Por Pablo Retamal N.
Martín Kohan, autor argentino: “Lo que nos desespera es la pregunta de por qué alguien dejó de querernos”
El destacado autor trasandino publica La separación (Anagrama), una novela centrada en el desgaste paulatino del afecto. En conversación con Culto, analiza los enigmas del desamor, la observación minuciosa de lo cotidiano y cómo la incertidumbre personal termina por opacar la contingencia política.

Cualquier lugar puede ser bueno para que un escritor comience a idear una novela. En el caso del argentino Martín Kohan (59), algo tan común como ir a dejar a alguien a un terminal de buses le dio el pie para empezar a escribir La separación. “La empecé a pensar a partir de su escena inicial, la de la despedida en la terminal de micros, la de la ambigüedad de ese gesto de una mano que se levanta y que puede significar un deseo de que el otro se quede, pero también un deseo de que el otro se vaya de una vez. En esa intriga al principio tenue, en esa escrutación indecidible, creo que está en buena medida todo eso que se va desplegando después: cómo es que el desamor acontece”; comenta a Culto.
La separación (Anagrama), entonces, cuenta la historia de Fernando, quien pasa un momento de incertidumbre en su relación de pareja. Se despide de ella en el terminal de buses de Retiro, en Buenos Aires, desde donde emprende un viaje rumbo a La Paz, Córdoba. Ahí vive su hermano, a quien va a visitar puesto que ha vivido una dolorosa separación sentimental. Con un ojo en tratar de recomponer ese vínculo, pero sin descuidar el suyo, la novela sigue a Fernando en su viaje de ida, estadía en La Paz y regreso a la capital.
Kohan es uno de los escritores más notables de su generación. Premio Herralde de Novela 2007 por su aplaudida Ciencias Morales, es Licenciado y Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Además, fue nombrado “Personalidad Destacada” del ámbito de la cultura de la capital trasandina. “Probablemente uno de los dos o tres mejores escritores argentinos en activo, y una joya aún por descubrir para muchos lectores españoles”, dijo el escritor español Andrés Barba, haciendo una reseña del volumen en el señero periódico El País. Es que La separación ha tenido una buena acogida por la crítica.
“Esta novela es la contemplación pausada —a ritmo de viaje en autobús— de la angustia inmóvil de quien no sabe por qué ha sido abandonado y de la preocupación de quien no sabe si algún día llegará a serlo. Una contemplación de la que se sale reconfortado, no tanto porque acabe mejor o peor para los amantes, o porque la suerte nos haga sentir temporalmente a salvo de la desdicha, sino por la humanidad sin respuestas, sin buenos ni malos, sin likes, que ofrece siempre la gran literatura”, señaló Barba en El País.
“Obviamente —como en la vida—, en la novela de Kohan el desamor está contagiado del mismo misterio que su opuesto . Y no solo porque dejamos de amar por motivos tan indiscernibles como los que nos llevaron a hacerlo, sino porque Kohan plantea aquí con bastante audacia el desamor como una nueva fórmula del amor romántico, del amor rendido e imposible. ‘El verdadero amor imposible no es el que jamás podría ser en el futuro, sino el amor que ya fue y se agotó en el pasado. El amor imposible es el desamor’”, agrega el hispano.

“En su nueva novela, La separación, el autor de Ciencias morales sondea en el misterio inagotable del amor que un día se acaba”, indica La Nación, de Argentina. “Un viaje de ida, una semana en un pueblo, un viaje de vuelta. Entre conversaciones, silencios, esperas y pequeños incidentes, Kohan construye una novela sobre la incertidumbre, la intimidad y aquello que puede surgir entre dos personas cuando parece que no pasa nada”.
En la revista digital Letralia, se señaló: “La novela de Kohan es una mirada madura y lúcida sobre las distancias. Un texto que aborda, registra e indaga lo cercano y lo distante como vacilación pendular de la experiencia del vivir; designadas a veces con el nombre del amor o el desamor, esas distancias marcan a fuego las vivencias personales, pero también las formas de observar y entender el universo, donde nos traspasan, reconvirtiéndonos a cada paso, los movimientos del tiempo y el espacio”.
“La figura del personaje central, viajando hacia algún lugar, vuelve para perderse en la distancia, buscando nada en un pueblo que no conoce. Después del viaje, la estancia y la vuelta, el relato se detiene en la incertidumbre. La escritura, después de viajar también por zonas descriptivas, casi objetivistas, ingresa en territorios más propiamente narrativos, para volver a ser explicativa, hasta, en su final, poética; avanza en la extensión ensayística del texto para terminar en un capítulo de frases breves, deshaciéndose. Como quien se desangra”.
Pero ahora escuchemos al mismo autor.
En la novela hay muy pocos acontecimientos “grandes”. ¿Por qué le interesó trabajar con una materia tan mínima: un viaje de ida, una semana en un pueblo yun viaje de vuelta?
Porque ese acontecimiento grande, lacerante, abrumador, que es que nos dejen de querer y nos abandonen, ocurre a menudo en esa escala: la de las materias mínimas. Sobre todo cuando, como ocurre en La separación, no hay un acontecimiento “mayor” (una traición, un engaño, un abuso) que acabe con el amor que existía, sino que es el mismo amor el que se va disgregando y deshaciendo.
La novela está dividida en tres partes con cambios de persona narrativa (primera, segunda y tercera). ¿Cómo surgió esa estructura? ¿Fue una decisión previa o se impuso durante la escritura?
Fue una decisión previa, la de cambiar las personas y aun los tiempos narrativos; entiendo que la novela gira en torno de una inquietud agobiante, que no se puede resolver pero tampoco se puede dejar de interrogar. Y me propuse entonces una narración que rodeara el asunto desde todos los tiempos y desde todos los puntos de vista, como quien le “da vueltas” a algo.
En la novela está presente esta idea: quien fue dejado no puede dejar de preguntarse qué pasó. ¿Cree que el desamor genera un relato más fuerte que el amor mismo?
Creo que genera una narración más acuciante o más acuciada. Porque podemos preguntarnos, y de hecho nos preguntamos, y hasta le preguntamos al otro, cómo fue, por qué fue que alguien que nos quiere empezó a querernos. Lo que nos desespera es la pregunta por cómo fue, por qué fue que dejó de querernos. Sobre todo cuando eso no responde a un hecho puntual, que pueda responder al “¿qué pasó?”. Sobre todo cuando se aloja en un insoportable “no pasó nada”.

¿Qué le interesa del momento en que una persona deja de amar a otra?
Que, cuando ocurre, pueda llegar a ser un enigma más absoluto que ningún otro, más irrenunciable que ningún otro. Porque el de la muerte y el después de la muerte, que sería el enigma mayor, podemos dejarlo de lado por bastante tiempo, podemos dejarlo para después. El dejado, en cambio, mientras habita su existencia de dejado, no puede dejar de preguntarse qué pasó y por qué pasó, no puede casi hablar de otra cosa que de eso.
¿Es posible entender realmente por qué alguien dejó de amarnos?
Bajo la premisa de que lo más frecuente es que no, es que escribí La separación. Si se pudiese entender, habría escrito una explicación (o directamente nada). Ahí donde no puede entenderse realmente, se ubica esta novela. A darle vueltas al asunto.
Narra el viaje en bus con mucho puntillismo y detalle, un poco como en el estilo de Knausgård, ¿qué le interesa de ese ejercicio narrativo?
Que lo narrado traspase a la experiencia de lectura justamente así, como experiencia, y no como cosa externa, referida. Que la duración, la espera, el tiempo suspendido, el juego singular del pasar algo en el no pasar nada, ocurran como experiencia en la lectura misma, y no como algo de lo que el lector se entera porque le pasa al personaje.

¿Cómo trabaja esa precisión? ¿Es un método de observación o algo que surge en la reescritura?
Es un método de observación, pero sobre todo de observación de lectura: de fijarme en cómo lo hacen los escritores que lo hacen.
La novela transcurre durante un fin de semana de elecciones, pero la política prácticamente desaparece de la conciencia de los personajes.
Desaparece, en efecto, pero esa anulación es parte de lo que la novela narra. Porque entiendo que hay algo en las pasiones que tiende a producir un efecto de absoluto, de que nada más existe; sobre todo el padecimiento a carne viva del desamor, mientras ocurre. Al personaje sí le interesa la política. Pero el desamor que sufre no lo deja pensar en otra cosa.

La novela parece partir de una experiencia universal —el miedo a que alguien deje de amarnos—, pero evita las grandes declaraciones sobre el amor. ¿Qué le interesa más: explicar el amor o bien observar cómo las personas intentan explicárselo?
Al pensar en el desamor no como aquello que sobreviene una vez que el amor se termina, sino como aquello que forma parte del amor y lo va deshaciendo, menos como un corte que como un desgarramiento, creo que se abre una veta distinta dentro del repertorio discursivo de la pasión amorosa. Está más cerca del gemido que de las grandes declaraciones.
¿Cómo ve actualmente a la literatura latinoamericana?
Enriquecida por la diversidad, ahí donde no se imponen estéticas dominantes, líneas a seguir.
En otro plano, ¿cómo ve a la Argentina hoy con el gobierno de Milei?
Un país hoy tomado, desde el propio poder estatal, por el embrutecimiento, el hábito de la degradación, la violencia estéril, las mentiras, las simplificaciones más aplastantes. Confío (o intento confiar) en que nuestras buenas tradiciones ligadas a la discusión pública, la solidaridad social o la formación educativa irán recuperando terreno y nos ayudarán a salir de esta etapa tan penosa a la que vinimos a parar un poco por desconcierto, otro poco por desesperación, otro poco por vileza.

COMENTARIOS
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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