirmó que antes de esa amenaza, vio su auto llegar con varios sujetos, entre ellos el chino secuestrado. “Instancia donde todos captaron que los vi y se sorprendieron, sin decirme nada, dirigiéndose todos a la oficina ubicada en el -1 del edificio”, se lee en su testimonio.
“Desde esa ocasión, no he denunciado las amenazas por miedo e incluso, actualmente temo por mi integridad, mi vida y la de mis hijas y mi polola, ya que considero a ese sujeto peligroso, sobre todo en la forma que me dijo las amenazas”, finalizó.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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